Última Actualización: Enero de 2008

Testimonios

El verdadero reposo
se encuentra en Cristo

SEUNG RYONG CHOI
PRIMERA IGLESIA BAUTISTA DE CHEONAN


Han pasado quince años desde que me inicié en la artes marciales con el fin de convertirme en uno poderoso. Con gran determinación e interés en las artes marciales, puse de todo mi esfuerzo en aprender las técnicas y destrezas a pesar de los obstáculos y las dificultades que estaban delante de mí, y en 1986 abrí una academia de artes marciales 'Hapkido' para entrenar a jóvenes. Me había dedicado a aprender las artes marciales descuidando de mis deberes como hijo mayor de familia y cabeza de mi propio hogar, esposa e hija.

Luego, desafortunadamente, tuve un accidente automovilístico mientras se hacían los últimos preparativos para celebrar mi boda tardía y yo me encontraba en proceso de mudar la ubicación de la academia. El accidente me dejó una fractura en el cráneo, una fractura en el hueso nasal, y otra en el cartílago de la rodilla. Como resultado tuve que recibir dos operaciones quirúrgicas y fui hospitalizado por 7 meses. "Arritmia Cardiaca", un efecto secundario producto de la operación era para mí un golpe letal ya que mi cuerpo era la vida para mí en ese entonces.

Por eso, ello me puso en un gran sufrimiento.

Después del accidente vencí mi triste condición física con una mentalidad decidida y volví a abrir el Centro de Hapkido en junio de 1991. Por cierto período de tiempo me sentí muy bien ya que estaba lleno de ánimo, mucha motivación por el éxito, y teniendo en mente mi desestrezado talento en las artes marciales y habilidad, sentía mucha confianza y orgullo de mí mismo. Sin embargo, pronto empecé perecerá y me sentía ya físicamente incapaz de actuar libremente como lo hace una persona saludable por consecuencias del accidente automovilístico. Esto me hizo perder mi confianza en todo aquello en que yo me había esforzado por hacer, y esto me hacía tropezar.

Yo enseñaba diciendo, "Una persona espiritual ha de ser libre respecto al egoísmo por el dinero y estar sujeto a la forma física." Pero en la realidad yo perseguía tras las cosas materiales. Conforme uno logra entendimiento espiritual, las palabras y los hechos no se deben desviar de la verdad, pero yo mismo seguía persiguiendo el dinero, y cada vez me sentía más atado por las cosas materiales conforme más caía en los hábitos.

Además de esto, yo me condenaba a mí mismo por no ser justo a pesar que estaba impartiendo clases de 'justicia' y de una conducta de amabilidad. A la vez yo sufría porque todavía quedaba un deseo en mí por vivir a pesar que yo siempre había creído ser libre respecto a la idea de la vida y la muerte. El camino de la 'verdad' estaba muy lejos de mí, por eso odiaba este mundo de corrupción.

Sin conocer la Biblia ni a Dios, al principio creí en el Budismo y vivía una vida de desesperación y agonía continua. Entretanto, gradualmente me fui interesando en Dios.

Pero no podía decidir cuál debería asistir ya que había visto mucha impureza y aspectos negativos de las iglesias y sus feligreses, así que busqué el consejo de mi esposa. Ella había sido una fiel miembro de varias iglesias. Me aconsejó que era inútil ir a iglesias no sinceras y me aconsejó ir a la iglesia de sobrina, la hermana In Ja Yang, asistía y era una miembro muy dedicada.

Mi esposa decía que su sobrina parecía haber encontraba la verdad, y recibido la salvación de Dios, y había oído decir que había una iglesia de las de ella en la ciudad de Cheonam.

Posteriormente contacté a la sobrina de mi esposa, Yang, y ella visitó mi hogar. Después de hablar de varios temas, ella me presentó el libro, "El Secreto del perdón de pecado y Cómo Nacer de Nuevo." Mientras leía el libro me di cuenta de que Dios me juzgaría a mí y que todos los pecadores jamás escaparían del infierno, el lago de fuego y azufre. En ese momento me acordé del baño público donde apenas lograba soportar el agua caliente.

Así es que si el infierno es un lago de fuego, consideré que ese era un lugar donde yo jamás debía ir. Como resultado, visité la Primera Iglesia Bautista de Cheonam junto con mi esposa buscando una manera de poder entrar al reino celestial. Una vez que llegué a la iglesia, tuve consulta personal con un estudiante de la Escuela Misionera de nombre Im Kon Kim.

Dejando atrás mi propio pensamiento, quedé absorto por la palabra de Dios. Entre lo que vimos, vimos Eclesiastés 1:2-9. Dice,

Mientras escuchaba estas palabras, mi expectativa por poder morir en paz luego de lograr el grado de "experto" en las artes marciales se derrumbó, y me di cuenta de que todo por lo que yo, con mucha confianza, me había esforzado hasta ese momento había sido un gran desperdicio y sin valor alguno.

Al día siguiente oí con el hno. Kim que el pecado más perverso era no creer en el evangelio mientras que cosas tales como odiar, codiciar y demás maldades que surgían de mi corazón también eran pecado. Así es que yo merecía morir mil veces por mis pecados. Yo estaba molesto conmigo mismo ya que yo, siendo instructor de artes marciales, no podía cumplir con mis enseñanzas de alta moralidad y buenas obras. Ese mismo día oí la Palabra en Romanos 4:5 donde dice, "Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia."

Llegué al entendimiento de la gracia de Dios. Fui perdonado de todos mis pecados por la gracia de Dios y recibí la santificación. Descubrí que la verdad que yo tanto ansiaba hallar se encontraba en la Biblia. Mi esposa también recibió la salvación al día siguiente. Estoy muy contento y agradecido por la gracia de Dios.

Haber terminado con mi amarga existencia, el ahora poder compartir de la comunión con los hermanos y hermanas de la iglesia es mi gozo y placer. Vivo en paz con la gracia de Dios.

Además, Dios sanó mi dolor de cabeza, que me impedía leer, y la condición cardiaca que se cuestionaba se pudiera recuperar también se me alivió de manera que ahora puedo leer la Biblia todo el día. Las palabras de Mateo 11:28, "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." Se convirtieron en mi testimonio.

Le doy gracias a Dios por salvarme a mí que iba rumbo a la muerte eterna por el pecado. Por medio de la sangre de Jesucristo ya salvo soy.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park