La creencia en la resurrección
LA OBRA QUE TESTIFICA LA RESURRECCIÓN
En Hechos, vemos la historia de Pedro, quien lleno del Espíritu Santo, sanó a un cojo en la puerta del templo “La Hermosa”, en el día de Pentecostés. Este cojo siempre estaba sentado a la puerta pidiendo limosna a mucha gente, por eso todos los que entraban al templo le conocían. Por tal motivo, la gente se sorprendió al ver al cojo que saltando se había puesto de pie y andaba.
Cuando el cojo se detuvo ante Pedro, toda la atención del pueblo se concentró en Pedro. En ese momento, Pedro dijo: “¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” y testificó la resurrección de Jesucristo al decir: “A este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”.
Entonces llegaron los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo y los saduceos, y metieron en la cárcel a Pedro y a Juan, porque no querían para el pueblo la predicación de la verdad sobre la resurrección de Jesucristo de los muertos y tampoco querían sus enseñanzas. El temor y el disgusto más grande para los que están en Satanás es el mensaje de la RESURRECCIÓN de Jesucristo. Por esta razón, los religiosos de aquel tiempo, pagaron a los soldados que vigilaban la tumba de Jesucristo, esto era para esconder la resurrección de Jesucristo, y también les hicieron mentir a los soldados diciéndoles: “digan que los discípulos de Jesús robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais”. Esas personas de todas maneras querían esconder y negar la resurrección de Jesucristo.
Pero Jehová, quien lo resucitó en tres días de entre los muertos, ganó al pecado y a Satanás, Dios Jehová trabajó con pode, hizo que nadie pueda negar la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
LA SITUACIÓN Y LA FE
En la vida de creencia no solamente el Dios viviente trabaja, sino también Satanás trabaja. El lado donde trabaja Satanás es hacer que nosotros consideremos que creer en Jesucristo es absurdo. Muchas veces la manera de los humanos se ve mucho mejor que la de Dios, y en muchas ocasiones también parece que el que sigue a Dios fracasará.
Abraham, después de recibir la preciosa promesa de Dios, se apartó de Ur de los Caldeos, de su parentela y de su padre, para seguir la promesa de Dios. Abraham creyó la promesa de Dios, la cual decía: “y yo haré tu descendencia como la arena del mar, y las estrellas del cielo, y de ellos nacerá el Cristo”. Y después de recibir la promesa de Dios se fue de su pueblo natal. Abraham recibió esta promesa cuando tenía 75 años de edad, pero al envejecer cada vez más, parecía que Dios no le iba a dar un hijo.
Por un lado, la vida de Abraham parecía ser absurda, por haberse apartado de su pueblo natal al creer la promesa de Dios, y también parecía que Dios le había mentido. Realmente Abraham pensaba: “¡ya no podré tener un hijo!”, por eso trajo a Eliezer de Damasco como hijo adoptado para seguir su herencia.
Y cuando no funcionó esto, trató de tener un hijo de su sierva y tomarlo como su heredero.
Su esposa Sara no tenía un hijo aún cuando Abraham tenía 99 años, y realmente ya no había esperanzas de tener un hijo porque a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Parecía que la promesa de nuestro Señor de que: “Yo haré tu descendencia como la arena del mar” no iba ser cumplida y toda la esperanza de Abraham, quien tanto confiaba en Dios, se volvía en pedazos.
Ciertamente, parecía que Abraham había fracasado. Pero Dios le dio un hijo a los 100 años de edad. Por la promesa de él nacieron muchos descendientes como las estrellas del cielo y la arena del mar, y nació Jesucristo quien salvaría al mundo entero del pecado. Viendo estos acontecimientos, sabemos que la promesa de Dios es realmente irrevocable y que Dios nunca deja fracasar a los que creen en Él.
En San Juan capítulo 11, Jesús dijo sobre Lázaro, el hermano mayor de María y Marta: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios”. Si Jesús ha dicho estas palabras, supuestamente Lázaro debería mejorar de su enfermedad y levantarse, pero él en vez de levantarse se estaba muriendo cada vez más. Por eso, María y Marta no sabían si deberían creer en la situación del empeoramiento de su hermano o creer en la palabra de Jesús de que la enfermedad no es para muerte. Pero lo que sucedió fue que Lázaro se empeoró y finalmente murió.
Parecía que la palabra de Jesús era mentira. Para María y Marta ya no había fuerzas para seguir la palabra de Jesús de que: “esta enfermedad no es para muerte”.
De esta manera, Satanás, a través de la situación y el ambiente ante nuestros ojos, hace que la Palabra de Dios parezca incorrecta. Además Satanás trae el pensamiento de fracaso para los que creen en Dios.
Por lo tanto, cuando nosotros creemos en la palabra de Dios y avanzamos, Satanás trata de mover y derrumbar nuestra fe. Satanás nos presenta la situación opuesta contra la Palabra de Dios, él nos mete los pensamientos de que creer en la Biblia es absurdo y si es que creemos en la Biblia, fracasaremos ciertamente.
En consecuencia, muchas personas, a pesar de que están avanzando con la fe, miran que sus situaciones no resultan como la palabra de Dios dice, y llegan a equivocarse pensando que seguir avanzando con la fe resultará un fracaso. Por eso, muy fácilmente podemos encontrar alrededor de nosotros, la gente que se queda en sus situaciones o botan la fe y se convierten en un juguete de Satanás al caer en la incredulidad.
Una persona de fe es alguien que no le importa cualquiera que sea la situación presente, ya que cree en la Palabra de Dios y sigue adelante. Por eso tenemos que entender que Satanás siempre nos engaña con la situación; si nosotros tratamos de creer algo que coincide con la situación, no hay nada que podamos creer sobre Dios. Si los que fueron delante de nosotros creyeron en las situaciones, nadie hubiera podido experimentar el cumplimiento de la promesa al final. Por lo tanto, nosotros no debemos ver las situaciones presentes que se nos presentan, ni vernos a nosotros mismos, sino mirar el día del cumplimiento de la promesa que llegará después de aquellas situaciones difíciles, tenemos únicamente que avanzar creyendo en las promesas de Dios.
Al seguir de esta manera, podrá ser como una persona que tiene la fe.
En primera de Samuel del Antiguo Testamento, esta escrito que Dios llamó a David para ungirle, cuando Dios le llamó él estaba pastoreando en el campo. Y mientras que le echaban aceite en su cabeza, Dios dijo que lo tomaría como el rey de Israel. Poco después de que David fue ungido, mató a Goliat y se fue al castillo de Saúl; las situaciones resultaron como si las palabras de Dios se cumplían. Pero pronto a David le llegaron las situaciones que eran completamente diferentes. David tenía que esconderse porque el rey Saúl lo buscaba por toda la tierra de Israel para matarlo. En el corazón de David se quedó el pensamiento de que: “si sigue las cosas así, moriré”. Finalmente, David ya no se podía quedar en esa tierra y huyó de Saúl hacia la tierra de los filisteos.
Un día cuando él ya estaba en la tierra de los filisteos, mientras que David y los que lo seguían no estaban en Siclag, esta ciudad fue atacada por los amalecitas. Los amalecitas quemaron el pueblo y capturaron a todas las esposas e hijos de David y su gente, y se fueron con ellos. En ese momento, algunos hombres entre los 600 soldados que seguían a David, se levantaron y dijeron: “Vamos a matar a David apedreándole y sigamos nuestro camino”. Ellos pensaban que si seguían a David, ellos tendrían la fama y la riqueza cuando él se convierta en rey. Pero las cosas sucedieron al contrario, sus casas se quemaron y perdieron a sus esposas e hijos, y parecían ser totalmente fracasados.
Pero increíblemente, pocos días después de este incidente, Saúl murió y David se fue a Hebrón y se convirtió en rey.
Dios perfectamente cumple la promesa que nos hizo. Aunque Satanás crea muchos ambientes y situaciones difíciles, él no puede impedir la obra de Dios que cumple la promesa que nos hizo. Por eso tenemos que entender que Satanás nos da situaciones que parecen ser imposibles, para que nosotros no podamos creer en la promesa de Dios desde el centro de nuestro corazón. Satanás nos guía para seguir la manera de los hombres.
Por eso, las personas de fe son los que no ven la situación, el ambiente, ni a sí mismo y únicamente creen que Dios cumplirá su promesa. Las personas de fe como Abraham, David, Elías o Daniel nunca vieron sus situaciones en las que ellos estaban. Ellos escucharon a la palabra de la promesa de Dios y vivieron con esperanzas de que realmente se cumpliría la palabra.
Satanás siempre da las situaciones opuestas a los que viven creyendo en la promesa de Dios, y trae dudas como: “¿Estará bien creer en la promesa de Dios? ¿Esto no fracasará o fracasará?” En ese momento, los que no tienen la fe, botan la Palabra de Dios y siguen la manera de los hombres, tal como Satanás guía. Por eso, ellos llegan a perder la bendición de la promesa que viene después de las dificultades.
Por otro lado, los que se adelantaron por la fe, no les importaba cualquiera que sea la situación que enfrentaban, avanzaron con denuedo por la fe, ellos recibieron la bendición de la promesa que llega después de las dificultades y glorificaron a Dios.
La vida de ellos es bendita. En la Biblia podemos encontrar mucho sobre la vida de estos personajes.
¿JESÚS FRACASÓ?
Si leemos San Lucas, podemos encontrar que la obra de Dios aparece en las personas que humanamente fracasaron. Dios no dio la gracia a los inteligentes o hermosos, ni a los que cumplen sus metas, ni tampoco a los que obedecen bien.
San Lucas completo es una historia de la gracia para los que fracasaron humanamente. Pedro había tratado de pescar toda la noche, pero fracasó en la pesca, porque no pudo pescar ni un pez, en aquel momento Pedro conoció a Jesús. En esa mañana, en la barca de Pedro donde supuestamente debían estar muchos pescados, no había ninguno, sin embargo Jesús se embarcó en su barca. El fracaso de Pedro hizo que Jesús embarcara su barca. A través de Jesús, él cambió su vida y vivió el resto de sus días de mucha bendición con Jesús.
El hijo pródigo también fracasó completamente alejado de su padre. Después él recibió la gracia de su padre. El que cayó en las manos de los ladrones también conoció al Samaritano cuando estaba en una circunstancia donde solamente iba a morir. También la historia del mayordomo de la casa de un hombre rico que perdió su mayordomía, él no tenía fuerzas para cavar la tierra y ni siquiera podía mendigar por la vergüenza, en esa situación, él conoció un nuevo camino. También en Lucas sale la historia de un rey que tenía 10.000 soldados, y que éstos no podía derrotar a otros 20.000 soldados, por lo tanto, en esa situación desesperada, el rey se había rendido.
Como en estos ejemplos, San Lucas está mostrando la forma en que los fracasados reciben la gracia de Dios. De esta manera, hemos visto que en San Lucas seguidamente salen las historias sobre los fracasados que al final reciben la bendición. Pero si leemos casi al final de San Lucas, pareciera que Jesucristo también fracasó.
Cuando finalmente Jesucristo estaba muriendo en la cruz, la gran multitud de las personas que seguían a Jesús gritaban: “Crucifíquenle”, Satanás engañó perfectamente a los que experimentaron el poder de Jesús, como a los que escucharon la palabra preciosa de Jesucristo, o los que comieron pan en el desierto. Satanás los hizo enfrentar a Jesús, hizo que murmuraran contra Él, también hizo que le menosprecien, hizo hasta azotar a Jesucristo. Y finalmente lo hizo crucificar en la cruz.
En ese momento, entre los que habían recibido la bendición de Jesús, ninguno se acercó a Él, no estaba ni el que se sanó de la enfermedad de ser endemoniado, ni tampoco la viuda de la ciudad de Naín que había recibido la gracia por la resurrección de su hijo, etc. Cuando Jesucristo estaba muriéndose en la cruz, ninguna de aquellas personas aparecieron.
Satanás no solamente trabajó en estas personas, sino también con los discípulos de Jesús que fueron directamente llamados por Él. Les hizo parecer que Jesús era un fracasado. Pedro, quien era referido como el sumo discípulo, maldijo y negó tres veces a Jesús, también Jesucristo fue vendido por su propio discípulo Judas Iscariote. Viendo estos acontecimientos, parecía que Jesús ha fracasado. Sobre todo, la forma en que Jesús estaba clavado en la cruz, desnudo y llevando puesto su corona de espinas, a todos sinceramente les pareció el fracaso de Jesús.
Finalmente Jesús murió y los que tenían expectativas en Jesucristo, tuvieron que deshacerse de todo aquello. Los que tenían esperanzas en Jesús tuvieron que botar sus esperanzas y regresar a su vida antigua. Los discípulos que seguían a Jesús también tuvieron que regresar a sus vidas antiguas.
Ellos siguieron a Jesús abandonando sus trabajos y todo lo demás de sus vidas, pero Jesucristo había muerto. Entonces, ellos llegaron a estar en una situación miserable y botando todos los pensamientos de Jesús, solamente pudieron regresar a sus vidas pasadas.
Si solamente leemos estas partes de San Lucas, ciertamente Jesús ha fracasado, los discípulos lo vendieron y lo abandonaron. Jesús estuvo solitario en la cruz, sufriendo con la corona de espinas, las manos y los pies clavados en la cruz y también tuvo que pasar por el dolor cuando la gente se burló de Él, hasta que finalmente falleció en la cruz.
Cuando los soldados sepultaron el cadáver de Jesús en la tumba de José de Arimatea y cerraron la tumba con la roca, totalmente parecía que todo el plan de Jesucristo el cual quería levantar el reino de Dios, llegó a ser un fracaso.
LA CREENCIA EN LA RESURRECCIÓN
Pero en la mañana del tercer día, nuestro Señor Jesucristo resucitó. Si no hubiera sido por la resurrección, Jesús hubiera fracasado y perdido ante Satanás. Por lo tanto, nosotros hubiéramos dejado de seguir a nuestro Señor Jesucristo y hubiéramos adorado a Satanás.
Pero nuestro Señor Jesús VENCIÓ A LA MUERTE a través de su RESURRECCIÓN, ganó a Satanás, y obtuvo la victoria; era lo suficiente para volcar todas las cosas que parecía ser el fracaso de Jesús.
Si no hubiera sido por la resurrección de Jesucristo, Satanás hubiera podido apoderarse de los discípulos de Jesucristo. Él hubiera puesto bajo su poder a los humanos que se dirigen hacia Dios. Satanás los hubiera llevado hacia la perdición. Pero a través de la resurrección de Jesucristo, todo lo que parecía ser la victoria de Satanás se derrumbó y Jesús otra vez ascendió al trono de la victoria.
Nuestro Señor Jesucristo recuperó la sorprendente potestad, en lo cual salvó a todos los hombres del mundo quienes estaban bajo el poder de Satanás, los ofrendó a Dios y adquirió toda potestad del cielo y de la tierra. Por esta razón, lo que Satanás más teme, es la resurrección de Jesucristo.
Cuando Pedro predicó diciendo: “A este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo resucitó y le ha hecho Señor y Cristo”. Satanás sufrió bastante, Satanás odia la predicación sobre la verdad de que Jesús ha resucitado. Satanás, si es posible, hasta ahora quiere engañar a las personas de que nuestro Señor Jesucristo no ha resucitado. Así quiere él quiere engañar a las personas que Jesús ha fracasado.
Jesús obtuvo la victoria por su resurrección, pero Satanás continuamente mete el pensamiento de que fracasaremos y perderemos si creemos y seguimos a Jesús. Así Satanás no nos permite seguir con denuedo a Jesucristo.
Por lo tanto, creer a Jesús no consiste en mirar a sí mismo o a la situación y tratar de cambiarla, sino mirar solamente a Jesucristo. Porque Jesús al final a vencido y ha obtenido la victoria contra Satanás, no tenemos la necesidad de ganar a Satanás por nosotros mismos. Como Jesús ha ganado a Satanás en la pelea, nosotros automáticamente gozamos de la victoria si permanecemos en Jesucristo. Satanás, quien muy bien sabe de esta verdad, seguidamente nos engaña para que nuestro corazón no mire hacia Jesucristo. Satanás presenta las diferentes situaciones y problemas para engañarnos de que el camino para seguir a Jesús es bueno pero a su vez tendría pérdidas, fracasos y vergüenzas. En este caso precisamente, muchos que no creen en la valiosa promesa de Dios y a Jesucristo, se confunden en el engaño de Satanás, y aún sabiendo el camino de fe, no pueden seguir este camino, sino que siguen el camino de los humanos. De esta manera, resolver nuestro problema del pecado es igual. El pecado no puede ser lavado por nuestro esfuerzo. No hay nadie que puede ir delante de Dios como un justo por su propia obra buena o por cumplir las leyes. Por eso, delante del problema de lavar los pecados, no debemos mirar a nosotros mismos, sino mirar a nuestro Señor Jesucristo. Debemos ver la cruz en la que Jesucristo murió clavado por nuestros pecados y en la cual nos perdonó de todos nuestros pecados. Sin embargo, Satanás a muchas personas mete pensamientos de que si uno hace de esa manera, no funcionará y que por el contrario, deben hacer algo por sus pecados. Por lo tanto, muchas personas no solamente se apoyan en la única cruz de Jesucristo para recibir el perdón de pecados, sino que confiesan sus pecados u oran y a través de hacer ofrenda u otras cosas, tratan de llevarlo ante Dios y recibir la gracia y el perdón de sus pecados.
Todo el plan de Satanás es hacernos separar de la voluntad de Dios. Hace que no creamos en la promesa de Dios y separarnos de seguir a Jesús. Como Dios dijo en el capítulo 2 de Efesios, mientras que Satanás tiene la potestad del aire y controla la situación y el ambiente, continuamente nos da situaciones opuestas, a nosotros, quienes creemos en la promesa de Dios y seguimos adelante, para así engañarnos de que si creemos en la promesa de Dios, fracasaremos.
Ahora, si nosotros avanzamos creyendo en la promesa de Dios, Satanás nos da diferentes pensamientos; Satanás con toda su manera nos hace parecer de que fracasaremos; y nos mete pensamientos de que resultará mejor si lo hacemos por nuestros propios pensamientos y maneras.
Por eso, muchas personas no pueden avanzar con la fe y fluyen por la manera de los hombres. Sin embargo, los que tienen la fe, creen que la promesa de Dios se cumplirá sin importar cuál sea la situación o el ambiente. Por eso, en cualquier caso solamente crea en la Palabra de Dios y siga adelante.
Estas personas de fe, gozan de toda la bendición que Dios ha prometido, tienen la felicidad de la victoria del cumplimiento de la promesa y además reciben la gloria de Dios.