Los términos de la ley
“El libro de Números del Antiguo Testamento está lleno de historias de muertes y de maldición. ¿Por qué así esta escrito? Esto es porque los israelitas intentaron lograr algo por sí mismos. Fueron maldecidos bajo los términos de la ley. Para nosotros hoy en día, el Señor Jesús ya quitó los términos de la ley y nos regaló los términos de la gracia. Es por esto, que ya no atacan serpientes ardientes si uno comete adulterio, ni nos llega una plaga si murmuramos contra Dios. Sin embargo, si hubiera alguno que aún intentara presentarse ante Dios por medio de su propia obra, tal alma no se hallaría bajo los términos de la gracia sino bajo los términos de la ley”.
NÚMEROS
El libro de Números es el libro que viene después de Génesis, Éxodo, y Levítico del Antiguo Testamento. Este es el libro donde se dice la cantidad de personas en el pueblo de Israel, a manera de censo, tal como lo indica su nombre. Los israelitas habían entrado en la tierra de Canaán tras haber vivido cuarenta años en el desierto.
Al principio del libro de Números aparece el censo de todas las tribus de Israel. El número de la tribu de Rubén, el número de la tribu de Simeón, el número de la tribu de Judá, etc., etc., de manera que el número total de varones de edad de veinte años hacia arriba, entre las 12 tribus, a excepción de Leví, sumó 603,550.
Luego, tras haber vivido cuarenta años en el desierto, fueron censados nuevamente, justamente antes de entrar a la tierra de Canaán. Escrito está en Números 26:51, que el número total de ellos era de 601,730.
Esto nos indica que el número de los israelitas fue reducido significantemente tras los cuarenta años. Quizás nosotros no le demos mayor importancia a ese asunto. Pero, fue algo bastante anormal al considerar el crecimiento de los israelitas mientras estuvieron en Egipto.
El número total de la familia de Jacob al llegar a tierras egipcias por medio de José era de setenta. Sin embargo, después, el número total de la familia de Jacob fue de 600,000 en cuestión de cuatro generaciones.
Faraón, el rey de Egipto, ordenó matar a todos los niños hebreos recién nacidos echándolos al río Nilo porque tuvo temor de la acelerada multiplicación de ellos. Los israelitas fructificaban y crecían muy abundantemente. Por eso, era muy extraño que el número de los israelitas decayera en vez de aumentar tras haber vivido cuarenta años en el desierto.
En el libro de Números, hay muchas historias que nos explican por qué razón el número de los israelitas fue reducido de 603,550 a 601,730. Si nosotros leemos el libro de Números atentamente, encontraremos que los israelitas murmuraron contra Jehová Dios, cayeron en lascivias, etc., y por tal motivo, ellos fueron destruidos en el desierto al hallarse bajo la maldición de Dios.
Cuando Dios les ordenó entrar en la tierra de Canaán ellos temieron y delataron en entrar diciendo: “Vimos gigantes allí, a los hijos de Anac. Si entramos moriremos”. Dios los reprendió por causa de ello y les mandó no entrar en la tierra. Ellos, sin embargo, entraron en ella y fueron matados por los cananeos.
Un día un hombre de entre los israelitas hasta fue muerto por haber recogido leña en un día de Reposo.
También aquellos que estaban del lado de Coré fueron matados por fuego que descendió de Dios por levantarse contra Moisés y Aarón. Otros de ellos fueron matados con plagas por murmurar contra Dios. También murmuraron contra Dios al desanimarse por causa del camino. Dios a ellos les envió serpientes ardientes para que les mordieran, al ser mordidos muchos de ellos murieron. Y también 24,000 israelitas murieron en un sólo día por cometer fornicación. Claro que los israelitas también murieron por vejez, pero la vida del pueblo en el desierto fue de un progreso de muerte. En otras palabras anduvieron por senda de muerte.
¡TODO LO HAREMOS!
Al leer el libro de Números, podemos ver por qué razón los israelitas fueron muertos, siendo que habían escapado de Egipto y se dirigían hacia la tierra de Canaán por medio de la guía del Señor.
Hay algunos aspectos un poco complicados de explicar y para poder comprender la razón por la que Dios mataba o destruía a los israelitas enviándoles serpientes ardientes o plagas. Por ejemplo, en Números capítulo 21, hay un versículo que dice: “...y se desanimó el pueblo por el camino”.
Pensemos acerca de la vida de los israelitas que vivían en aquel entonces. Aunque eran guiados por medio de la columna de fuego y por la nube en el desierto, el pueblo estaba muy desanimado porque anduvieron por caminos donde no había ni siquiera un solo árbol, ni tampoco un parche de pastos. No tenían dormitorios, ni una tina de agua en el baño para descansar mientras hacían esa larga jornada con tanta carga al hombro. Además, su rumbo era impedido muchas veces por los reyes y las gentes de otras tierras.
ASÍ ES QUE ERA BASTANTE NORMAL
QUE ESTUVIERAN DESANIMADOS
Estando en ese desánimo el pueblo murmuró contra Dios y contra Moisés diciendo: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”. (Números 21:5)
Cualquier persona que se hubiera encontrado en la misma situación de ellos se hubiera quejado igual que ellos. Lo único que los israelitas miraban era el desierto, y el maná era la única comida que tenían. Era natural que en tal situación, ellos se quejaran. o murmuraran. Sin embargo, nuestro Dios inmediatamente envió serpientes ardientes tan pronto como hubieron murmurado contra Él, y muchos de ellos murieron al ser mordidos.
Al leer tal historia, podríamos preguntarnos por qué Dios fue tan cruel, o por qué es que Dios, siendo rico en misericordia y gracia, mató a tantas personas por causa de una pequeña queja. Fácilmente podríamos pensar que el Dios cruel, sin sentimientos, y temeroso mató a 24,000 personas solamente por causa de haber fornicado.
Hoy en día muchas personas murmuran contra Dios y no están contentas con Él. También hay multitud de personas que quebrantan el día de Reposo y que cometen adulterio. Sin embargo, podemos ver que la manera del trato de Dios con los israelitas en el libro de Números es bastante diferente a Su manera de tratar con nosotros hoy en día. ¿Por qué es que el Dios que continuamente enviaba muerte y maldición en aquel entonces, no hace de la misma manera con nosotros hoy en día?
Yo quería conocer la razón y pude comprender algunas cosas. De la misma manera en que lo dice el versículo 8 del capítulo 6 de Génesis: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.” Hay muchos relatos en la Biblia que nos indican que personas tales como Noé, Abraham, y Jacob recibieron la gracia de Dios.
¿Por qué es que Dios le dio misericordia a Noé, Abraham, y a Jacob, pero les dio maldición y destrucción a los israelitas quienes eran hijos de ellos? La razón por ello aparece en Éxodo capítulo 19. Como ya conocemos bien, Moisés recibió los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, eso esta escrito en el libro de Éxodo capítulo 20. Y ¿qué es lo que Dios dijo al pueblo de Israel antes de darle la Ley? Lo que Dios les dijo antes de darles la Ley aparece escrito en Éxodo 19:5-6:
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”.
Tras decir esto, todos los israelitas respondieron a una: “Todo lo que Jehová ha dicho haremos.” (Éxodo 19:8)
La gente se puede clasificar en dos grupos. Por ejemplo, aquellos que confían en poder cumplir la palabra de Dios, y aquellos que, al reconocer la maldad adentro de sí mismos, saben que desde un principio no pueden cumplir la ley de Dios.
En otras palabras, hay algunas personas que se esfuerzan esmeradamente por cumplir la Ley de Dios, y otros que entienden que nunca podrán guardar la Ley, y que no tienen otra alternativa más que recibir maldición.
En la Biblia podemos encontrar que Dios no dirigió por medio la ley a personas como Noé, Abraham, y Jacob. Sin embargo, mientras los israelitas vivieron en el desierto ellos trataron de presentarse ante Dios por medio de guardar la ley.
Cuando Dios les dijo: “Les daré la ley, ¿la van a cumplir? Si lo hacen bien, los bendeciré,” todos los israelitas respondieron: “¡Sí, Señor Haremos todo lo que nos has dicho.”
Como ellos hicieron este juramento, Dios después le dio la Ley, y como no cumplieron con sus promesas, es decir, no cumplieron la Ley, Dios tuvo que maldecirlos de acuerdo con lo que la Ley decía, la cual ellos habían prometido cumplirla.
DOS CAMINOS
Dios nos da dos opciones. La primera es que Dios nos da Su gracia, perdona todos nuestros pecados y se lleva todas nuestras debilidades y enfermedades por medio de Su Hijo Jesucristo. Nosotros, que somos malvados e inmundos, Dios nos quiere hacer perfectos, para que podamos presentarnos confiadamente ante Él. Sin embargo, tal gracia no se le otorga a todas las personas.
“Aunque soy un malvado pecador, yo sé que no hay nada que yo pueda hacer por resolver mi pecado. Ya no creo poder mejorarme por mí mismo, ni presentarme limpio ante Dios. No tengo otra esperanza más que recibir la condenación y la destrucción de Dios. No podría ni dejar de pecar ni limpiar mi pecado aunque me tuviera que ir al infierno ahora mismo.”
Dios le da Su gracia a quienes, teniendo un corazón contrito y humillado, reconocen no poder hacer nada. Por supuesto que toda la gente lucha y sufre por causa del pecado. Sin embargo, hay una cosa más que ellos tienen que entender más profundamente, esto es, que ellos no tienen otra alternativa más que recibir maldición por causa de su pecado y no hay nada qué puedan hacer. Dios le da Su gracia a aquellos que reconocen esta realidad.
Por el contrario, aquellos que piensan poder lavar sus pecados poniendo sus esfuerzos, no pueden recibir la gracia. Dios nunca le da Su gracia a las personas que piensan que si se esfuerzan más pueden dejar de fumar y de tomar, o guardar la Ley a cierto punto, ellos quieren presentar una buena imagen de sí mismos ante Dios. La manera que Dios prepara para quienes piensan así es que recibirán bendición si cumplen la Ley y recibirán maldición si incumplen con la Ley. La Biblia nos explica cómo fue que empezaron los términos de la ley, esto nos explica para que nosotros pudiéramos saber que existen dos caminos ante nosotros.
Los términos de la Ley se dieron porque los israelitas estaban dispuestos a cumplir con la Ley de Dios. La Biblia claramente nos enseña cómo fueron maldecidos ellos al incumplir con la Ley de Dios, y también nos enseña a comprender cómo es la vida de aquellos que se encuentran bajo la Ley.
Jesucristo descendió a esta tierra y salvó a personas tales como a la mujer sorprendida en adulterio, al publicano, y también al ladrón que murió en la cruz. Las personas como ellos tenían que enfrentar la situación de muerte por causa del pecado cometido. A la vez también ellos comprendieron que no podían hacer nada por sí mismos ante tal situación.
Jesucristo dio de Su misericordia a aquellos que habían perdido la esperanza en sí mismo y que vinieron ante Él con nada más que con la fe. De hecho, no hay nada que podamos hacer por el pecado que cometemos. Si pudiéramos hacer algo por nosotros mismos Dios no hubiera enviado a Su Hijo Jesucristo a este mundo.
Definitivamente nosotros nada podemos hacer por nuestros pecados. Más específicamente, no podemos cumplir ninguna ley de Dios. Sin embargo, Satanás nos evita de recibir la gracia de la salvación. Por ello es que nos engaña metiéndonos un pensamiento en la cabeza de que podríamos cumplir con la ley y ser personas limpias si nos proponemos y nos esforzamos. Aquellos que son engañados por Satanás no llegan a confiar plenamente en Dios, a pesar de decir que creen en Él, ellos ponen más confianza sobre su propia obra y esfuerzo. Malentienden creyendo poder vivir una vida mejor si se esfuerzan más. Ellos no esperan enteramente recibir de la gracia y la misericordia de Dios, sino que quieren presentar hasta cierto grado su propia obra y esfuerzo ante Dios.
No hay más que maldiciones para quienes son así. Cuando las personas que procuran presentarse ante Dios por medio de hacer buenas obras, fracasan en hacer el bien. Por eso uno tiene que comprender, cuando las personas que intentan presentarse ante Dios tratando de cumplir la ley y no la cumplen, tienen que recibir el castigo y la maldición de acuerdo con lo que dice la Ley.
AUNQUE DIOS PERMITE TÉRMINOS DE GRACIA
En el libro de Números podemos ver que los israelitas eran matados y maldecidos continuamente a través de sus 40 años de vida en el desierto.
Esto fue porque todos los israelitas prometieron diciendo que podían cumplir todos los mandamientos del Señor. Por ende, Dios les dio la ley y tuvo que maldecir y destruirlos de acuerdo con su promesa, cuando ellos incumplían.
Eso no significa que la intención de Dios fuera darles maldición y destrucción. Dios tenía que hacer eso, porque ellos escogieron la Ley y prometieron cumplirla. Por medio de su difícil tarea y esfuerzos, Dios quería que ellos comprendieran así: “¡Ah! No puedo cumplir la ley.” “No hay algo que yo pueda hacer por causa del pecado. “Jamás podría llegar a ser bueno por mí esfuerzo”.
Aunque pareciera bueno esforzarse para cumplir la Ley, uno tiene que entender que al final, esa manera no trae buenos resultados. Dios quiere que nosotros habitemos bajo Su gracia, que tengamos una actitud de corazón así: “¡Señor, no puedo hacer nada! Por favor, ten misericordia de mí y sálvame”.
Pensemos acerca de la mujer sorprendida en adulterio que sale en San Juan 8. Los fariseos y los escribas la trajeron ante Jesús y le preguntaron diciendo: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio, y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú pues, ¿qué dices?”.
Ellos usaron la ley para traer a esa mujer ante Jesús. Ellos juzgaron a esa mujer y también la sentenciaron, según ellos, ella merecía recibir la maldición de la Ley y la muerte. Sin embargo, esa mujer no era la única que debía ser juzgada con la Ley, realmente todos tenían que ser juzgados de igual manera por la Ley.
Todos los fariseos y escribas vinieron ante la presencia de Jesús, pero ellos no tenían ninguna relación con la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Jesús quería derramar su gracia redentora sobre ellos y limpiar así todos los pecados de ellos también.
Pero, ellos no tenían nada que ver con la gracia del Señor Jesús porque se hallaban bajo la ley. Los escribas y fariseos y aquella mujer sorprendida en adulterio estaban de pie ante la Ley y la gracia de Jesús.
Los escribas y fariseos fueron acusados por su misma conciencia y dejaron a nuestro Señor Jesucristo porque permanecieron bajo la Ley. Sin embargo, la mujer adúltera abandonó la Ley, y llegó ante Jesús, y a su vez recibió el perdón del pecado por la gracia del Señor, esto fue así porque ella ya había quebrantado la ley, es decir, ella ya había fracasado en cumplir la Ley.
Yo estuve meditando acerca de la mujer adúltera y de la historia de Números donde 24,000 personas murieron como consecuencia del adulterio.
Me pregunté, “¿Y qué si todos nosotros ahora estuviéramos bajo los términos de la ley? ¿Habría alguno que pudiera sobrevivir?”.
Si esa mujer adúltera hubiera tenido que estar bajo los términos de la ley, no tendría otra opción más que ser apedreada hasta morir. La gente era matada continuamente desde que se le entregó a Moisés la Ley sobre el monte Sinaí.
Nosotros tenemos que comprender que Dios quiere darnos Su misericordia, nada más. Sin embargo, aún hoy en día, hay muchas personas que no aceptan Su gracia a pesar de presentarse ante Él. ¿Quiénes son ellos? Son aquellos que se esfuerzan por dejar de fumar y tomar y que intentan presentarse ante Dios cumpliendo la Ley.
DIOS NO PUEDE DAR SU MISERICORDIA A QUIENES SON ASÍ
Los que pueden recibir de la gracia de Dios son aquellos que reconocen: “¡Señor! No hay bien en mí. Merezco ser condenado.”
Aquellos que llegan a reconocer esto desde un principio, y que reconocen que su propio esfuerzo por llegar a ser una persona más decente, es nada ante Dios, son los que pueden llegar a tener una fe plena.
Si hubiera alguno que todavía tiene alguna esperanza en su buena obra o en su esfuerzo por poder cumplir la ley, jamás podrá recibir la gracia.
Aunque somos inútiles pecadores, incapaces de hacer algo, Satanás nos engaña y nos hace pensar que podemos ir y presentarnos ante Dios si nos esforzáramos un poquito más. ¡No! De esa manera no podemos ir al Cielo, nosotros solamente podemos ir al cielo por medio de la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
Pero, Satanás siempre trabaja para colocarnos, no bajo la gracia, sino bajo la ley al meternos el pensamiento: “Sí, claro que Jesús murió en la cruz y derramó su sangre, pero todavía tienes que esforzarte” Haciendo esto, Satanás quiere llevarnos a la maldición y destrucción. Hoy en día hay muchos que dicen creer en Cristo Jesús y que le sirven al Señor, regresan a las condiciones de Números, y aún tratan de esforzarse por cuanto no comprenden esta verdad. Los tales no tienen ninguna otra opción más que ser destruidos igual que los israelitas.
La mujer sorprendida en adulterio o el malhechor clavado en la cruz, no podían hacer nada a su favor al estar ante la muerte y la maldición. ¿Qué podía hacer la mujer para evitar de ser apedreada? Cuando ella comprendió que no había cosa que ella pudiera hacer y se rindió, la gracia de Jesucristo se hizo cargo de todos sus problemas.
Nosotros también tenemos que entender que no hay cosa alguna que podamos hacer a nuestro favor, nosotros tenemos que dejar nuestro esfuerzo ante cualquier problema, aunque tuviéramos que perecer igual que la mujer adúltera, entonces Jesús vendrá a nosotros y resolverá todos nuestros problemas.
Él limpiará todos nuestros pecados y nos perfeccionará para poder ir y presentarnos ante Él.
El libro del Antiguo Testamento llamado Números está lleno de relatos de muertes y maldiciones. ¿Por qué esto es así? Esto es así, por que los israelitas intentaron lograr algo por sí mismos. Por tal motivo, ellos fueron maldecidos bajo los términos de la Ley.
Ahora nuestro Señor ya removió las condiciones de la ley y nos regaló condiciones de gracia. Es por esto que las serpientes ardientes no nos salen al encuentro aunque murmuraríamos contra Dios, tampoco nos caen plagas encima si es que desobedeciéramos a Dios.
Sin embargo, si todavía hay alguno que intenta presentarse ante Dios por medio de su propia obra, tal alma aún no se halla bajo los términos de la gracia sino que todavía está bajo los términos de la ley.
Por eso la Biblia nos dice claramente en Gálatas 3:10: “los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición”.