Última Actualización: Enero de 2008

Sermones del Pastor Ock Soo Park

Los discípulos en la montaña


Los discípulos: Pedro, Juan, Jacobo, estuvieron con Jesús en la montaña, y dieron testimonio de la gloria de Dios y proclamaron con alegría diciendo: “¡Oh!, es bueno para nosotros estar aquí. ¡Oh, qué pacífico y bendito lugar!”. Sin embargo, los otros discípulos que estaban al pie de la montaña, estaban en problemas cuando un padre de familia les pidió que curaran a su hijo que era lunático.


DAVID Y SAÚL

En Mateo Capítulo 17, hay una historia en la cual nuestro Señor Jesucristo, tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y los llevó a lo alto de una montaña, Jesús subió a la montaña, solamente con esos tres discípulos. Allí Jesucristo fue transfigurado.

Cuando él habló con Moisés y Elías, su cara brillaba como el sol, y su ropa se puso tan blanca como la luz. En ese momento glorioso, el resto de sus discípulos estaban al pie de la montaña. Sin embargo, ellos estaban preocupados porque no pudieron curar a un loco, cuyo padre lo había llevado para que fuera sanado por ellos.

Aunque todos eran discípulos de Jesús. Solamente Pedro, Juan y Jacobo, estaban en la montaña con Jesús, estaban tan absortos mirando la reluciente gloria que ellos se olvidaron de todos los asuntos mundanos. Lo que ellos vieron era demasiado precioso y bonito para pensar en otras cosas. Por consiguiente, ellos querían quedarse en ese lugar glorioso más tiempo, por eso dijeron a Jesús: “Señor, es bueno para nosotros estar aquí, si usted desea, permítanos hacer aquí tres enramadas, una para usted, otra para Moisés, y otra para Elías” (Mateo 17:4)

No obstante, los otros discípulos que estaban al pie de la montaña, estaban esforzándose con el problema de la curación del muchacho lunático. La Biblia nos muestra que entre los discípulos de Jesús, algunos de ellos estaban en la gloria con Él, mientras los otros al mismo tiempo estaban en un gran problema sin Jesús.

Muchas historias así se encuentran en la Biblia, por ejemplo, la historia de Saúl y David. Ambos fueron ungidos por el Señor.

No obstante, sus vidas eran bastante diferentes. David, que siempre se mantenía con Dios con todo su corazón, confió que Dios Jehová lo protegería sin importar lo que aconteciera. Eso era porque David siempre tenía paz en su mente, ya sea que estuviera cuidando ovejas o tocando arpa ante el rey Saúl. El rey David también agradecía al Señor, y expresaba su corazón escribiendo muchos salmos.

Al contrario, Saúl quién también era ungido, siempre estaba preocupado y temeroso en su mente. Sin embargo él vivió en el palacio del rey, no podía vivir sin la lanza en su mano debido al miedo de ser herido por alguien. No había ninguna duda que él tenía muchos guardias ya que él era un rey. No obstante, él no podía quitar la lanza de su mano, siempre tenía ansiedad.

Es más, él pasó toda su vida pródigamente en un esfuerzo por matar a David con el propósito de defender su trono como rey de Israel. Después de todo, su vida acabó miserablemente.

Los dos fueron ungidos igualmente, pero Saúl, contrariamente a David, nunca vivió sin la lanza en su mano y siempre estaba preocupado y con miedo. Dios quiere que nosotros veamos a través de las tales historias en la Biblia, cómo es nuestra fe.


LO QUE VIENE DEL SEÑOR

A principios del año pasado, sentía que algo andaba mal en mi corazón. Mientras estaba guiando una conferencia evangelística en Seúl, en un Centro Educativo y Cultural, el pasado mes de abril, experimenté una gran fatiga, lo cual era muy raro para mí.

Entonces un día, de repente mi corazón empezó a latir rápidamente y sentía en mi pecho una presión dolorosa. Cuando examiné mi pulso, se detenía de vez en cuando y era irregular.

Cuando fui a los Estados Unidos para guiar una conferencia, a finales del año pasado, mi condición empeoró. Me dolía mucho el pecho entonces pensé: “Si mi corazón sigue doliéndome, ¿qué va a pasar?” Desde aquel momento, reduje la cantidad de ejercicios y actividad intencionalmente.

Además, yo había oído hablar mucho de lo que las personas con problemas del corazón deben hacer: “No subir rápidamente los escalones. No tomar una ducha fría, no hacer ejercicios excesivamente. No comer mucho. No perder tiempo”. Así sucesivamente trataba siempre de mantenerme fresco.

Entre más escuchaba cosas, más restringía mi forma de vivir. Además, mis amigos íntimos y parientes que supieron que yo tenía un problema del corazón, siguieron dándome advertencias, diciéndome: “Esta medicina es muy buena para el corazón, ¡este tratamiento trabaja muy bien!” yo me sentí que iba envolviéndome gradualmente en el problema del corazón.

En cuanto yo volví a Corea, después de la Conferencia Evangelística en los Estados Unidos, yo tenía que ir directamente al Centro de Retiros, porque venía el invierno. Un día mientras yo estaba orando en el Centro de Retiros vino a mi mente de repente, el problema del corazón y entonces, el libro de Job me habló. Cuando Job, era un hombre rico, Satanás se lo pidió a Dios. (Job 2:4-5).

Esta historia vino a mi mente: “¡Ah!, la penalidad y agonía por las que Job pasó en su vida fue por Satanás. Sin embargo, nunca habría pasado a menos que el Señor le permitiera a Satanás hacer eso”. Y entonces este conocimiento quedó fijo en mi mente.

“Si es así, mis problemas del corazón, mi pulso irregular, la opresión que sentía en mi pecho, una fatiga extrema, indigestión, y todo eso no era por casualidad. Todos esos dolores vinieron del Señor. Él quiso decirme algo a través de ellos. Estas cosas me pasaron según su Palabra”.

De repente, sentí el amor de Dios profundamente mientras estaba pensando en mi corazón: “¡Señor!, ¿qué soy yo para que te fijes en una persona como yo? A veces me humillas, a veces me animas, otras veces me guías a entender tu Palabra. ¿Qué es una persona como para que toques mi corazón para enseñarme algo?”.

Cuando ese amor de Dios entró en mi corazón, el doloroso y persistente problema del corazón que yo había tenido hasta ese momento, desapareció. Yo comprendí que el problema del corazón era una verdadera bendición para mí. Él podría haberme dejado sólo. En cambio él me aconsejó, me llevó y me reprobó.

Cuando yo pienso en eso, me quedo mudo de agradecimiento. Eso sirvió para que reflexionara sobre mí. Yo era una persona inútil. Y solía exaltarme a menudo, también era negligente debido al respecto que yo recibía de los hermanos y hermanas.

En Su presencia como predicador del Señor, estaba avergonzado. Sin embargo, agradecía el hecho que Él no me había dejado sólo, mas bien Él quiso renovarme tocando mi corazón. Desde ese momento, yo no tenía que preocuparme más por mí corazón. En cambio yo podía dar gracias por ese problema.

Sorprendentemente sentía, un profundo agradecimiento hacia Dios porque junto con el problema del corazón también me dio la verdadera paz en mi corazón. Mientras yo oraba ante el Señor. Mi problema del corazón empezó a mejorar.

Yo empecé a recorrer la montaña de arriba abajo con perros grandes en Centro de Retiros. También hacía ejercicio con los hermanos durante todo mi tiempo de recuperación.

Aún que después de los ejercicios, yo me sentía como antes, sentía la seguridad que ya me había recuperado completamente. Los que estaban alrededor también podían observar como mi salud mejoraba. Cuan agradecido estoy de que se haya ido el dolor. Por eso yo estoy muy agradecido con el Señor ya que no mucho atrás tenía el problema del corazón sin el Señor, y entró poco después en mi mente la idea de que Dios Jehová me lo había permitido.

Entonces desde ese momento, ya el problema no era mío, sino suyo, pude depositar mi problema del corazón completamente en Dios. Al mismo tiempo desde que ese problema pasó a las manos del Señor, yo me liberé de él, y pude disfrutar de paz. Yo pude experimentar cómo Dios cuida amorosamente también de mis problemas.

¿Cómo venció los problemas el apóstol Pablo? Así como los discípulos de Jesucristo, muchos problemas difíciles confrontamos en nuestras vidas mientras vivimos en este mundo. Sobre todo si nosotros tomamos un paso adelante para predicar el evangelio, nosotros podemos ver obviamente que Satanás causa muchos problemas para descorazonarnos, y que no anunciemos la verdad. Satanás no nos prestaría mucha atención, si nosotros no predicáramos el evangelio.

No obstante, si nosotros, no guiamos a las almas del poder de oscuridad, y las traemos al reino glorioso de su estimado hijo Jesucristo, predicando el evangelio, Satanás estaría tranquilo. Por consiguiente, antes de que nosotros emprendamos el trabajo de predicar el evangelio, Satanás siempre nos causa muchos problemas por todos los medios.

Pablo estaba encerrado en una prisión, con un carcelero en Filipo al cual le dio testimonio. Cada vez que Pablo predicaba, el evangelio hacía causaba alborotos, problemas y antagonismos. Igualmente hoy, cada vez que nosotros avanzamos para llevar el evangelio, Satanás siempre nos trae dificultades y problemas. Aún cuando nosotros no predicamos el evangelio, también hay problemas que entran en nuestras vidas.

Hay muchas personas que simplemente están contentas con el predicador del evangelio, pero a menudo dudan de predicar el evangelio y sobrepasar los problemas. Pablo superó todos esos problemas, y audazmente predicó el evangelio.

¿De qué manera pudo hacerlo? Pablo comprendió que el Señor estaba con él. Por consiguiente, cada vez que él tenía que confrontar algún problema predicando el evangelio, no era su problema sino del Señor, aún cuando él soportó sufrimiento y persecución.

El apóstol Pablo no consideró aquellos, como sus problemas sino del Señor. Él sometió todas esas cosas a Dios. Como resultado él podía alabar y dar gracias a Dios sin tener en cuenta la situación, cuando era el caso, cuando él parecía que estaba vencido y abandonado en la prisión en Filipos.

En ese momento Dios abrió la puerta de la prisión, y el trabajo maravilloso para la salvación del carcelero fue cumplido.

Aquellos que predican el evangelio necesitan tener fe como Pablo en esa situación. Cuando tales problemas vienen, nosotros tendremos paz en nuestra mente a pesar de la persecución y el alboroto, si sólo pudiéramos tener una mente así: “Dios está conmigo, y Él es el Señor de mi vida. Éste no es mi problema, sino suyo. Él cuidará de mí” sabiendo que el problema no es nuestro, sino suyo, nosotros podemos descansar mientras Él cuida de nosotros.

Sin embargo, si nosotros no tenemos al Señor en nuestro corazón, aunque estemos llevando una vida fiel después de recibir la salvación, tendremos todavía que sobrellevar problemas como cualquiera.

Nosotros no seremos la excepción también, estaremos como cualquier otro cansado, otro agobiado, temeroso, descorazonado y tentado. La única diferencia es que el Señor está conmigo de igual manera, entre los discípulos de Jesucristo, Pedro, Juan, y Jacobo que estaban con Jesús en la montaña, la gloria de Dios dio testimonio y exclamaron con alegría diciendo: “¡Oh, es bueno para nosotros estar aquí, esto es un lugar pacífico y bendecido!”

No solo ellos eran los discípulos de Jesucristo, los otros discípulos que estaban en el pie de la montaña estaban en problema cuando les pidieron que curaran a un loco, traído por su padre. Todos ellos llevaban una vida fiel juntos. ¿Por qué eran ellos entonces diferentes? Era porque Jesús no estaba con ellos. Si Él hubiera estado con ellos, Él habría tomado control de ese problema.

Cuando hubo un problema en el barco, nuestro Señor Jesús cuidó de ellos. Cuando cinco mil hombres estaban hambrientos en el desierto, Jesús solucionó ese problema también. También Jesús detuvo la fiebre de la suegra de Pedro. Cuando los discípulos estaban con Jesús, no había nada que ellos tuvieran que hacer para tomar un descanso apacible, simplemente le buscaban. Pero cuando ellos dejaron a Jesús o se alejaron de Él, ellos tenían que cuidar de sus problemas por ellos mismos. Al final ellos entraban en agonía y desesperación.

Nosotros, somos igual que los discípulos de Jesucristo. Nosotros enfrentamos persecución y problemas cuando predicamos el evangelio. A veces nos enfermamos, pasamos por problemas financieros, pero si somos hijos de Dios que hemos nacido de nuevo, habiendo recibido el perdón, Él siempre estará con nosotros, no importa qué situación estemos confrontando.

Y si el Señor siempre está con nosotros, cada problema que pasa en nuestra vida no es nuestro, sino de Él. Por consiguiente, si nosotros llevamos nuestros problemas al Señor con fe, Él cuidará de ellos. Él lo va a hacer, para que nosotros no tengamos ningún problema en nuestro corazón, sino solamente a Dios. El Señor toma el problema, y nosotros lo tenemos a Él en nuestro corazón.

Cuando esto ocurre no nos queda más que darle las gracias y alabanzas a Él por la paz. El Señor no nos deja sólo. El Señor está viviendo en aquellos que han recibido el perdón de pecados. Por supuesto, Dios es invisible y no lo podemos palpar.

Pero debido a eso, si cualquiera piensa que Jesús no está con él e intenta cuidar de sus problemas por sí mismo, nunca tendrá descanso en su mente aún cuando él sea cristiano nacido de nuevo, así como Saúl que nunca tenía paz en su mente aún siendo él un rey ungido de Israel.

Hoy en día, nosotros no podemos caminar de la mano de Jesús como los discípulos lo hacían en aquel tiempo en que tenían a Jesús a su lado. Nosotros, ahora no podemos verlo con nuestros propios ojos, pero definitivamente Jesús está con nosotros, Jesucristo lo prometió. (Mateo 28:20), (Hebreos 13:5).

Nuestro Señor Jesucristo nunca dejará solos a los hijos de Dios, los que quienes han nacido de nuevo, no importa donde ellos estén. Por consiguiente, confiando nuestros problemas al Señor Jesucristo, podemos tener descanso en nuestra mente con fe en que nuestro querido Dios cuidará de nuestros problemas, porque ahora ya no es nuestro sino suyo.

Así como los discípulos Pedro, Juan y Jacobo, nosotros también podemos librarnos de todos esos problemas que están al pie de la montaña y dar alabanza y gloria a nuestro Dios en gratitud.

Así era David. A lo largo de toda su vida, él tuvo muchos problemas, conflictos y penalidades. No obstante, él no se dejó llevar por esas dificultades. Al contrario, él siempre estaba con el Señor.

Por eso él podía llevar en su mano el arpa aún en las dificultades y alabar al Señor a lo largo de toda su vida. David no cantaba todas esas canciones teóricamente, las cantaba a través de la experiencia de cómo el Señor de todos sus problemas le ayudaba.

Por eso él dijo en Salmos 23:4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal, alguno porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Debido a su preciosa fe, David pudo luchar audazmente contra el enemigo, para la gloria de Dios.

El Señor Jesús dijo en San Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.

Hay muchas personas que no pueden tener paz en su mente, aunque ellos están sirviendo al Señor tanto como ellos pueden. Sin embargo, si nosotros analizamos que Jesús siempre está con nosotros y que Él es el Señor de nuestras vidas (incluso en los problemas) y si le entregamos cada problema a Él, podremos llevar una vida bendecida que alabe al Señor sin tener en cuenta la situación o problema.

 

 

 

 

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