Última Actualización: Enero de 2008

Testimonios

Cristo me ha transformado


RICARDO AYMERICH MATUTE

A ntes de empezar a escribir, he estado orando para que Dios dirija las palabras que voy a escribir y he de contarles; hechos que son mi testimonio; de cómo Dios, me ha cambiado; durante un año y medio; después de haber nacido de nuevo.

Deseo expresar mi corazón; con claridad y sencillez y de esta manera glorificar el nombre del Señor y la obra que él ha hecho en mí.

Me llamo Ricardo Aymerich Matute, nací en el año 1967, tengo 32 años y soy de origen costarricense. Soy técnico en mecánica automotriz por profesión.

Empezaré contándoles de mi vida antes de nacer de nuevo. Solo una pequeña parte; porque no terminaría de escribir toda mi vida, lo sorprendente que fue. Ahora me siento a escribir mi testimonio; a recordar el pasado, o mi origen. Nunca pensé que nada de lo que me iba a pasar, me podría suceder a mí. Todavía me admiro de lo que me sucede. Recuerdo las palabras del Señor en Isaías 55:8,9.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”

Cuando tuve conciencia de mí mismo, solo deseaba disfrutar, divertirme sin límites, disfrutar de la vida totalmente. Porque era normal escuchar decir, “Disfruten de la vida ahora que se puede, y que tenemos vida, porque es corta; y al morir se acaba todo.” Y yo lo tomé muy en serio; empezaré a disfrutarla. Pero, ¿cómo hacerlo? Tenía que primero aprender; cómo disfrutarla y desperdiciarla.

¿Qué necesito? Modelos, instructores, guías, para aprender a disfrutar, a desperdiciar la vida. Esos sobraban. Los había a montones. ¿En dónde? En la calle, bares, cantinas, salones de baile, y hasta en mi propio hogar; mi padre; (que gracias a Dios no toma ahora) pero recuerdo que él tomaba todas las semanas; acompañado por tíos y amigos.

Viendo esta forma de vida; empezaría a aprender muy bien.

Todo tiene un costo; y para disfrutar como lo quería hacer necesitaba dinero, para bailar; para ir al bar con mis amigos. Aunque era muy joven para mí no era obstáculo, yo sólo quería hacer lo que yo quería, y para realizarlo dependía de mi inteligencia; de mi astucia. Hay un dicho en Costa Rica que dice así, “a los tontos ni Dios los quiere”, y yo no quería ser tonto, yo quería ser muy astuto.

Ahora pienso: Si algún momento de mi vida, me hubiera detenido en verdad a pensar en Dios, seriamente; no hubiera pasado tantas cosas; y no hubiera desperdiciado años en vano.

Perdí el tiempo; en disfrutar la vida; con grandes grupos de amigos; que al fin de todo; tampoco significaron nada para mí; ni me llenaron; ellos eran otra forma de perder el tiempo en algo.

También dediqué parte de mi vida a estudiar; no era tan mal estudiante; solamente que me gustaba sobre salir más de lo debido; y ni que decir de conducta, y así fui expulsado y rechazado de muchos colegios. ¿Y cuál era el fin de todo?- salir a vacilar.

Mis padres, al ver que no quería nada; ellos me inscribieron en el INA; este es un instituto de aprendizaje. Ahí estudié todo lo que sé de mecánica. Pasé mucho, tiempo estudiando; como mis hermanos; ellos estudian mucho. Y yo veía sus vidas, qué aburrido. Yo solamente pensaba en divertirme.

Solo libros, solo estudiar; ¿cuando se divertirían?

Ahora agradezco a mis padres; aunque era un muchacho bastante problemático; yo estudié y saqué mi profesión de mecánico y ahora yo vivo de esa profesión.

Vivir en un país latino, con grandes cantidades de bares y cantinas alrededor de nosotros; es terrible. Lo poco que me han contado, solo el país de España nos ganaría en esta situación, si esto fuera un concurso. Entonces, como querer no tomar licor; si lo vemos en cada esquina de un barrio, una cantina o bar. Para realizar el deseo de disfrutar mi vida; tomando y vacilando; debía trabajar; aunque no me gustaba, lo que me gustaba de trabajar, era recibir mi salario, y seguir la parranda, el vacilón, la fiesta.

En mi mundo; no tenía tiempo de escuchar a alguien que me hablara de Dios; Dios no existía para mí. Dios era para mí un cuento de la mitología griega; o el actor de las películas de semana santa; películas que yo veía cada año en la televisión, acompañado de un grupo de amigos. Y no las veíamos para reflexionar; ni para reconocer quien era Jesucristo; y su sacrificio. Nosotros las veíamos para ser un fuerte crítico de farándula; además acompañados por grandes cantidades de guaro (licor), cerveza y hasta marihuana.

El tiempo pasó y todo era igual, se había convertido en rutina y era muy aburrido y cansado. En el fondo de mi vida; yo también anhelaba un cambio que ni yo mismo sabía lo que era.

Lo único que podía reconocer, era que tenía más de doce años de lo mismo; tomar, bailar, vacilar, conocí el mundo de las drogas.

Conocí cualquier cantidad de personas, que a la fecha de hoy; no puedo recordarlas a todas, la décima parte de esta me saluda en el centro de San José; y no las recuerdo ni por su nombre; si es que tenían.

En el autobús que tomaba para ir rumbo a mi trabajo; conocí a una mujer; nos conocimos, nos hicimos amigos; ella es ahora mi esposa; y uno de los instrumentos que Dios usaría después, para que yo lo conociera. Sé que ni siquiera ella sabía lo que iba a ocurrir en nuestras vidas. Solamente Dios lo sabía.

Humanamente, nuestra relación era imposible; como pareja, pero se dio, no teníamos mucho de conocernos, y nos unimos en unión libre; estuvimos juntos un año; luego nos separamos. (Esto es una larga historia.) (Ése tiempo fue el más difícil de mi vida, y donde las tinieblas me rodearon más que antes. Supe del mundo de las drogas.) Pasó ese año; y luego nos volvimos a juntar; y estamos juntos hasta ahora. El amor no solamente nos unía a ella y a mí; sé que los pensamientos nos unían mucho a los dos. Sabíamos adentro de nosotros mismos que éramos iguales; si en cierta manera; ella no tomaba, ni usó drogas; era la forma de pensar en que nos parecíamos pero peleamos mucho.

El tiempo pasó; algo que nunca pensé en mi vida, pudiera suceder; era que iba ser padre. Nació mi hijo Joel, al verme en esta situación; al intentar cambiar por mí mismo la vida que llevaba; para tomar el papel de padre; era para mí difícil, cambiar tantos años de desorden y mientras yo peleaba y luchaba consigo mismo, para cambiar.

Mi esposa; que ya había nacido de nuevo; me rogaba constantemente que la acompañara a la iglesia; que fuera a escuchar un Coreano que predicaba muy bien la Palabra de Dios. El coreano es ahora mi pastor.

Adentro de mí, yo no quería oír a ese coreano; no me interesaba nada; pero para no pelear tanto con mi esposa yo aceptaba ir de vez en cuando; y eso sólo para complacerla.

Sin embargo, las palabras del pastor, las explicaciones que podía escuchar en ese momento; esas palabras se clavaban cada vez más, y fueron increíbles, de gran impacto para mí; claro debía escuchar más, y más, hasta el punto que en una campaña con el pastor Sun Kyun Oh yo nací de nuevo. Fue el martes 7 de octubre, 1997.

Las palabras que he escuchado, han ido cambiando mi vida, en cada momento. Cambios que nunca yo he podido esperar en mi mismo. No terminaría de contarles tantos cambios, que el Señor ha hecho en mí.

Los acontecimientos de mi vida, buenos y terribles, no son importantes; pues sin relación con Dios nada de todo eso, es importante pues nada sirve.

Pero sé que ahora sirve; después de conocer la voluntad de Dios sirve. Después de haber nacido de nuevo sirve, para luego empezar una nueva vida. Para mí, esta nueva vida; aunque con tropiezos, de mis debilidades y defectos. Dios con su gran amor y fidelidad me levanta, me sostiene; sé que él no me soltará; Él me ayudará de muchas formas increíbles, que yo no puedo imaginarlo.

En año y medio de mi nueva vida en Cristo Jesús, él me ha cambiado y quitado muchas cosas que eran para mí imposible. Su intervención en mi vida; es presente en mí; en momentos difíciles y de debilidad y flaqueza.

Pero ahora sé que tengo un jefe celestial; más que jefe un Padre; el cual yo puedo ir delante para pedirle que me apoye, me dirija, cuando me equivoco; pedir fuerzas para seguir adelante; cuando me siento débil.

Sé que Cristo es mi boleto; para ir al cielo, es mi vida eterna. Que ahora puedo apreciar la vida por medio de Él; y recordar con libertad mi vida pasada. Viví muchos años de locura sin límites, de fiestas sin fin; en bares; cantinas; salones; en la calle; viví tantas cosas, al recordarlas con Cristo ahora puedo apreciar el valor de la vida nueva que tengo. Saber que todo empezó; con un simple y sencillo regalo, de varias naranjas. Así conocimos la familia Castillo, nuestros hermanos en Cristo ahora. Mi esposa empezó a ir donde ellos, tenían estudios bíblicos, luego llevaba a mi hijo y luego me llevó a mí.

Yo admiro el corazón de mi hijo, aunque él es pequeño, tiene 3 años y medio, a él le gusta ir a la iglesia. ¡Qué extraño trabaja el Señor; pero perfecto!

Aunque no puedo escribir todas las cosas que quisiera, solamente puedo decir que Cristo me ha transformado mi vida en una forma increíble.

Dentro de dos días tengo que dar un estudio bíblico ante los miembros de la iglesia. Solo Dios en ese momento me usará.

¿Cómo a una persona como yo para un trabajo tan importante? ¿Cómo compartir yo Su Palabra? Nunca jamás me imaginaba yo tal cosa en mi vida.

Me despido con la confianza en Dios de que este testimonio sea de bendición para otros, y de gran ayuda en la obra del Señor.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park