El nos dio vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados
Hoy en día la mayoría de la gente no percibe estar mueta en espíritu y tampoco perciben pertenecerle a Satanás. Por eso, quienes son engañados por Satanás, caen en el ingenuo pensamiento que dice: “aunque en mi vida todavía cometo pecados, iré al cielo por la gracia de Dios siempre y cuando me esfuerce por guardar los mandamientos y por vivir una vida buena de acuerdo con la Palabra de Dios”.
Pero como podemos ver en la Biblia, todos estamos muertos ante la perspectiva de Dios a menos que la vida de Jesucristo entre en nuestro corazón. Por ende, nada de lo que nosotros hagamos nos puede ayudar a nacer de nuevo.
TODOS ESTOS ÁRBOLES EESTÁN MUERTO
La Biblia dice en Efesios 2:1, “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
Lo que esta escritura significa para nosotros, es que antes de haber nacido de nuevo recibiendo el perdón del pecado, todos nosotros estábamos muertos ante los ojos de Dios, aunque pueda ser que nos hayamos esforzado por vivir una vida buena de todo corazón.
Una vez transplantamos unos árboles de pino que rodeaban nuestro Centro de Retiros en la montaña. Con el fin de hacer un estanque de agua, debíamos eliminar algunos árboles de pino.
Aunque obtuvimos el permiso necesario de parte del Departamento Forestal, los árboles nos eran demasiado buenos como para destruirlos.
Por eso, decidimos transplantar los árboles al otro lado del Centro de Retiros. Realmente no fue fácil transplantar árboles tan grandes. Primero los desarraigamos con una excavadora y después estiramos con una soga alrededor de las raíces para poder conservar la tierra que las cubrían. Al final todos esos inmensos árboles pudieron ser transplantados por medio del esfuerzo en equipo de muchos hermanos. Claro, también no se nos olvidó remover la tierra de los nuevos hoyos antes de transplantar los árboles, ni tampoco se nos olvidó colocar soportes de madera tras transplantar los árboles.
Después de haber transplantado unos 20 árboles de esta manera, nos sentíamos extremadamente satisfechos. Adeás, todos los árboles lucían muy saludables a nuestros ojos.
Un tiempo después, un oficial del Departamento Forestal vino a nuestro Centro de Retiros. Miró hacia los árboles que habíamos transplantado, y se rió.
Nosotros no sabíamos por qué se reía. Después nos preguntó: “¿Quién transplantó estos árboles?”, nosotros le dijimos: “Nosotros mismos.” él volvió a decirnos: “¿Ustedes creen que estos árboles están vivos?” nosotros le respondimos: “¡Sí, claro! No hace mucho transplantamos los pinares de nueces y están creciendo saludablemente hasta ahora”
Pero, él inesperadamente nos dijo: “Los pinares de nueces sobrevivirían a como sea, pero un árbol de pino es totalmente diferente. Cuando uno transplanta un árbol de pino, se debe mantener la orientación que tenía antes. Es decir, las ramas que estaban extendidas hacia el norte deben ser colocadas hacia el norte, y las que estaban hacia el sur, deben también quedar en dirección al sur. Como a estos árboles no se les colocó en su dirección apropiada, todos están muertos”.
No podíamos creer lo que nos dijo. Pero después de irse él, con el paso del tiempo todos los árboles de pino empezaron a marchitarse. Al final todos murieron.
Lo que sucedió con esos árboles de pino me hizo pensar profundamente. Desde nuestro punto de vista, esos árboles estaban vivos, por eso hacíamos lo más que podíamos por cuidar de ellos.
Pero cuando el oficial del Departamento Forestal vio los árboles, para él ya todos estaban muertos. Aunque por algún tiempo las hojas se veían verdes y frescas, al final todos se murieron.
El mundo de la fe es muy parecido. Ante la vista de Dios, todos estábamos muertos antes de nacer de nuevo. Sin embargo, la mayoría de las personas tienen un punto de vista diferente desde el principio. Por ende, ellos creen que podrán lograr algo si ponen todo su esfuerzo físico.
En nuestros días, sin haber experimentado el nacer de nuevo, un gran número de personas creen que son cristianos porque asisten a la iglesia. Lo que es más, creen que recibirán el galardón celestial con tal que le sirvan al Señor. Y sin embargo, de acuerdo con la palabra de Dios en Efesios 2:1, estamos muertos a menos que regresemos a la vida por medio de Jesucristo.
¿Qué podía hacer Lázaro muerto por volver a la vida al yacer acostado en la tumba? Por más que escudriñemos, no vamos a encontrar registro alguno en San Juan capítulo 11 que diga que Lázaro hiciera algo por hacerse volver a la vida.
Lo único que su cuerpo hacía era simplemente estarse pudriendo en la tumba. Pero sus dos hermanas habían informado a Jesucristo de la enfermedad que tenía su hermano Lázaro y le habían solicitado venir apresuradamente. Jesús vino a la tumba, hizo quitar la piedra, y dijo: “¡Lázaro, sal fuera!” La palabra de nuestro Señor Jesucristo entró en Lázaro el muerto y le trajo a vida.
CUALQUIER COSA QUE HAYAMOS HECHO ANTES
Hay multitudes de personas que creen que para nacer de nuevo tienen que esforzarse por hacer algo, como por ejemplo, orar fervientemente, o ayunar continuamente. En realidad no hay nada que nosotros podamos hacer para nacer de nuevo. ¿Entonces quién es el que debe trabajar por su salvación?
Tenemos que entender que la salvación se puede recibir solamente por medio de la obra de Cristo Jesús, y no por alguna obra humana. Por ende, quien desee nacer de nuevo debe comprender una obvia verdad.
Esa verdad es que nosotros debemos desechar todo lo que hayamos hecho antes por nosotros mismos. Por ejemplo; sinceras oraciones, fiel lectura de la Biblia, evangelismo entusiasta, y cosas semejantes. Y es entonces que necesitamos descubrir lo que nuestro Señor Jesús hizo por nosotros. Lázaro no oró rogando, ni trabajó por sí mismo por volver a la vida. Jesucristo vino a la tumba, removió la piedra, y le dijo: “¡Lázaro, sal fuera!” Las palabras de Jesucristo trajeron a Lázaro de muerte a vida.
De igual manera, aún en estos días, solamente la obra de nuestro Señor Jesucristo nos puede traer a la vida. Cualquier cosa que hayamos hecho antes de haber nacido de nuevo, es sin valor ante Dios. Claro, la gente puede leer la Biblia u orar diligentemente, aún antes de nacer de nuevo.
La gente las podrá considerar ser buenas obras, pero todas esas cosas que hicimos antes no son de valor ante la perspectiva de Dios. Dios simplemente las consideraría como obras inútiles de muertos.
Hay muchos que creen merecer ir al cielo porque oran o evangelizan con mucho entusiasmo. Esto es una idea muy equivocada, ya que no podemos nacer de nuevo por medio de cosas que nosotros hayamos hecho.
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” (Efesios 2:1)
Si no nos esforzáramos por volver a la vida por nosotros mismos, Jesús nos traería a vida. Igual como a Lázaro, que nada hizo para volver a la vida. Él solamente fue resucitado por Jesús. La obra de generar vida, solamente la puede hacer uno que vive, y no por un muerto. Es por eso que cualquier cosa que hicimos antes es inútil. En San Mateo capítulo 7:22-23.
Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad”.
Lo que estas escrituras nos dicen es que hay un gran número de personas que actúan como profetas, echan fuera demonios, y hacen muchos milagros, a pesar de no ser ni siquiera un nacido de nuevo.
Lo que hacen, es precisamente establecer su propia justicia por medio de las cosas que hicieron para sí. Como resultado llegaron a creer que todas las cosas que hicieron antes les serían de ayuda para hacerles entrar al cielo.
Desafortunadamente, esa es la más ingenua forma de pensar. Nada de lo que hayamos hecho en el pasado nos puede ayudar para ir al cielo, ni para nacer de nuevo.
Hay muchos que piensan así: “Yo definitivamente voy para el cielo porque estoy sirviendo tanto a Dios. Estoy seguro que nací de nuevo porque sino, ¿cómo podría yo servirle así a Dios?”.
El nacer de nuevo no es asunto que se pueda lograr por nuestra obra o esfuerzo. Aunque intentáramos llevar una buena vida de acuerdo con la Palabra de Dios u obedecer los mandamientos durante nuestra vida, todas esas obras serían inútiles ante Dios.
En base a esto, la fe genuina no implica que nosotros debamos hacer algo por nosotros mismos, sino mas bien que solamente necesitamos recibir lo que Jesús hizo por nosotros.
Es absolutamente erróneo pensar que Dios me bendecirá por haber hecho muchas obras. Aunque hiciéramos milagros, echáramos fuera demonios, profetizáramos, y hasta ayudáramos a los pobres, todas esas obras nuestras y esfuerzos no significarían nada para Dios.
Cuando nosotros nos tengamos que presentar ante Dios, lo único que necesitamos presentar ante Él para ser aceptados es lo que nuestro Señor Jesucristo hizo por nosotros. Es decir, lo único que podremos traer con nosotros aquel día es la verdadera fe: “¡Señor lo que Jesucristo hizo por mí se ha convertido en mi justicia!”
Por eso nosotros debemos percibir, que Dios no puede aceptar nada hecho por muertos.
EN TIEMPOS PASADOS CUANDO PERTENECÍAMOS A SATANÁS
La Biblia sigue diciendo en Efesios 2: “en los cuales anduvisteis en otro tiempo siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia...”.
La frase, “...en otro tiempo...”, es decir, antes de nacer de nuevo, significa que la vida de Jesucristo aún no entraba en el corazón. En el mundo hay dos espíritus, uno es el Espíritu de Dios y el otro es el de Satanás.
Hay un ejemplo de esto en el libro de Éxodo. Cuando los israelitas eran esclavos de Faraón en Egipto.
A pesar de lo mucho que los israelitas se esforzaban en su situación, no hacían más que construir las ciudades de almacenaje de Pitón y Ramesés para el Faraón. En otras palabras, a pesar de todo su esfuerzo, lo que ellos hacían no era para su beneficio propio, sino que solamente era para la ganancia de Faraón. Aunque se esforzaban por hacer los ladrillos, y construir el palacio lo mejor que podían, lo que construían los israelitas, no era un templo de Dios.
De igual manera, desde que Adán y Eva desobedecieron, se rebelaron y le dieron la espalda a Dios, todo ser humano llegó a pertenecerle a Satanás.
Seguramente habrá alguno que dirá: “no, eso es llevar las cosas demasiado lejos, pues para mencionar sólo algunas de las cosas buenas que hice, toda mi vida me esforcé por hacer el bien y hasta ayudé a los pobres en lo más que pude. ¿Y usted me dice que todo eso no tiene valor alguno ante Dios?”.
Sin embargo, mientras vivimos siendo esclavos del príncipe de la potestad del aire, lo único que podemos hacer es ir contra Dios y convertirnos en enemigo suyo.
En Romanos 8:7 está escrito, “Por cuanto los designos de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”.
Al estar en la carne, o sea antes de que nazcamos de nuevo, tiempo en que le pertenecíamos a Satanás, todo lo que hacíamos era para Satanás y no para Dios, aunque hayamos creído que eran buenas obras lo que hacíamos para Dios.
Es por eso que Dios primero debía librarnos a nosotros, que nos hallábamos impotentes ante Satanás y que no podíamos más que rebelarnos contra Dios bajo su dominio. La única obra hermosa ante los ojos de Dios fue la del Señor Jesús a favor del hombre.
Así como Lázaro no podía hacer cosa alguna por volver de la tumba a la vida, y así como todo lo que los israelitas hacían en Egipto, era para Faraón y no para Dios, así también todo lo que nosotros hicimos hasta antes de nacer de nuevo es inútil y sin valor ante Dios, aunque nos hubiera parecido algo bueno a nuestros propios ojos.
Por eso la Biblia dice en Efesios capítulo 2 que antes de haber nacido de nuevo, nos hallábamos muertos, seguimos a Satanás, andábamos en pos de los deseos de la carne y de los pensamientos, y que éramos por naturaleza hijos de ira.
Pero Dios, que es rico en misericordia nos dio vida juntamente con Cristo cuando estábamos muertos en pecados. El resultado de haber sido engañados por Satanás, es que la gente cree que todo lo que hace es bueno ante su propia mirada, y muchos también creen que Dios lo mira igual que ellos.
Pero cualquier cosa que un muerto hiciera para Dios es sin valor ante Él. Dios mira lo que Jesucristo hizo por el ser humano como la única viva y verdadera obra. ¿Qué podemos hacer nosotros, que nos encontrábamos muertos en delitos y pecados, para volver a la vida y para sentarnos en los lugares celestiales con Cristo?
SI TENEMOS AUN UN POCO DE EXPECTATIVA
PUESTA EN LO QUE HICIMOS
La vida en la que se puede disfrutar de la gloria celestial se puede lograr solamente por medio de la obra completa de Jesucristo. Ni siquiera un por ciento de nuestra obra ayudó a Cristo en cumplir su obra. Ni hace falta decir que nosotros podríamos poner nuestro esfuerzo y diligencia, esto no significa que vayamos a recibir la salvación gracias a eso, ni que Dios se vaya a agradar por nuestro esfuerzo. ¡Qué abominable!
Hoy en día, la gran mayoría de las personas no reconocen estar muertos en espíritu ante Dios y tampoco reconocen que son de Satanás.
Por eso, quienes son engañados por Satanás, caen en el ingenuo pensamiento de que: “aunque todavía cometo pecados en mi vida, me iré al cielo por la gracia de Dios siempre y cuando me esfuerce por cumplir la ley, y lleve una buena vida de acuerdo a lo que la Biblia enseña”.
Sin embargo, como leemos en la Biblia, dice que todos estamos muertos desde la perspectiva de Dios a menos que la vida de Jesucristo entre en nuestro corazón. Por ende, cualquier cosa que nosotros hagamos no nos puede ayudar a nacer de nuevo.
Los pinos que transplantamos, a nosotros nos lucían muy bien, pero todos estaban muertos desde tiempo atrás ante la perspectiva del oficial del Departamento Forestal. De la misma manera, cuando Dios nos mira, todos nosotros estamos muertos desde el principio.
Aunque el resultado de nuestras obras haya sido bueno o no, todo lo que hacemos simplemente es obra de muerte. Aparte de la obra de Jesucristo, todo es inútil ante Dios. Esta verdad nos explica claramente el por qué debemos depender y mirar solamente la obra de Jesús. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe...” (Efesios 2:8)
En este versículo sale la palabra “fe”. La fe no significa que yo tenga que hacer algo diligente. La palabra “fe” significa de que uno debe recibir lo que Jesús ha hecho en lugar mío, ya que mis obras son inútiles ante Él.
Hoy en día muchas personase entienden mal la palabra “fe”. Muchos piensan que la fe significa que uno mismo debe cumplir la palabra de Dios en sus vidas.
Sin embargo, eso no es fe. La fe en Jesucristo es aceptar lo que Cristo había hecho por mí. La verdadera fe es aceptar el castigo del pecado que Jesús había recibido en la cruz.
Para nacer de nuevo, no debemos obrar sino desechar toda obra que hemos hecho, aceptando lo que Dios ha hecho por nosotros. No podemos poner ni siquiera un solo por ciento de nuestra obra o esfuerzo en la obra de Jesucristo para presentarnos ante Dios.
Si esperamos algo de nuestras obras debemos entender que esa actitud viene de la incredulidad que tenemos en Jesucristo. Si las personas tienen esperanza en sí mismos, ellos están llevando una vida de fe errónea.
En aquel día cuando estemos ante el juicio de Dios apoyando la obra de Jesucristo y cuando estemos proclamando: “Oh Dios, yo soy un siervo inútil, pero Jesucristo lo hizo todo por mí”. Dios estará muy alegre de recibirnos.
Pero, si cualquiera que esté ante Dios con la actitud de presentar su propia obra como las personas que sale en San Mateo capítulo 7:22, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Ninguno de ellos tendrán excusa, sino que serán desechados a la eterna destrucción. No tendrán ninguna oportunidad sino que escucharán lo que Jesús dijo en San Mateo capítulo 7:23, “Nunca os conocí; apartaos de mí hacedores de maldad.”