Última Actualización: Enero de 2008

Sermones

La paz de Jesucristo


EL SUICIDIO DE UN BANQUERO

No hace mucho tiempo atrás, un banquero de la clase alta se suicidó. Sus últimas palabras para sus hijas fueron: “No vivan sus vidas como yo la viví”, y luego se suicidó. El evento más grandioso en la vida de un joven podría ser aquel que vive cuando clasifica en una entrevista para ser cajero de un banco.

Pero tal felicidad solamente dura un tiempo, porque entonces se entra en la competencia por ascender de cajero a gerente asistente, de allí a supervisor del departamento, hasta que por fin al ensoñado puesto como gerente de la sucursal.
Uno creería que una persona que goza de tal puesto será una persona siempre feliz y alegre, sin embargo, ¿Por qué es que una persona en tan alto puesto se suicidaría?

Muchas personas creen que el tener un alto puesto dentro de la sociedad o lograr el éxito les dará felicidad y reposo, pero realmente no es así.

Un conductor de taxi podría trabajar largas horas, desde al amanecer hasta muy altas horas de la noche, con el fin de llegar a convertirse en un taxista privado, lo cual le permitiría más tiempo libre y el poder trabajar según su propio horario. Cuando tal sueño se convierte en realidad, a pesar de que su nuevo trabajo le pueda permitir más tiempo libre que el anterior, ello tampoco les da la verdadera felicidad y reposo.

La esperanza de los jóvenes hoy en día es la de sacar buenas calificaciones y así poder entrar en una buena universidad, pero también esto resulta ser un objetivo equivocado.
No es el sacar buenas calificaciones lo que le puede dar felicidad y tranquilidad a un joven; de hecho resulta que la mayoría de las veces son los que sobresalen, pero realmente son los que más sufren y tienen más razones por preocuparse.

Hace unos años atrás un estudiante de secundaria en la ciudad de Iksan se suicidó. Él tenía el mejor promedio en todas las materias de su escuela. Pero en su carta de despedida él dijo: “Hasta ahora he salido bien en todo, pero ya no creo que pueda continuar haciéndolo igual.”

Luego terminó con su vida. Aunque era el número uno en toda la escuela, su status no le podía dar felicidad. A fin de cuentas, teniendo tantas cargas, ya no podía tener tranquilidad, así es que se mató.

Muchos jóvenes que hoy en día viven una vida espiritual, también pueden tener un deseo de llegar a ser un famoso predicador del evangelio. El pastor Paul Teleki fue un famoso teólogo y filósofo alemán. Nació como hijo de pastor, y a muy temprana edad tomó el mismo rumbo que toman los estudiantes seminaristas por convertirse en un famoso teólogo.

Teleki fue a los Estados Unidos y llegó a ser un gran predicador de avivamientos que inspiraba a muchos. Sin embargo, la vida personal de Teleki era muy desordenada. Es decir, aunque fue un famosísimo teólogo y filósofo, Teleki no se sentía satisfecho de su vida.

Así es que, con el fin de llenar el vacío en su corazón, él se entregó a los placeres del mundo. Su buena posición, abundante estilo de vida, y cómodas condiciones de vivir no le daban paz. Si fueran tales condiciones las que le pudieran dar reposo y tranquilidad, ¿por qué cometerían suicidio un banquero y un excelente estudiante? ¿por qué viviría un famoso filósofo una vida de disipación?

La razón es que ni sus sueños ni sus más altas expectativas de la vida le pudieron dar verdadero reposo. Al final es evidente que el verdadero reposo no se obtiene por medio de una cierta posición ni circunstancia.

La verdadera felicidad y el verdadero reposo está solo en Jesús. Podemos tener verdadero reposo al regresar a Jesucristo, y al vivir por fe. Nuestros cuerpos podrán estar encarcelados pero al estar en Jesús tendremos gozo y paz en nuestro corazón.


YO ESPERARÉ EN JEHOVÁ

En Lucas capítulo 15, el hijo pródigo halla felicidad y reposo al regresar a la casa de su padre. Además de esto, halló allí la misericordia y compasión de su padre junto con una abundancia de comida.

Mientas tanto el hijo pródigo estaba sin su padre, el padecía dolor, sufrimiento, necesidad, y muerte. Pero al permanecer con su padre, el hijo pródigo vivía sin necesidades, en paz y felicidad.

Sin embargo, en el momento en que él se alejó de su padre también dejó atrás la alegría, la felicidad y la misericordia y compasión de su padre. Al vivir una vida de hijo pródigo, se vive solo, y cada día se encuentra bajo angustia. En esa vida nadie imparte compasión. Es una vida que cada vez se acerca más hacia la muerte. Al suceder esto es cuando el hijo pródigo se acordó de su padre y volvió a él.

El hijo pródigo era un hijo inútil, pero al volver a su padre, pudo recibir de su misericordia.

De parte de su padre pudo recibir comida y también felicidad. De la misma manera, cuando nosotros abandonamos al Señor, creemos tener algo, pero lo que poseemos no nos puede dar ningún descanso ni felicidad. Mas bien resulta lo contrario.

Aunque yo no tenga nada, pero si yo estoy en el Padre, entonces puedo tener su gozo. Su reposo es el mío, y su comida se convierte en la mía también.

Es por esto que Isaías dice: "Esperaré pues, a Jehová el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y en él confiaré” (Isaías 8:17).

Dios castigó a los rebeldes israelitas y los dejó ser vendidos a Babilonia. Sin embargo, a pesar de que Él se esconda de la casa de Jacob, Isaías dice que esperará en el Señor y confiará en Él. Aunque Él me disciplinara, podré experimentar su compasión y consolación entretanto que yo esperé en Él y le busque a Él.

Sin importar que tan difícil sea la circunstancia, si tan solo permanecemos en el Señor podremos recibir de su reposo y felicidad. Pero si nos distanciamos de Él, el reposo que una vez tuvimos ya no estará allí. Tampoco podremos disfrutar más de su comida en abundancia.

Es por eso que las personas sabias ignoran las situaciones que tienen a mano y buscan a Dios. Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía. Tales comidas y bebidas eran apetecidas por todo el pueblo de Babilonia.

Uno debía ser de muy altos credenciales para poder comer de esas delicias y beber del vino real, ya que tales representan a aquellos del mundo quienes poseen de todo para satisfacerse a sí mismos.

Pero Daniel rechazó las delicias del rey. Al distanciarse de Dios, la gente comienza a escoger de la porción del rey y de su vino, creyendo que estas cosas les hará felices. Pero esas cosas no les harán ser felices. La gente busca descansar por medio de ciertas situaciones, pero no es una circunstancia lo que nos puede dar paz.

Así es que nuestra felicidad, nuestro gozo y verdadero reposo no depende de condición alguna, sino que estas cosas se hallan en Jesucristo. Es por esto que nuestro vivir cerca del Señor resulta más valioso que tesoro alguno y situación alguna que enfrentemos.

El pensar en el Señor, el buscarle a Él, el agradarle a Él es lo que anhelaremos. Daniel era el gobernante sobre Babilonia en tiempos del reinado de Darío. Este rey quería ciento veinte sátrapas y tres gobernadores que reinaran sobre el reino. Daniel era el más distinguido de entre todo el grupo. De hecho, el rey puso a Daniel por regidor sobre todo su reino.

Un día Daniel, quién ocupaba un puesto tan elevado, fue puesto a prueba. Los envidiosos gobernadores y sátrapas erigieron una estatua, declarando en un edicto real que quienes oraran a otro dios u otro que no fuera el rey durante los próximos 30 días serán echados al foso de los leones. Cuando Daniel supo que el decreto había sido firmado, volvió a su casa. Pero tal como lo acostumbraba hacer cada día, Daniel entró a su aposento alto, y abiertas sus ventanas con vista hacia Jerusalén, se postró y oró tres veces ante Dios ese día, alabando y dando gracias.

El ser gobernador a Daniel es algo que le pudo haber dado felicidad y reposo. Pero todavía Daniel escogió agradar a su Señor Dios, y siguió demostrándole su agradecimiento, y a pesar que esto le podría haber significado ser arrojado dentro del foso de leones, Daniel no perdió la paz y el gozo que tenía en su Dios.

Aunque Daniel fue arrojado dentro del foso de los leones, aquella circunstancia no quebrantó la paz que tenía, sino que el estar en el foso de los leones más bien a Daniel le hizo conocer lo mucho que Dios le amaba, y cuán perfectamente le protegía.

A través de esta experiencia, Daniel llegó a tener una mayor gratitud hacia Dios.


PAZ QUE BROTA DEL INTERIOR

Hay muchas citas en la Biblia que nos muestran que no es ni la buena posición que uno pudiera ocupar dentro de la sociedad, ni tampoco la posesión monetaria, lo que nos puede dar reposo.

En el libro de 1º de Samuel 25 aparece Nabal, un hombre muy rico. El día que esquilaba sus ovejas, Nabal tuvo un gran banquete como si fuera un rey, y se embriagó. Nabal tenía una esposa muy sabia y hermosa. Nabal realmente tenía todo, excepto a Cristo.

Nabal menospreció e ignoró a David, y por medio de su actitud podemos descubrir cuál era también su actitud hacia Cristo. Él no amaba a Dios, ni tenía interés alguno en las cosas de Dios. Aunque Nabal parecía tenerlo todo, cuando Dios lo hirió murió a muy temprana edad.

Nabal no tenía a Dios en su vida, por eso es que Nabal no tenía ni reposo ni pudo tener felicidad.
En la Biblia dice que el día en que Nabal murió desmayó su corazón, y se quedó como una piedra.

Quienes aman a Dios, a pesar de las situaciones que confronten, jamás vivirán como Nabal. Ellos vivirán una vida que se basa en la felicidad y en el gozo que Dios les da.

Los santos de hoy en día deben mirar hacia Dios, y aprender los caminos que a Dios le son agradables, porque la verdadera felicidad y el descanso proceden de Él. Dios siempre debe ser el primero en la vida de quienes le buscan y se apoyan en Él, sin importar lo mejor que el mundo nos tenga que ofrecer.

Salmo capitulo 137:6 dice: “Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; Si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.”
Dios tiene que sernos más precioso que cualquier cosa preciada; si la gente no estima a Dios, significa que aceptan la maldición venidera. El mismo hecho de no buscar a Dios en sí es maldición. Si no le buscamos, tampoco debemos esperar ser felices, descansar ni sentirnos gozosos.

Hay un artista que hizo una ilustración donde la rama de un árbol colgaba sobre la cima de una catarata, y una ave había hecho su nido en la punta de esa rama. A primera impresión esa vista pareciera que la más leve brisa podría botar el nido por el precipicio sin fin.

Pero adentro del nido se aprecian las avecillas muy cómodas y llenas de paz. El escenario que dibujó ese artista es uno de peligro, inestabilidad, temor, y destrucción eminente, pero el artista revela la imagen de pequeñas avecillas viviendo cómodamente en el nido.

Una escena tal como la que rodeaba a esos pequeñuelos no les robaba la tranquilidad que tenían en su corazón, porque la paz viene de lo interior. Si la paz de nuestro Señor Jesucristo está dentro de nosotros, entonces podemos permanecer contentos aún si terminaríamos en la cárcel, o acostados sobre una camilla de hospital, o en extrema pobreza, porque Dios está con nosotros.
Mas si no tenemos a Dios en el corazón, aunque vivamos en una casa bonita, y tuviéramos todo lo que la gente anhela, siempre tendremos que vivir en la desesperación, en la angustia, y en la inseguridad.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park