Última Actualización: Enero de 2008

Testimonios

Consolación en Cristo


HERMANA YOUNG SUN IM | IGLESIA DE KANGNAM

Asistí a la iglesia durante los últimos 15 años, pero hace solo dos meses recibí a Cristo en mi corazón. Recordando los días de mi infancia, recuerdo que Dios había hecho una impresión muy favorable en mi mente; yo recitaba versículos bíblicos, cantaba himnos, y el hacer mímicas en la escuela dominical me era muy agradable también. Pero el Dios del que se me enseñó en mis años escolares era uno feroz y horrible.

Aunque yo confesaba mis pecados cada domingo, yo me condenaba a mí misma continuamente por las cosas más pequeñas. Por causa de mi temor a Dios, siempre me he cuidado de mi comportamiento.

Sin embargo, después de mi graduación de colegio fracasé en mi intento por entrar en la universidad, lo cual me aisló de los demás. Además, como la iglesia estaba expandiéndose, frecuentemente debíamos dar ofrendas. Bajo esas circunstancias, gradualmente me alejé de la iglesia. Yo admitía que yo no tenía capacidad de cargar con responsabilidades.

Pero aunque quería dejar de ir a la iglesia, seguía asistiendo con la fe de que yo creía en Dios. Francamente, yo solo temía del castigo de Dios si yo dejaba la iglesia. Por eso, sin escape, mantenía mi vida cual feligrés.

Pero era reconocido por los demás como un fiel creyente porque me esforzaba por no faltar a un culto dominical, ofrendar y confesar mis pecados.

Al casarme, dejé de ir a la iglesia tan frecuentemente como lo hacía, y más aún cuando obtuve un empleo. Después de casarme, me sentía tan feliz mental y físicamente como cualquiera se pudiera sentir, así que no quedaba más que anhelar. Era muy amada por mi esposo y él cuidaba mucho de mí. Luego, de repente me empecé a sentir incómoda respecto a mi vida feliz. Mi esposo y yo confrontamos algunas dificultades poco tiempo después de nuestro matrimonio, pero entonces mi esposo y yo abrimos una pequeña tienda con un préstamo que obtuvimos. Dichosamente pudimos cancelar todas nuestras deudas gracias al buen estado del negocio. Y el amor de mi esposo hacia mí se hacía más y más profundo. Eventualmente mi corazón se alejó de Dios.

Algún tiempo después empecé a asistir a la iglesia por temor que Dios me quitara la felicidad. En ese tiempo yo estaba embarazada. Leía la Biblia solamente para el cuidado prenatal. Pero siempre me sentía mal los domingos por las mañanas cuando no podía decidir si ir o no a la iglesia. Prefería quedarme en casa para poder pasar más tiempo con mi marido. Conforme el tiempo pasó, me alejé más y más de los cultos dominicales, y cuidaba de mi bebé. Mi mente estaba enteramente satisfecha con mi esposo y precioso bebé.

Antes, tuve la amarga experiencia de un aborto natural con mi primer bebé.

La segunda vez, al llevar seis meses de embarazo, una mujer vino y me dijo, "Yo dejé mi religión por relaciones interpersonales. Parece que usted también debe cambiar la suya. Sería mejor que dejes tu religión pues si no lo haces algo malo te sucederá a ti o a tu criatura." Aunque su advertencia me era muy desagradable, la ignoré pensando, "Tú tuviste mala suerte, pero yo tengo suerte." Y seguí feliz.

Luego mi bebé murió sin padecer de ninguna enfermedad, sin motivo alguno. Sucedió cuatro meses después de nacido. Al confrontar esta miserable situación, me acordé de lo que aquella mujer me había dicho. Casi perdía la mente al regresar a casa luego del culto fúnebre. Cubriéndome la cara, le oraba a Dios para agradecerle a pesar de mi quebrantado corazón. Pero estaba resentida profundamente contra Dios.

El sincero amor y cariño de mi esposo me aliviaba de la gran desdicha de la muerte de mi bebé. La gente me animaba diciéndome que Dios me daría otro mejor. Por medio del cuidado de mi esposo y volver a una vida normal.

Un día, cuando leía un libro de filosofía, una amistad conocida me vino a visitar y me obsequió el libro, "El Secreto del perdón del pecado y Cómo Nacer de nuevo." Y me habló de la Palabra de Dios por unos minutos. Leí el libro en perdió de 20 días. No llevaba ni tres días de estarlo leyendo cuando mi esposo se vio involucrado en un accidente automovilístico.

Cada oportunidad que tenía le clamaba y rogaba a Dios que salvara la vida de mi esposo. Confesaba mis pecados y hasta prometí servirle a Dios si Él me lo salvara.

Pero conforme el tiempo pasó, el pulso de mi esposo se hacía más irregular y su hora final se le aproximaba. Sabía bien que estaba muriéndose, pero rehusaba aceptarlo. Desesperadamente me aferraba a la fe creyendo que sobreviviría, pero al fin murió, dejándome atrás. Decidí jamás volver a creer en Dios. Recordaba la advertencia de la mujer que me decía que algo malo me sucedería y se había hecho realidad al morir mi esposo.

No confiando en Dios, tuve que solucionar el problema del accidente por mí misma, y a mí se me responsabilizó de todo lo relacionado con la muerte de mi esposo. Hasta entonces yo no sabía por qué la gente se odiaba el uno al otro y mataba. Entretanto todo esto ocurría, me encontré con la hermana de apellido Moon de la Iglesia de ciudad de Kangnam. Ella era la hermana que me había dado el libro del "Secreto del perdón de pecado y Cómo Nacer de Nuevo." Ella me dijo que Dios es tan Santo que no escucha la oración de los pecadores, y que mis iniquidades me había separado de Dios. La realidad de que Dios no me escuchaba me era un 'shock'. Me preguntaba si quizás Dios hubiera escuchado mi oración si yo hubiera sido salva.

Seguí a la hermana Moon a la iglesia y allí recibí consulta personal con el evangelista de la iglesia en Kangnam. Al principio no le prestaba mucha atención, tomando sus palabras como si ya las conociera. Pero mientras escuchaba sus palabras descubrí que había algo mal dentro de mí y sentí que el Señor se acercaba a mi vida.

Luego de salir de estar hospitalizada, miré un video de nombre, "Eterna redención" el cual me fue enviado por la iglesia. Al mirarlo, comprendí que mis pecados habían sido traspasados sobre Jesús. La salvación de Dios era tan fácil que dudé de ella por un poco. Comprendí que mis pecados habían sido cancelados en la cruz, y fui librada de las preocupaciones.

Dios me permitió vivir según mi manera hasta que ya estuviera rotundamente desgastada para que yo pudiera regresar a Él. Él conoce todas mis sendas y me ha guiado según Su camino.

Dios me bendijo por medio de las predicaciones y la comunión con los hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Por primera vez en mi vida pude experimentar verdadera felicidad. Ahora puedo entender las palabras de la Biblia, una vez me resultaban tan difícil de entender, más que un libro universitario.

Ahora conozco el significado de la expresión, "Jesús es Amor" que tantas veces la había escuchado antes. Jesús vino a este mundo para salvar a personas tales como al hombre paralítico enfermo por 38 años, a los ciegos y leprosos que no tenían esperanzas sin la ayuda de Jesús. Jesús no vino por los orgullosos y ricos.

Llegué a conocer la verdad de que creer en la Palabra de Dios es creer en Dios. ya que "y el Verbo era Dios" (San Juan 1:1). Yo era igual al hombre enfermo por 38 años que llevaba una vida sin esperanzas lejos de Jesús.

¡Yo tengo 25 años ahora! La gente siente lástima por mí, pero su consolación ya no me es aceptable. Puedo reír felizmente en las circunstancias miserables por medio de la gracia de Jesucristo porque Él ha perdonado todos mis pecados.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park