Última Actualización: Enero de 2008

Sermones del Pastor Ock Soo Park

Sea como sea, voy a ser rey

Abimelec fue hecho Rey por los deseos de su carne. Lamentablemente cuando los deseos de la carne embargaron el corazón de Abimelec, él creía que iba a vivir satisfecho y tranquilo el resto de su vida. Por lo tanto él se unió a la tribu de Siquem para llegar a ser rey.

Él se hizo rodear de hombres ociosos y vagabundos que mataron a los 70 hijos de Jerobaal y de esta manera llegó a ser rey. Cuando llegó al poder se dio cuenta de que no le satisfacía ni tenía tanta paz como él se había imaginado. Al final él murió de una manera muy cruel y vergonzosa porque cayó sobre él la maldición de Jotam.

Gedeón (Jerobaal) sale en el Antiguo Testamento, en el libro de Jueces. Gedeón era un gran guerrero. Él salvó a los israelitas de los madianitas usando el poder de Dios. Después de haberlos salvado, mucha gente le pidió que fuera su rey, pero Gedeón se rehusó y dijo: “No seré su señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros”. En Jueces capítulo 8 sale esta historia. Gedeón tuvo muchas mujeres y por eso engendró setenta hijos.

Él consiguió una concubina de la tribu de Siquem, y engendró un hijo que se llamaba Abimelec. Un día Abimelec se puso a pensar: “¿por qué mi padre despreció la oportunidad de ser rey de Israel?”. Para él eso era muy insensato. Él pensaba: “nuestro padre salvó al pueblo de Israel y por eso podía ser su rey, por qué no querría ser rey?”.

Fue así como se levantó un deseo de la carne en el corazón de Abimelec: “sea como sea voy a ser rey”, pero Gedeón tenía setenta hijos, él era el hijo de la concubina de la familia de Siquem, él se dio cuenta de que era muy difícil ser rey.

Por eso Abimelec fue a la familia y les dijo: “¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un sólo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra” después distribuyó esa noticia entre la familia de Siquem. Cuando la gente de Siquem escuchó: “va a levantarse un rey de Israel entre nuestra familia” Ellos lo recibieron muy bien porque podrían recibir beneficios y vivirían mejor, por eso ellos lo apoyaron.

Aunque Abimelec quería ser rey de Israel no podía lograrlo tan fácilmente. Si Abimelec quería ser el rey de Israel, primero tenía que matar a los setenta hijos de Gedeón.

La gente de Siquem ya sabía eso. Por eso empezaron a apoyar a Abimelec para que lo hiciera y pudiera establecerse como rey. Le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-Berit, y con eso Abimelec alquiló hombres ociosos y vagabundos que le siguieron.

Si él hubiera manipulado a algunas personas inteligentes para que le siguiera, ellos no habrían participado de la matanza de los setenta hijos de Gedeón. En cambio los ociosos no tenían nada que hacer, sino esperar suerte.

Solamente ese tipo de personas podían ser guiados por las palabras persuasivas de Abimelec, podían hacer cualquier cosa para él, no pensaban con mucha prudencia lo que les ordenaba Abimelec, por eso él compró con dinero a gente ociosa y vagabunda para cumplir su objetivo. Poco a poco les fue transmitiendo sus ideas a ellos. Un día él atacó la casa de su padre, y mató a setenta hermanos con una misma roca, de esa manera llegó a ser rey.


EMBRIAGADO POR LOS DESEOS DE LA CARNE

En la Biblia salen varias historias, no son cuentos comunes y corrientes. En aquellos momentos eran eventos importantes.

Dios no escribió esos eventos importantes, sino para mostrar el corazón
de nosotros. Cuando le pidieron a Jerobaal, es decir Gedeón que fuera rey, él sabía que no era conveniente que un hombre gobernara a otras personas. El hombre quiere tener autoridad para gobernar sobre otras personas como rey o ministro. Cuando leemos la Palabra de Dios nos damos cuenta de que cuando el pueblo de Israel lo quería hacer rey, a él no le parecía. Aunque el pueblo quería que un hombre los gobernara y que tuviera la autoridad, Dios quería otra cosa. Si Dios gobernaba a Israel, entonces hubieran estado felices y bendecidos.

Como Dios, es invisible, los israelitas querían ser dirigidos por un hombre. Además debían ser despojados de sí mismos e inclinarse hacia Dios. Por eso ellos no querían que Él los gobernara. Para ser dirigidos por Dios debían ser limpiados y despojados de todo, y así poder escuchar la voz de Dios.

La petición del pueblo de Israel demostraba que todavía no tenían esa condición para ser dirigidos por Dios. Por eso quería establecer a un hombre que pudieran ver con sus ojos y oír con sus oídos. Gedeón pudo haber sido rey, pero internamente tenía un gran anhelo de que Jehová Dios gobernara directamente en vez de él.

Gobernar a gente era ser responsable por su vida, por eso él no quería ser rey. Mas bien él, deseaba ser dirigido por Dios. Él no solo quería ser dirigido por Dios y tener un corazón limpio, sino ser despojado y quebrantado. Por él, lamentablemente un deseo de la carne penetró al corazón de Abimelec, el hijo de una concubina de la familia de Siquem que quería ser rey.

El deseo de la carne es malo, arrastra nuestro corazón, y luego un poder nos lleva a pecar cueste lo que cueste hasta lograr su objetivo.

Si Abimelec hubiera esperado y anhelado realmente ser rey, no hubiera sido un esclavo de la carne, él hubiera pensado: “si llego a ser rey, bueno, pero si no, no hay ningún problema” pero el deseo embargó el corazón de Abimelec, para él no existía la posibilidad de no ser rey, él tenía que ser rey de Israel. Para él no importaba como lograr ese objetivo. Por eso no pensó dos veces sobre la matanza de sus setenta hermanos en el mismo lugar.

Satanás no nos da la orden de: “mate, odie, adultere, robe”, porque el hombre no lo obedecería. Satanás nos conoce muy bien, primero mete el deseo de la carne en el corazón. Si un deseo entrara a una persona, fácilmente mata, miente, roba para lograr ese deseo. Igual que un hombre noble, si tomara, licor, se emborracharía y podría hacer cosas inimaginables.

Así, si se embriagara de los deseos de la carne, sería peor que lo normal. Abimelec fue atado por la ansiedad de llegar a ser el rey. Ese deseo fue metido por Satanás, por eso mató fácilmente a setenta hermanos.

También la gente de Siquem fue amarrada por ese mismo deseo. Además querían ser familia del rey, llamaron a vagabundos y ociosos, los alquilaron y Abimelec mató a setenta hijos de Jerobaal y de esa manera se hizo rey.

Antes, nuestro país era muy pobre. De vez en cuando se leía un artículo que decía que una familia después de comer sopa de orbe (cierto pescado) moría, (ese pescado es muy fino y muy caro). Los orientales comen este pescado crudo. Aunque la sopa era muy rica, los huevos de ese pescado eran letales. Los ricos compraban ese pescado, pero botaban los huevos.

Por eso en aquel momento cuando un hombre pobre pasaba y veía los huevos, los recogía y los cocinaba. Los pobres jamás podían pensar en comprar ese pez porque era muy caro y fino. Mientras los recogían pensaban: “se ve muy rico y bueno, ¿por qué los ricos lo botan? ¡se ve tan bueno!”

Los pobres nunca podían comer carne, ni pescado. Cuando el padre traía los huevos, la familia lo cocinaba con consomé, y ellos comían, y después de comer toda la familia se moría. Antes, de vez en cuando, en el invierno aparecía ese tipo de artículo en el periódico. Esa gente pobre se llevaba por la apariencia, los huevos del pescado se veían muy apetitosos, por eso ellos los comían.

Si ellos hubieran sabido que son tan venenosos, aunque se viesen tan rico y agradable nunca los hubieran comido, pero una persona que no sabe que hay veneno en el huevo piensa que: “ah ese huevo se ve muy rico, ¿quién lo botaría?”, pero luego de recogerlo del basurero, lo come y después se muere. Los deseos de la carne son iguales a los huevos de la especie de orbe.

Los deseos de la carne se ven muy bonitos y apetitosos, además la gente piensa que lograría algún objetivo, pero los deseos de la carne no simplemente cumplen su objetivo, sino que para hacerlo matan, roban, etc.

Por eso uno tiene que entender que los deseos de la carne son muy terribles y peligrosos.

Un día ese deseo entró en Abimelec, él mató los setenta hijos de su padre para llegar a ser un rey sin miedo. Él se convirtió en rey de una manera perversa. En jueces no habla detalladamente después de que se hizo rey.

Cuando Abimelec ya había reinado tres años, Dios envió un espíritu inmundo a Abimelec y a la familia de Siquem. Aunque él llegó a ser rey, siempre estaba atado por los deseos de la carne, y nunca pudo llegar a tener tranquilidad y paz en el corazón.

Los setenta hijos de Gedeón fueron asesinados con la misma roca, el hijo menor Jotam escapó, él dijo a la familia de Siquem unas palabras.

En el libro de Jueces capítulo 9 versículos 19-20 dice: “si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec y él goce de vosotros. Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.” ( Jueces 9:19-20)

Después de tres años sucedió que hubo una guerra entre la familia de Siquem y la de Abimelec. Aunque Abimelec fue establecido como rey por ellos, él también murió en manos de ellos. Él recibió el resultado terrible, y murió con el cráneo roto por una rueda de molino, todo esto sucedió por seguir los deseos de la carne.

EL PODER DE DIOS NOS SACA DE NUESTROS DESEOS DE LA CARNE

Después de haber nacido de nuevo, yo leía la Biblia sin mucha consideración al principio. Pero después de haberla leído una o dos veces, he experimentado cómo la Palabra de Dios ha limpiado maravillosamente todos los deseos de la carne en mi corazón.

Después de recibir la salvación yo tenía muchos deseos de la carne en mi interior, quería ser un pastor excelente, vivir bien, ser un hombre reconocido y sobresaliente. Esos deseos me amarraban por muchos años, yo era un esclavo de mis deseos de la carne.

Sin embargo, entre más leía la Palabra de Dios y oraba ante el Señor, menos me gustaba la idea de ser un excelente y sobresaliente siervo de Dios y también el de vivir bien. Esas cosas no podían ser mi esperanza. Mi gozo es cuando alguna persona hundida en el pecado, recibe la salvación.

Luego de vez en cuando Satanás mete los deseos de la carne y me tienta a que sea un esclavo de los deseos de la carne, pero cuando yo medito en la palabra de Dios y la escudriño, experimento como ella me saca de esa situación.

Cuando yo dejé mis ideas de ser un excelente siervo de Dios, un hombre famoso y un pastor impresionante, ganar mucho dinero para vivir bien, significa que ya no soy dirigido por los deseos de la carne sino por el Espíritu de Dios. Yo he experimentado que cuando salgo de los deseos de la carne, Dios me ha dirigido con mucha bendición y mucha tranquilidad.

Un día, un pensamiento entró en mi corazón: “si Dios quiere que yo sea un gran siervo de Dios, Él va a hacerlo por su voluntad, si Dios quiere que sea un hombre rico, Él va a hacerlo por su voluntad”.

Dios me ama más que yo a mí mismo, “¿para qué voy a ser amarrado por mis deseos de la carne?” después he visto, cómo el Espíritu Santo trabajaba en mi corazón. Ciertamente Dios anhela que nosotros seamos siervos de Dios, verdaderos siervos que sólo adoran a Dios y son guiados por el Espíritu de Dios.

Pero Satanás mete algunos deseos de la carne en el corazón, nos lleva a adorar a Dios por los deseos de la carne y hace que nosotros llevemos una vida de cometer muchos pecados, el diablo nos engaña y nos hace cometer transgresiones.

Lamentablemente cuando Abimelec recibió ese deseo de la carne, él creía que si llegaba a ser rey de Israel, él estaría satisfecho, con mucha tranquilidad.

Por eso él se unió con la familia de Siquem para llegar a ser rey, luego él alquiló vagabundos y ociosos para matar a setenta hijos de su padre Gedeón. Aún así Abimelec se convirtió en rey de Israel, pero no podía lograr la paz y la tranquilidad como había pensado en su corazón. Por eso al final tal como lo había dicho Jotam: “fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.”

Los deseos de la carne entran en nuestro corazón, lo dominan primero y lo engaña. Satanás metió los deseos de la carne a Abimelec, luego lo engañó para que escuchara su voz y siguiera sus palabras. Él pensaba: “si fuera rey de Israel estaría feliz y tranquilo”.

Abimelec fue engañado por ese deseo de la carne, y por eso mató a los setenta hijos de su padre. ¿Qué ser humano podría actuar así? Abimelec fue engañado por los deseos de la carne. Por su perversidad su vida terminó cruelmente.

Igual que en aquella época, ahora los deseos de la carne nos engañan. Si fuera bueno el resultado de seguir los deseos de la carne, yo no les diría que los deseos de la carne son malos.

Pero los deseos de la carne aparentemente se ven muy bonitos, sin embargo finalmente nos lleva para ser fracasados. Si el hombre es atado por los deseos de la carne, va a ser guiado por ellos y no querrá pensar en lo que va a ocurrir en su vida.

Al final, va a tener miserable final. Dios nos dirige a que seamos bendecidos y que podamos despojarnos, pero Satanás nos engaña para que seamos fracasados. La gente ociosa que no tiene visión, es engañada y piensa que va a ser bendecida por los hermosos deseos de la carne.

Hoy en día, muchísima gente vive como esclavo de los deseos de la carne. No sabe que va a pasar más adelante. No sabe que su futuro va a ser miserable. Si nosotros nos presentamos con el corazón humilde ante la presencia de Jehová, y obedecemos a Dios y lo escuchamos, esa Palabra nos elimina los deseos de la carne de nuestro corazón.

Por medio de Él, podemos ser bendecidos y tener una vida plena en Dios y en su gracia.

 

 

 

 

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