Última Actualización: Enero de 2008

Sermones del Pastor Ock Soo Park

Una mujer que preparó
la sepultura para Jesús


Cuando la mujer escuchó que Jesucristo iba a ser crucificado en la cruz, ella lo captó una manera diferente que los discípulos. Ella lo recibió por fe. Ella recibió la palabra de Dios como algo real. La muerte de Jesús, realmente caló en su corazón. Por esa razón ella quería ofrecerle algo a Jesús antes de su muerte. Ella pensó que derramarle el perfume en vida era lo mejor que podía hacer por Él. El perfume era valiosísimo y muy difícil de conseguir, sin embargo ella se preocupó por adquirirlo y luego lo derramó con todo su corazón sin importarle el valor material.

PARA MEMORIA DE ELLA

En San Mateo 26, cuando Jesús estaba en la casa de Simón el leproso, una mujer trajo un vaso de alabastro de perfume y lo derramó sobre la cabeza de nuestro Señor Jesucristo.

Mucha gente murmuró y los discípulos se enojaron con ella por lo que había hecho, pero Jesús la exaltó diciendo: “porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que donde quiera que se predique este evangelio en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para meria de ella.” (San Mateo 26: 12,13)

¡Qué bendición tan grande recibió ella por medio de esa acción! Gracias a que ella tenía un corazón dispuesto, a diferencia de las otras personas que la rodeaban. Cuando Jesucristo vivía en este mundo, frecuentemente les decía a sus discípulos que iba a ser crucificado y que resucitaría al tercer día.

Aunque ellos lo escuchaban no lo aceptaban. De ninguna manera les gustaba escuchar que Él iba a morir. Para ellos era una gran frustración aceptar su muerte y por eso ni siquiera podían oírlo mencionar. Entonces Jesús les profetizaba que iba a resucitar al tercer día, para ellos era aún más difícil entender eso, ya que ni siquiera habían aceptado su muerte.

Hoy en día mucha gente lee la Biblia, escucha y comprende la palabra de Dios pero muchas veces no llega realmente al corazón. Cuando yo estaba en Abkog Dong (un pueblo de una ciudad de Corea) oía mucho la palabra de Dios. Al principio no sentía nada, pero conforme leía más y más, me di cuenta que mi corazón estaba en la palabra de Dios.

Cuando yo leí el milagro de los cinco panes de cebaa, no lo leí como un simple cuento, sino que me veía sentado entre la multitud mientras Jesús, Pedro y Andrés repartían los panes. Me visualizaba sentado en la hierba comiendo pan.

Mientras leía ese pasaje me di cuenta que yo no estaba simplemente leyendo sino que estaba dentro de la Biblia.

Cuando Pedro echó la red yo sentía que iba en el mismo barco que estaba lleno de peces. De igual manera cuando Jesús predicaba en la montaña yo también estaba allí, escuchando la palabra de Dios. Sin embargo no siempre experimentaba esa emoción, algunas veces no podía captar la corriente de la Biblia. Yo leía por el intelecto pero mi corazón andaba por otro lado.

Aunque leamos y escuchemos la Palabra de Dios frecuentemente, no siempre llega claramente a nuestro corazón, de igual manera si no llegamos a la muerte del Señor, ¿cómo podemos llegar a la resurrección?. Es por eso que la gente es arrastrada por los deseos de la carne y por su propia voluntad.

Un día el Señor Jesús llevó a Jacobo y Pedro a un monte, y el resto de los discípulos se quedaron al pie de la montaña. Luego hubo una gran diferencia entre los discípulos que estaban junto a Jesús en la montaña y los que se habían quedado abajo:

“Entonces Pedro le dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.” (San Mateo 17: 4) En aquel momento los discípulos que se habían quedado abajo estaban luchando con un muchacho endemoniado que les habían traído para que le sacaran un demonio, pero ellos no habían podido hacerlo. Todos eran discípulos, pero había una gran diferencia entre los que estaban con Jesús y los que estaban separados de Él.

Los discípulos que estaban en la montaña con el Señor Jesús experimentaron la gloria del cielo, pero los discípulos que estaban al pie de la montaña estaban en dificultades. Así es nuestro corazón. Si una persona está acompañada por Cristo, aún viviendo en este mundo convulso, podría vivir lleno de la gloria de Dios en su vida.

Por el contrario si una persona estuviera separada de Cristo siempre va a estar inmersa en conflictos y tribulaciones.

Hay un ejemplo muy bueno en la Biblia y es cuando el apóstol Pablo estaba encarcelado. Humanamente la situación que lo rodeaba era desesperante. Pablo físicamente estaba en la cárcel, mas no su corazón.

Esa situación era para que Pablo estuviera muy triste, sin embargo todo el lugar estaba lleno de la gloria de Dios y por eso él podía alabar y agradecerle al Señor. En aquel momento el Señor empezó a trabajar y abrió la puerta de la cárcel y de esa manera también abrió la puerta para evangelizar.

La gente tiene los ojos muy abiertos para ver las cosas terrenales, pero tiene los ojos muy nublados para ver las cosas espirituales.

Hay un dicho en Corea que dice: “todo lo que una persona ve con sus ojos, quiere obtenerlo con el corazón”. El hombre tiene ojos sólo para ver las cosas terrenales y eso es muy triste. Si el hombre pudiera ver el mundo maravilloso el Señor, aunque cayera en una situación difícil su corazón no se derrumbaría.


SABER Y CREER

Aquella mujer que derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús fue porque su corazón era diferente al del corazón de los discípulos. Los discípulos ni siquiera podían escuchar que Jesús iba a morir en la cruz, menos iban a entender que al tercer día resucitaría.

Para ellos era muy fácil recibir la gloria de Dios y cualquier situación agradable, pero cuando escucharon la palabra muerte, ellos la rechazaron. Por tanto, si no habían asimilado la inminente muerte de Jesucristo, ¿cómo podía llegar su corazón hasta la resurrección? Por eso ellos no pudieron preparar nada con respeto a la muerte del Señor.

En cambio cuando ella escuchó que Jesús iba a ser crucificado en la cruz, ella lo recibió de una manera diferente que los discípulos. Ella lo recibió por la fe. Por medio de este hecho ella le dio la gloria al Señor y por eso su acto fue reconocido por Jesús. Ella sí había asimilado la idea de la muerte de su Señor. Si una persona no pudiera entrar en el mundo maravilloso de la fe no podría comprenderlo tampoco.

Los discípulos no tenían la fe, por eso de acuerdo a su sentido común, censuraron lo que esta mujer hizo. Ellos la vieron a través de sus prejuicios y lo único que pudieron ver era que había sido un gran desperdicio y que si lo hubiese vendido hubiera podido ayudar a los pobres. Los discípulos murmuraron y la criticaron duramente.

Ellos se preguntaban: “¿esa mujer es normal? o se volvió loca. ¿cómo es posible derramar ese perfume tan valioso? ¿por qué tanto desperdicio?”. Esa mujer ya sabía lo que iba a pasar con su Señor de acuerdo al plan divino, por eso ella preparaba a Jesús para la sepultura.

Yo no entendía el corazón de esa mujer por eso yo pensaba sólo en el dinero, sin embargo Jesús si reconoció su acción.

Alguna gente se arrepiente de lo que ha hecho, otras personas tienen esa carga sin llegar al corazón del Señor. Este tipo de personas vive de acuerdo a sus prejuicios.

Cuando esa mujer quebró ese vaso de perfume de alabastro era con el fin de preparar a Jesús para su sepultura, pero los discípulos lo vieron desde otro punto de vista. Para ellos era un desperdicio. Por eso la criticaron fuertemente. La razón por la que apreciamos la Palabra de Dios es porque si alguien la recibiera en su corazón, sus ojos se abrirían para ver el mundo de Dios.

Si tuviéramos los ojos bien abiertos para ver el mundo de Dios, nuestro corazón sería cada vez más como el corazón, de Dios. A partir de ese momento podemos comprender más claramente la forma en que vivió Jesús en esta tierra y nosotros podríamos imitarlo. Mucha gente escucha la Palabra de Dios, pero el corazón no está dispuesto a recibirla. Cuando Jesucristo fue crucificado yo también fui crucificado juntamente con Él.

En Gálatas 2:20 esta escrito: “Con Cristo estoy juntamente crucificado...”

Nosotros conocemos muy bien el testimonio del apóstol Pablo. Al apóstol Pablo le fue revelado claramente la crucifixión del Señor, por eso no fue arrastrado por su propio pensamiento, sino por la guía del Señor.

Mucha gente sabe y dice: “morí con Cristo” pero teóricamente. Por eso la gente vive por medio de su propia manera. Cuando los discípulos escucharon que el Señor iba a ser crucificado y resucitado, lo recibieron teóricamente y no en el corazón, por eso no prepararon nada con respecto a la muerte de Jesús.

Cuando Jesucristo murió, ellos tuvieron miedo y huyeron. No así la mujer del perfume. Ella recibió las palabras de Jesús por la fe y por eso también le fue revelada la resurrección. Mientras que ellos, cuando escuchaban no lo hacían de corazón. Cuando llegó el momento de la muerte de Jesús, ellos se dejaron llevar sólo por su vista.

Aquí hay una gran diferencia entre los discípulos y la mujer. Ella es un reflejo de una persona que tiene la fe pero ellos son un reflejo de una persona que no vive de acuerdo a la fe. Cuando ella quebró el frasco de perfume para derramarla sobre la cabeza de Jesús, su corazón ya había asimilado la muerte de Jesús pero no los discípulos.

Aunque Jesucristo todavía no había muerto, ella entendió que Jesús había redimido todo su pecado. Ella ya había sido liberada del pecado por la muerte de nuestro Señor Jesús, aunque todavía no había sucedido cronológicamente, pero en su corazón sí sucedió. No sólo la muerte, sino también la resurrección, por eso ella fue embargada por la gracia de Dios. El corazón de ella no estaba en este mundo, sino delante de la gloria del Señor y por eso lo alababa.

Hoy en día mucha gente sabe sobre la Palabra de Dios, pero teóricamente, sin que pueda penetrar en el corazón, por eso no pueden llegar a tener el corazón del Señor. Mucha gente es arrastrada por los deseos de la carne y su por su propia voluntad. Si la gente recibiera la misericordia de Dios, su espíritu y su corazón sería de acuerdo al corazón de Dios y tendría una vida muy bendecida del Señor.

Mucha gente piensa que va a ser bendecido cuando obedece la Palabra de Dios y sigue al Señor, pero a veces su corazón no puede llegar hasta allí. Por eso no tiene la suficiente fuerza como para quebrar el vaso de alabastro de perfume y derramarlo.

Mientras andamos con el Señor, después de nacer de nuevo, vamos absorbiendo su corazón hasta que llegamos a tener el corazón de Él. Si estamos muy cerca de nuestro Señor, nuestro corazón va a ser uno con Él. Si nuestra vida y nuestro pensamiento estuviesen de acuerdo con el corazón del Señor, sería maravilloso.

El hombre natural no puede entender eso, pero una persona que tuviese la fe y la plena certidumbre de que es hijo de Dios tendría la prioridad de quebrar el vaso de alabastro y derramar el perfume con mucho gozo, aun escuchando murmuraciones y regaños.

Por eso cuando aquella mujer derramó el perfume al Señor, Jesús lo aprobó diciendo: “De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.” (San Mateo 26:13) Ese hecho pudo ser reconocido sólo por el Señor y no por el hombre.

SE QUEDA LA PALABRA EN EL CORAZÓN

En Santiago 4:4 dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” Hay una gran diferencia entre el pensamiento humano y el pensamiento de Dios.

En Isaías 55:8 dice: “porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová”

El hombre cree que su pensamiento es correcto ante Dios, pero absolutamente nuestro pensamiento es diferente a los designios de Dios. Por eso, no es correcto basarnos en nuestros sentidos y en nuestra propia experiencia.

Cuando escuchamos la Palabra de Dios nos damos cuenta que no concuerda con nuestro propio juicio.

El corazón de nuestro Señor es totalmente diferente al de nosotros. La única manera de comprobarlo es entrando en el corazón de Dios.

Si una persona se reconoce profundamente, no se deja llevar por su propio pensamiento sino por la Palabra de Dios y no le queda más que exclamar: “¡Oh, que insensato soy, fui engañado, y me desvié!”.

Aunque Jesús anunciaba su muerte, este hecho no tuvo cabida en el corazón de los discípulos, esa fue la razón por la que ellos no aceptaron lo que había hecho esa mujer. Por eso ellos exclamaron “¡qué barbaridad! ¿por qué desperdició un perfume tan valioso?”.

Hasta aquí compartimos.

 

 

 

 

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