Preguntas y respuestas
Dios dijo que el hombre no puede hacer ningún bien porque en nosotros siempre hay maldad. Sin embargo, en otras partes de la Biblia, Dios nos pide hacer el bien. Quiero que me explique detalladamente, ¿qué significa esto?
En todas las personas tenemos el instinto de no querer la maldad y el querer lo bueno. Casi todas las personas escuchan desde muy pequeños, que deben hacer el bien.
Por eso las personas tratan de vivir haciendo lo bueno. Podemos observar que el idealismo de rechazar la maldad y adoptar lo bueno nos estimula naturalmente en nuestra vida.
El juicio del bien y el mal es diferente en cada persona, según su raza, por la ubicación geográfica, por el proceso y ambiente de crianza, etc. Además, las normas de lo correcto y lo incorrecto varía con el pasar de los tiempos porque la norma del juicio es inconstante. Algo que es cambiante no puede ser la norma para distinguir, no se puede tomarse como un juicio exacto. Es por eso que es necesario encontrar la norma de lo que es verdadero en la Palabra de Dios. La Biblia dice así acerca de la maldad:
“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos”. (Jeremías 2:19)
En Génesis 6:5, dice: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.
Esto quiere decir que dentro del corazón de los hombres solo hay maldad y que nadie es capaz de hacer el bien. Dios comprobó esta realidad a través de los mandamientos. En Génesis capítulo 12 Dios le había dicho a Abram: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”.
Podemos ver que Abram obedeció a la palabra de Dios y entró a la tierra de Canaán. Pero un día él descendió a Egipto porque grande era el hambre en la tierra, así Abram olvidó la promesa de Dios.
En Lucas capítulo 15 también está escrito la parábola del hijo pródigo, la vida del hijo menor es que él había sido llevado por sus ambiciones, él pidió a su padre los bienes que le correspondían. Así en muchas partes más de la Biblia aparecen historias de quienes dejan a Dios.
EL SER HUMANO QUE SIEMPRE ES MALO
A través de estas palabras Dios quiere enseñarnos que somos tan malignos que en cualquier momento somos capaces de dejar a Dios. Tantas veces nos olvidamos de Dios en nuestra vida que conociendo la ley que dice: “No codiciarás”, nos olvidamos fácilmente la ley de Dios al ver algo que nos gusta.
También dice que no debemos enojarnos pero cuando somos tratados injustamente no somos capaces de abstenernos. Por eso Dios dice que nuestra generación es maligna.
Si sembramos semilla de manzana cosecharemos manzana, y si sembramos semilla de uvas cosecharemos uvas, así también nosotros como somos una generación de malignos, todo fruto que produzcamos será también maligno.
Un día, una anciana de 70 años de edad, donó cinco mil millones a una escuela, ella solamente vendía una comida tradicional coreana llamada kimbab (un bocado salado, similar a una empanada). Realmente no sería una exageración decir que la anciana donó su vida entera. Nadie diría que esa abuela fuera una persona mala, pero Dios no la ve de esa manera. Los cinco mil millones que donó, beneficia su justicia humana.
Como está escrito en Job capítulo 35:8: “...Y al hijo de hombre aprovechará tu justicia”.
Esto significa, que así como todas las demás personas son malas, esta abuela también es mala, verdaderamente no hay ningún bien dentro de ella. Porque Dios ve el centro del corazón, y no ve solamente la apariencia, las personas solo ven la apariencia.
En Jeremías 17:9 Dios dice que: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso...”.
El corazón del hombre está lleno de pensamientos malignos, deseos de matar, ambiciones, deseos de adulterar, de engañar, estropear, soberbia, etc. Dentro del corazón de ésta abuela también está lleno de las cosas engañosas y perversas.
En Lucas capítulo 18, un hombre principal le preguntó a Jesús diciendo, “...Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo que: “ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. Cumple los mandamientos: no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falsos testimonios; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: “todo esto lo he guardado desde mi juventud”.
El joven rico respondió así porque aún no conocía su origen. Por eso pensaba que él mismo era bueno y que haciendo más cosas buenas podría llegar a obtener la vida eterna.
Pero el Señor Jesucristo oyendo esto, dijo: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el reino de los cielos; y ven, sígueme”.
Jesús deseaba enseñarle al joven, que él era una persona que amaba sus bienes más que a Dios. Delante de estas palabras el joven rico se entristeció mucho y se marchó de nuestro Señor Jesús preocupado.
Antes de esta historia, es decir, en el mismo capítulo de San Lucas 18 sale la parábola del fariseo y del publicano que subieron juntos al templo a orar.
El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano”. Este hombre fariseo pensaba que era más justo que el publicano.
“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador”.
El publicano confesó que él era pecador delante de Dios y después de eso él pidió misericordia. Dios se agradó por la oración del publicano y lo justificó, porque así como él se expreso en su oración, el ser humano siempre es maligno.
LA OBRA HECHA POR FE
¿Por qué nos dice Dios que hagamos el bien? ¿Cómo podremos hacer el bien si siempre somos malignos?
En Jeremías capítulo 13:23 dice: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?”
Así también, Dios conoce mejor que nadie el hecho de que nosotros no podemos hacer ningún bien, nuestro Dios sabe que el hombre está habituado a hacer el mal. Por eso, el Señor no nos puede pedir a hacer ningún bien por nosotros mismos.
Mas Dios Jehová nos dejó en medio del pecado para que reconozcamos dentro de ello nuestra maldad y volvamos nuestro corazón hacia Dios. En ese momento Dios nos da de la justicia que él preparó. La voluntad y el deseo de Dios es que con Su justicia hagamos el bien. A través del libro de Miqueas Dios nos demostró el bien que quiere que hagamos.
“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. (Miqueas 6:6-8)
El bien que Dios nos pide es, solamente hacer justicia, amar misericordia, y humillarnos ante Él. Este es el bien que Dios nos pide hacer a nosotros, quienes tenemos siempre el mal. Dios manifestó su amor a través de su hijo primogénito, nuestro Señor Jesús.
DIOS QUERÍA SALVARNOS DEL PECADO
A través de la sangre sagrada de Jesús. Dios hizo que Jesús cargara todo nuestro pecado, Jesús que no conocía lo que era el pecado, murió en la cruz. De esta manera el Señor probó su amor para con nosotros y quiere que nosotros le aceptemos por fe para compartir en comunión con Él. Quien quiera que reciba el corazón de Dios, Su voluntad, su corazón cambiará y podrá hacer el bien humildemente.
Pedro quién había negado a nuestro Señor Jesús, después de haber experimentado el amor de Dios cambió totalmente. Una vez Pedro había confesado delante de Jesús que entregaría su vida por Él, pero él le negó tres veces antes de que el gallo cantara. ¿Cómo él se habrá sentido en ese momento?
En la Palabra de Dios está escrito que Pedro lloró en alta voz, seguramente él se odió a sí mismo. Pedro por primera vez, pudo verse a sí mismo, pudo ver lo malo que él era delante de Jesús.
Pasado algún tiempo, Jesús resucitó de la tumba, y se manifestó ante sus discípulos. Mas Jesús no le condenó ni se mostró molesto con Pedro, y cuando Jesús se apareció por tercera vez ante los discípulos, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Pedro le respondió sin duda alguna: “Sí Señor; tú sabes que te amo”.
Pedro, quién había negado a Jesús tres veces pudo responderle así porque él había descubierto que el amor de Dios había sido derramado en él sin importar su aspecto. Por eso pudo hacer dicha confesión, sin tener en cuenta su maldad. Pedro amaba a Jesús, porque descubrió que nuestro Señor Jesucristo le amaba verdaderamente. Jesús volvió a preguntarle dos veces más y las dos veces le volvió a responder: “Sí Señor; tú sabes que te amo”.
Así como Abraham no tenía nada propio en cuanto a obras de qué jactarse, de igual manera Pedro no se jactó de sus obras; él solamente se enorgullecía del amor y la misericordia de Dios. Y finalmente pudo demostrar la justicia de Dios en su vida al estar en compañía de Dios con humildad. Igual como lo sucedido a Pedro, el amor hacia Dios no puede salir de nosotros mismos.
Como la Luna no tiene luz propia, sino que debe recibir la luz del Sol, así también nosotros mismos no podemos hacer ningún bien; debemos recibir del amor de Dios para poder hacer el bien que Dios nos pide.
Es decir, solamente las personas que han sido iluminadas por el amor de Dios pueden llegar a hacer el bien que Dios desea. El bien que Dios nos pide hacer, no se logra con nuestras obras. Sino que se logra solamente por medio de la fe que tenemos hacia Dios.
Para concluir, el bien que manifestaremos, es el bien de Dios, que recibimos a través de la justicia y el gran amor que nos es revelado por medio del evangelio.