La Noemí que regresó a Belén
Noemí, suegra de Rut, era una mujer llena de recursos y habilidades. Una vez vivió muy feliz con su familia en Belén, pero un año llegó una gran hambre en aquel lugar. Inmediatamente, Noemí se mudó junto con su marido y sus dos hijos a los campos de Moab, donde la tierra era muy fértil.
Desafortunadamente, poco después, su marido murió. Pero Noemí no era como la mayoría de las mujeres, ella no se desanimó ni se frustró. No quería dejarse caer ante su profundo dolor por demasiado tiempo. Por eso mordió sus labios y avanzó. Casó a sus dos hijos con mujeres moabitas. Esto demostraba su determinación por salir de la angustia y pesar que la muerte de su marido le había causado.
Pero Dios permitió venir más dificultades sobre la vida de Noemí, quien vivía una vida llena de recursos y astucia. Posteriormente, hasta sus dos hijos le fueron quitados. Al final, solamente se quedó con sus dos nueras.
NOEMÍ LA ESTRATÉGICA
En el libro de Génesis, Dios nos muestra la vida de Jacob. A través de la vida de Jacob, podemos ver que él pasó por más problemas y dificultades que cualquiera. Tuvo que huir a tierra de Padán-aram escapando de su hermano mayor Esaú. Allí crió ovejas durante catorce años y soportó mucho trabajo por obtener a su amada Raquel, y también él tuvo dificultades cuando regresaba a casa de su padre, porque detrás de él venía persiguiéndole su tío Labán.
Jacob verdaderamente confrontó muchas situaciones terribles y dolorosas. Aún después de ser recibido por su hermano Esaú, Jacob tuvo que seguir huyendo ya que sus hijos Simeón y Leví mataron a todos los varones de la ciudad de Siquem.
La razón por la que Dios enviaba tantas dificultades a Jacob, era porque él era mucho más táctico que cualquier otra persona y también tenía muchos medios de resolver sus propios problemas. La sabiduría de Jacob le impedía buscar a Dios.
Dios quería que él desechara sus propios medios y que se afirmara con la fe en Él. Sin embargo, Jacob seguía manejando todas las cosas por medio de sus propios recursos, en lugar de depositar su confianza en Dios. Por eso Dios quería trabajar con Jacob interviniéndole continuamente, hasta que él comprendiera que sus maneras y sus propios recursos eran inútiles.
Cuando el hambre llegó a los campos de Canaán, Noemí en vez de haberse ido, ella debió haber buscado a Dios con una actitud así: “Señor, ¿por qué nos has traído esta hambre? ¿Cómo podemos vivir sin comida?”
Pero ella en vez de buscar a Dios, se volvió contra la situación con sus propios medios, tal como lo había hecho Jacob. Noemí era muy experimentada en cuanto a sus propios medios. Sin embargo, Dios estaba en contra de las astutas maneras de Noemí. Por eso Dios preparó más dificultades para ella una vez que llegó a tierra de Moab.
Cuando su esposo Elimelec murió, en medio de su dolor, Noemí debió haber buscado la gracia de Dios y haber dicho: “Señor, ¿cómo podré yo vivir en una tierra desconocida y sin marido? Señor ¿Qué se supone que yo debo hacer ahora? ¡Ten misericordia de mí!”.
Mas Noemí no puso su esperanza en Dios, sino que tras la pérdida de su esposo, su esperanza estaba en sus dos hijos.
Por medio del casamiento de sus hijos, Noemí esperaba tener nietos, para así recuperar el gozo de vivir. Pero esto era la voluntad de Noemí, no la de Dios. Por esto, Dios le quitó hasta sus dos hijos, y así le cortó toda esperanza. Como resultado, Dios la llevó a una situación donde no tenía otra opción más que venir ante Él.
NI MI PALABRA NI MI PREDICACIÓN FUERON CON PALABRAS
PERSUASIVAS DE HUMANA SABIDURÍA
En el libro de Génesis, vemos que Dios plantó el Edén, y puso allí a Adán y Eva, dándoles el mandamiento: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:17).
¿Por qué Adán y Eva tuvieron que morir comiendo el fruto del conocimiento del bien y del mal? La verdad es que si nosotros no poseyéramos el conocimiento del bien y del mal, siempre estaríamos ante Dios, el cual siempre estaría listo a ayudarnos con su misericordia.
Sin embargo, la ciencia del bien y del mal, llegó a la vida de todo ser humano desde el momento en que Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Desde entonces, el hombre empezó a intentar solucionar las situaciones que enfrentaba, no por medio de su fe en Dios, sino por medio de su propia sabiduría.
Si no poseyéramos medios de sabiduría propia, y si no tuviéramos más opción que Dios, no tendríamos los problemas que ahora tenemos, pero si tendríamos sabiduría para enfrentar las cosas por nosotros mismos, no buscaríamos a Dios.
Nuestros propios métodos y medios obstruyen el camino hacia Dios. Así es que muchas personas prefieren solucionar los problemas o situaciones que tienen en la vida usando su propia sabiduría y métodos, en vez de depender de Dios. Entonces así poco a poco, el camino hacia Dios se distancia. Al final, tales almas caerán en eterna destrucción.
Unos diez años después de haber recibido la salvación, un día, una cosa muy sorprendente me ocurrió. Cuando reflexiono sobre el pasado, veo que durante esos diez años me encontré con situación tras situación. Aunque parecía como que todo marchaba bien, y que la manera en que resolvía los asuntos parecía ser muy sabia, cada cosa que traté de resolver usando mi propia sabiduría terminó en fracaso.
Pero por otro lado, cuando yo era confrontado con problemas, para ante los cuales yo ni podía tratarlos, ni les tenía alguna solución, aunque yo caía en desesperación, en ese momento yo rogaba por la misericordia de Dios, y de manera sorprendente, todos esos problemas fueron resueltos por Su gracia de maneras milagrosas. Desde que descubrí esa verdad, a pesar de lo que podía suceder, no trataba de resolver ningún problema por mi manera, aunque el problema fuera serio o no.
Cuando tan solamente pensaba hacer según mi propia manera, hasta miedo ya me daba. “Todo lo que yo he hecho según mis maneras terminó en fracasos. Si yo trato de hacer según mi manera, todo se arruinará.”
Al decirme a mí mismo así, ya no quería hacer nada más por mí mismo. Las cosas que yo debía confrontar estaban más allá de mi capacidad, por eso no tenía opción más que abandonarme a mí mismo.
Pero Dios empezaba a trabajar maravillosamente cada vez desde el momento en que yo me debía rendir. Todas las situaciones imposibles ante las cuales, antes yo me debía hacer responsable, eran resueltas por el Señor. Como resultado, yo pude obtener preciosos testimonios y alabanza a Dios en mi corazón. Siempre que recuerdo las cosas del pasado, no puedo más que alabar a Dios.
El apóstol Pablo era un hombre altamente educado, y muy estudiado, pero él consideró su educación y conocimiento como basura.
En 1 Corintios, capítulo 2, versículos del 1 al 5, Pablo dijo: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”
Es decir, Pablo temía para no caer en su propia sabiduría ni métodos. El comprendió que los frutos de su ministerio se convertirían en suyos, si servía a la congregación usando su sabiduría y medios, pero que serían de Dios si les serviría por medio del poder de Dios. Temía usar de sus medios y sabiduría en su ministerio, él consideró la sabiduría humana y el poder humano como basura.
Aunque nosotros creemos en Dios, cuando ocurre algo en nuestras vidas, no siempre depositamos nuestra confianza de todo nuestro corazón en Él, sino que en vez de creer en Dios, primeramente usamos la sabiduría humana que tenemos en nuestras mentes, y después preferimos manejar nosotros mismos las situaciones por medio de esta manera.
La razón por esto, es que estamos más estrechamente relacionados con la sabiduría humana que con nuestro Dios, quien está lejos en nuestro pensamiento. Aunque creemos confiar en Dios, en realidad, no es así.
Nuestra sabiduría y los medios que usamos para tratar con los problemas comprueba esto. Y esta es la obvia razón por la que Dios no puede trabajar en nuestra vida. Así es que, Dios nos impedirá vivir por medio de nuestro conocimiento, coraje, o medios, y esto es para que nosotros podamos vivir solamente por medio de la fe en Él. Desde el principio, Jehová Dios no quiso que nosotros tuviéramos el conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, los ojos de Adán y Eva fueron abiertos cuando ellos comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Al recibir Adán y Eva el conocimiento del bien y del mal, ellos empezaron a evitar a Dios. Ellos se escondieron entre los árboles del Edén, y se cubrieron con faldas de hojas de higuera. Adán y Eva no querían creer en Dios. Ellos querían vivir de acuerdo a su conocimiento y de acuerdo a sus maneras. Como resultado de esto, la vida de cada ser humano llegó a ser muy pecaminosa.
CREYÓ EN ESPERANZA CONTRA ESPERANZA
Hay una cosa que Dios verdaderamente nos quiere mostrar por medio de la Biblia. El deseo de Su corazón es que nosotros nos presentemos ante Él con fe, y no con nuestra sabiduría, ni medios.
En Romanos, capítulo 4, podemos ver la fe de Abraham, “Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.” (Romanos 4:18,19).
Abraham tuvo que confrontar la realidad de ser igual a un hombre muerto, ya que para entonces tenía cien años de edad, y además, Sara ya había pasado la edad de concebir. Abraham reconoció esta verdad muy bien. Él comprendía la realidad de que: “Sara y yo son muy viejos ya”. Sin embargo, lo que Dios le había prometido fue: “Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” (Génesis 15:5).
Abraham tuvo que luchar interiormente entre lo que él sabía y lo que Dios le prometió. Al final, la lucha terminó con una victoria a favor de la Palabra de Dios dentro del corazón de Abraham.
Abraham desechó su conocimiento, recibido de la presente circunstancia, y puso su confianza en la Palabra de Dios.
No sería problema alguno creer en Dios, si la Palabra de Dios siempre coincidiera con nuestros planes, con nuestros métodos, o que si los mandamientos del Señor fueran iguales a nuestros deseos.
Pero Satanás nos dirige a circunstancias contrarias a la Palabra de Dios, para que no tengamos fe en Dios, y nos engaña haciéndonos pensar que nuestra vida fracasará, o será dañada, si creemos y confiamos en la Palabra de Dios.
De allí en adelante empezamos a usar y a dirigir nuestra vida de acuerdo con nuestro conocimiento y experiencia, y escasamente vivimos por fe en la Palabra de Dios.
A pesar del conocimiento que poseamos, y de la situación que confrontemos, Dios siempre trabajará en nosotros, y se manifestará a través de nosotros con maravilloso poder, mientras tengamos fe en su Palabra.
En estos días, hay muchas personas que creen en Jesucristo y adoran a Dios, pero nunca han experimentado el poder de Dios en sus vidas, la razón por ello es que en sus vidas la Palabra de Dios no tiene prioridad, por encima están sus experiencias y conocimientos, por eso Dios no puede obrar en sus vidas porque siempre que enfrentan un problema, lo manejan por medio de su experiencia o manera, y no con la Palabra de Dios.
Desafortunadamente, Noemí desafió a Dios, y trató deshacerse de sus problemas por sus propios medios y experiencia. Es por eso que Dios siguió permitiendo problemas cada vez más difíciles en la vida de Noemí, para dificultarle el uso de su propia manera. Como resultado, Noemí llegó a una situación en la cual ya no tenía esperanza, solamente tenía sus dos nueras. Luego, Noemí pudo escuchar algo que decía: “…porque oyó que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan.” (Rut 1:6).
En vez de proclamar, “En Belén de Canaán, pasó el hambre, y llegó un año de próspera cosecha”, la Biblia dijo, “El Señor había visitado a su pueblo para darles pan.” Cuando Noemí oyó decir que, “Dios había trabajado”, el Dios que había estado enterrado y escondido dentro de su corazón empezó a revivir.
Si leemos el libro de Rut de principio a fin, podremos ver la verdad que Noemí empezó a tener esperanza en Dios desde ese momento. Cuando Noemí les dijo a sus dos nueras que regresaran a casa, la actitud con la que se los dijo es evidencia de esta verdad. “Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo.”
Hasta ese momento, Noemí solamente tenía sabiduría humana y medios humanos. Pero, al decirle a sus nueras que regresaran a sus casas, ¿qué era lo que ella pretendía? ¿Acaso les estaba sugiriendo alguna gran solución tal como que: “Cuando regresen a sus casas, hagan esto y aquello, trabajen duro y pongan todo el esfuerzo que puedan, y así podrán vivir una vida feliz?” No, no era así.
Lo que sí les dijo fue, “Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido.” Era una petición de parte de Noemí pidiendo que pusieran sus expectativas y esperanzas en Dios.
Desde entonces, la esperanza y expectativa de Noemí ya no estaba en ella, sino estaba en Dios Jehová.
Así, maravillosas cosas empezaron a suceder en su vida. Noemí pudo regresar a Belén. En Belén, su nuera, Rut, se casó con Booz, y dio a luz un hijo.
Cuando ellas regresaron, no tenían nada. Todos los demás habitantes de Belén se deleitaban con las cosechas. Pero Noemí y Rut eran las dignas de lástima que no tenían cosecha que recoger. Pero Dios les proveyó de comida, y hasta una familia con hijos de manera maravillosa. Realmente no fue solo eso, sino que recibieron la bendición de poder tomar parte de la genealogía de Jesucristo.
Hay muchas personas que piensan creer en Dios, pero aún son dirigidos por su propia sabiduría y manera. Ya que no viven con su fe puesta en Dios, igual que Noemí, ellos enfrentan muchas penas y dificultades en sus vidas.
Sabemos que por causa de un accidente inesperado, o enfermedad, aunque previamente hayan vivido una vida saludable y adinerada, hay muchos que caen en una miserable situación en cuestión de instantes. El fracaso en los negocios, la ruptura familiar, y demás cosas, todas son ideadas por Dios para hacernos entender lo inútil que son nuestras maneras.
Dios nos dice que verdaderamente anhela que desechemos nuestros métodos, aunque pueda parecer muy absurdo. Él quiere que vivamos con nuestra fe puesta solamente en Él.
Hoy, en este mundo, la gente dice creer en Dios. Pero todavía ellos están luchando con gran pesar ante las dificultades que se les presentan, esto es porque todavía no han recibido la gracia de Dios.
Aún ahora, Dios nos quiere dirigir así como dirigió a Noemí quien siempre vivía según su propia sabiduría y manera. Cuando Dios nos creó en el jardín del Edén, nos creó para que viviéramos con la fe en Él, no con nuestros recursos ni sabiduría.
Sin embargo, después que Adán y Eva comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, la humanidad llegó a poseer su propia sabiduría y manera, reemplazando la fe en Dios con tales cosas. Como resultado de eso, la vida de cada ser humano llegó a ser malvada y miserable aún a pesar de su mucha sabiduría.
Ahora, así como Noemí puso su fe y confianza en Dios, yo quiero que todos ustedes también desechen su sabiduría y maneras, y pongan su esperanza solo en Él.
Si dependemos solamente de Dios, entonces, el jardín del Edén que se perdió se restaurará, y nuevamente podremos recuperar la fe en Dios que perdimos dentro de nuestros corazones. Luego, Dios se encargará de todos nuestros problemas y dificultades, nos guiará a su gracia y nos guardará bajo su bendición.