Es necesario que los hombres y mujeres oren y no desmayen
LA SÚPLICA DE UN CIEGO
En Lucas capítulo 18 nuestro Señor Jesucristo relata a sus discípulos una parábola acerca de un juez injusto. En cierto pueblo había un juez que no temía a Dios ni respetaba a hombre alguno. También había una viuda en la ciudad, la cual vino al juez diciéndole: “hazme justicia de mi adversario”. Por algún tiempo el juez rehusó la petición de la viuda. Después de esto se dijo asimismo: “aunque ni temo a Dios ni a hombre alguno, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo me agote la paciencia”.
Después que el Señor le refirió esta parábola a sus discípulos les dijo: “oigan lo que el juez injusto dijo: ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿le tardará en responderles?”.
Jesucristo les refirió esta parábola para enseñarles que es necesario que hombres y mujeres oren siempre y no desmayen (Lucas 18:1). Cuando oremos a Dios, Jesucristo quiere que oremos sin desmayar hasta que recibamos la respuesta.
Esta parábola también nos enseña que Hay algunas personas que dejan sus oraciones a medio camino cuando no hay respuesta, en realidad yo hacía lo mismo.
Hoy en día hay muchas personas que oran a Dios para resolver los problemas en la cual están enfrentados. Durante un rato, un día, dos días, un mes, un año han orado y no hay respuesta en sus oraciones; entonces comienzan a preguntarse: “¿será que Dios responderá mi oración? ¿por qué mi oración no fue contestada inmediatamente?” Tiempo después dejan de orar porque piensan que sus oraciones no serán contestadas.
Cuando comenzaron a orar pensaban que Dios podría contestar sus oraciones si oraban insistentemente. Pero después de orar de uno a dos años y no tener respuesta comienzan a dudar de que si Dios contestaría su oración o no.
Cuando se comienza a dudar en la mente poco a poco la continua oración cesa. Probablemente su oración quedó a medio camino pues se dieron por vencidos.
Tenemos otro ejemplo, cuando la gente viene a la iglesia comienza a orar para dejar de tomar y oran de esta manera: “Padre Celestial ayúdame, por favor a dejar de tomar”.
Pero, después de un rato, renuncian a sus oraciones diciendo: “yo pienso que no puedo dejarlo”. Entonces, toman de nuevo. Muchos oran para abandonar las drogas o para ser libres de malos hábitos.
Nuestro Señor Jesús, sabe verdaderamente que somos así. Él no quiere que seamos así. Él quiere que continuemos orando hasta que recibamos la respuesta.
Probablemente algunos podrían confundirse por la no respuesta, pero nosotros debemos continuar a través del capítulo 18 de Lucas que no debemos orar con el entendimiento sino orar duro, sea que haya o no respuesta.
En la parte última del capítulo 18 de Lucas hay una historia acerca de un hombre ciego cuyos ojos fueron abiertos. Jesucristo acercándose a Jericó, un ciego estaba junto al camino. Al oír a la multitud que pasaba, el ciego preguntó: “¿Qué esta sucediendo?” algunos le dijeron: “Jesús Nazareno pasa”.
Tan pronto como el hombre ciego escuchó, él gritó: “Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí”. Entonces, los que iban delante le reprendían para
que callase. Pero este hombre ciego clamaba mucho más, diciendo: “Hijo de David ten misericordia de mí”.
Recuerde que Jesús dijo en el inicio del capítulo que oráramos siempre sin desmayar. Al final del capítulo 18 de Lucas está la historia del hombre ciego que le dijo a Jesús que quería ver. Cuando él impacientemente le pidió a Jesús que abriera sus ojos, los que estaban alrededor le reprendían para que callase.
Cuando él clamaba a Cristo Jesús, él reconocía no ser merecedor de lo que pedía al Señor, la gente le respondía para que callase; entonces él tuvo que dejar de gritar, decidió callarse diciéndose a sí mismo: “soy un inútil”, pero a él no le importó lo que la gente le decía. Él clamó hasta que Jesús le respondió y le abrió sus ojos.
Él mensaje de Jesucristo en el capítulo 18 de Lucas es un muy buen ejemplo que nos muestra que siempre debemos orar y no desmayar. Este ciego había aceptado la respuesta del Señor Jesús, lo primero que él hizo fue enfrentar la reprensión de la gente.
Esta fue una situación contraría a lo que él esperaba.
Entonces ¿cómo fue capaz de orar continuamente sin importarle la situación?
Hay muchos que dejan de orar cuando tienen que encarar una situación en la que tengan que esperar ¿cómo este ciego continuo suplicando hasta escuchar a Jesucristo, cómo no escuchó la reprensión de la gente?
LA ORACIÓN DEL FARISEO
Junto a la historia del hombre ciego hay más ejemplos de oración. Uno
de ellos es la historia del fariseo y el publicano, el recolector de impuestos.
El fariseo y el publicano subieron al templo a orar.
El fariseo puesto en pie separado del publicano oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.” Podemos ver la gran diferencia de actitud entre el fariseo y el ciego a través de sus oraciones.
El ciego quería ver y esto realmente era imposible, solamente un milagro de Dios podría hacerlo. Por esto fue que él llamó a Jesucristo, debido a la situación dada. Jesús era la única esperanza de él.
Era imposible para el ciego ver por su propio esfuerzo o por su fuerza. Si él hubiera tenido otras alternativas que no fuera Jesús, él se hubiera quedado callado cuando la gente se lo pedía.
Él no tenía otra oportunidad de ver, solamente Jesucristo en ese momento, él hubiera sido ciego por el resto de su vida. A él no le importó lo que otros dijeran. Él tuvo que gritar hasta que Jesús le respondiera.
Tal como ese ciego, si nosotros tenemos otras alternativas además de Jesús, no tenemos ninguna probabilidad de recibir la gracia de Dios.
El fariseo creía que estaba haciendo bien. Este fariseo oraba: “Dios, gracias que yo no soy como otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros o aun como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy los diezmos de todo lo que gano”. Esto significa que él era capaz
de cuidarse por sí mismo, sin la gracia de Jesucristo.
Es cierto que estos también tienen la esperanza de recibir la gracia de Dios. Pero ellos no tienen la actitud del corazón del ciego quien tuvo una sola opción, Jesucristo. ¿Por qué el Señor no ayudaría a estos que pueden cuidar de sí mismo sin la ayuda de otros? Yo pienso que estos creen que están haciendo bien por sí mismos, el andar buscando la gracia de Dios. Siguiendo con el capítulo 18 de Lucas hay otra historia de un joven rico. Él vino y le preguntó a Jesús: “¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Este hombre era uno de los que creía que él era hábil para hacer algo por sí mismo.
Esta clase de personas no quieren recibir la gracia de Dios. Ellos prefieren los salarios o el precio de su propio trabajo y esfuerzo. La ayuda de Jesucristo no era realmente necesaria para ellos.
El Señor Jesucristo dijo: “los que están bien no necesitan doctor, solamente los que están enfermos”. Nosotros verdaderamente necesitamos la gracia de nuestro Señor Jesús, para vivir con una gran fe en Dios.
Tristemente mucha gente prueba vivir una buena vida por su propio esfuerzo y no por fe. La gente como el fariseo y el joven rico creen estar haciendo bien; también oran a Dios. Pero, cuando no reciben pronto la respuesta qué esperan, ven el fin de su propio camino, solamente oraron por un rato. Ellos son completamente diferentes a la viuda pobre y al hombre ciego quienes no tuvieron esperanza ni solución alguna.
En conclusión, la razón por la que paramos de orar a medio camino es que tenemos opción alguna por nosotros mismos y esto significa que no tenemos relación alguna con Dios. Esos como el hombre ciego que no tienen recursos ni camino alguno, oran continuamente y generalmente reciben la bendición de Dios.
La historia del hijo pródigo es otro ejemplo. Él pidió las riquezas de su padre y se fue a un país lejano. Mas tarde él fue un mendigo quien se encontró así mismo en una pocilga (porqueriza) sin comida. Si él hubiera sido capaz de mejorar su situación por su esfuerzo, él no hubiera regresado a su padre como un mendigo, pero él no tenía otra alternativa. Aunque no quería verse a sí mismo como un mendigo, no tenía elección, por eso fue que él regresó a su padre.
SÓLAMENTE HAY UN CAMINO
Nosotros cometemos incontables pecados mientras vivimos en esta tierra. No podemos lavar nuestros pecados por nosotros mismos. Hay un camino y una esperanza para nosotros, y es solamente el Señor Jesucristo.
Satanás engaña mucho por esto la gente cree que hay muchos caminos y recursos además de Cristo Jesús. La gente quiere la paz y la esperanza sin el Salvador, pero solamente hay un camino hacia Dios y es nuestro Cristo Jesús.
Para llegar al final necesitamos depender y seguirle a Él únicamente. La gente esta engañada por Satanás. Aunque en verdad no hay otro camino, el enemigo nos hace creer que somos suficientes si nos esforzamos en resolver nuestras dificultades con nuestros propios recursos.
Esta es la razón por la que la gente deja de orar, al no llegar la respuesta nos desanimamos e intentamos una o dos veces, no nos dejamos guiar por la Palabra. En esa lucha dejan de tomar o fumar. Así Satanás engaña a la gente para hacerlos confiar en su propio trabajo, o mejor esfuerzo, como si fuera la gracia de Jesucristo.
Por esto, muchos dejan de orar sin esperar la respuesta de Dios, y dejan de caminar por la fe en Dios. Ponen por delante cada esfuerzo que hacen. Cuando no reciben la respuesta dejan de caminar con la fe puesta en Dios. El resultado es que nos logran encontrar la abundante gracia de Dios.
La fe es solamente para aquellas personas que dejan sus expectativas, y no tienen otra esperanza sino la fe en nuestro Señor. Aquellos que realmente dependen de Dios, y tienen en Él su esperanza, caminarán y se sostendrán solamente del Señor aún en medio de sus grandes dificultades. En el tiempo de Dios recibirán su respuesta y la bendición de Dios Jehová.
Pero aquellos que con su propio esfuerzo oraron duro, y cumplieron con la tentativa de cumplir la ley llegarán a nada. Al final, su oración y esfuerzo humano por obedecer a la voluntad de Dios será nada, aunque trabajaron entusiastamente.
Lucas 18 finaliza con la historia acerca de un ciego quien no tenía esperanzas algunas en sí mismo, pero si las tenía en Jesucristo. En la historia del fariseo y del joven rico, ellos si tenían confianza en sí mismos y no en Jesucristo. Nuestra vida de fe no depende de nuestros esfuerzos o palabras bonitas, sino que depende de la gracia de Dios.
La razón por la que nosotros no nos aliamos a Dios hasta que termine lo que comenzó es que tenemos otros recursos (eso creemos) además de Dios.
Esperemos en nuestro Padre hasta que recibamos su gracia. Para recibir el perdón del pecado es igual. Nuestro Señor Jesucristo sufrió y murió en la cruz para perdonar todos nuestros pecados. Así de fácil es recibir el perdón de Dios. Nuestra confianza está solamente en Jesús. La gente prefiere poner grandes expectativas (tal vez si, tal vez no) en su propio esfuerzo, como religiosamente aprendemos a hacer.
Por ejemplo, a nosotros se nos enseña: “Ore cien días, ayune 40 días, etc.”.
En apariencia esto demuestra el tener fe. Pero en la Biblia dice que solamente hay un camino hacia el perdón de pecados, ¡Jesucristo! Así es que ningún esfuerzo posible, ni trabajo propio que pongamos por delante nos podrá dar la salvación, ya que no procede de la verdadera fe en Dios. La fe no significa que nosotros tratemos de orar fuertemente, predicar continuamente, ayunar e intentar guardar la ley.
La verdadera fe significa que miremos adelante y dependamos del Señor Jesús. No hay otro camino.
En Lucas 18 tenemos a uno que recibió respuesta a su continua y sincera oración, un ciego. Tal como este recibió la gracia de Dios son aquellos que no tienen otra alternativa a no ser que Jesús les ayude. Lucas 18 nos dice que aquellos que creen poder llegar a hacer algo bien, jamás llegarán a conocer la gracia de Dios