Última Actualización: Enero de 2008

Sermones

El Señor reparará el templo destruido


EL TEMPLO DE DIOS EN LA EPOCA DEL REY JOSÍAS

En 2º de Reyes capítulo 22 aparece la historia del rey Josías de Judea. Él tenía ocho años cuando empezó a reinar, y reinó Judea durante 38 años. En 2 Reyes 22:2 dice: "E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.”

Un día el rey tuvo el deseo de reparar el templo de Dios, y por eso el rey Josías llamó a constructores, carpinteros y albañiles. Él les dio materiales tales como piedra de cantería y madera para hacer las necesarias reparaciones.

Mientras la reparación del templo se hacia, el sumo sacerdote Hilcías encontró el libro de la ley en la casa de Jehová. Cuando el sacerdote lo leyó, el rey Josías rasgó sus vestidos, se estremeció y lloró delante de Jehová.

La obra que el rey Josías emprendió en el templo era la más importante que se había llevado a cabo después de su construcción desde hacía más de 300 años por el rey Salomón.

El templo que Salomón había construido era hermoso, limpio y santo que estaba lleno de la presencia de nuestro Dios. Pero después de trescientos años estaba abandonado y por lo tanto muy dañado y de fea apariencia.

En 2 Reyes capítulo 23 podemos ver cómo Asera estaba establecida en el templo de Jehová. ¿Cómo era posible que la casa de Jehová se hubiera convertido en una casa de sodomitas (jóvenes que vendían su cuerpo).

¿Cómo era posible que en el templo hubiera lugares de prostitución e idolatría, donde las mujeres tejían tiendas para Asera? ¿Cómo era posible que hubieran altares para otros dioses en el patio del templo de Dios? Esa idolatría tan abominable se daba en la casa de Dios en el reinado del rey Josías.

Había altares para dioses ajenos y en vez de sacerdotes escogidos de Dios, las mujeres de Asera tejían tiendas para ella, por esa razón el templo de Dios estaba arruinado e inmundo. En esa época, Josías tenía ocho años cuando empezó su reinado. Después de dieciocho años de reinado cuando el rey Josías tenía 26 años emprendió la gran obra de reconstrucción.

Hasta después de dieciocho años, él vio con malos ojos el estatuto de Asera en la casa de Dios. Fue hasta ese momento que empezó a ver que la casa de Dios se había convertido en casa de sodomitas y que habían altares para dioses ajenos en los patios del templo. Antes de ese tiempo no se percataba de nada, porque cuando entraba en el templo durante esos dieciocho años, él creía que todo lo que allí había era normal.

Un día él se dio cuenta y tomó la decisión de reparar el templo y fue entonces cuando se percató qué tan sucio y deteriorado estaba el templo. Fue por eso que rasgó sus vestidos y lloró ante Dios.


EL TEMPLO DEL CORAZÓN

Hoy en día el templo de Dios es el corazón de los santos. He visto que hay muchas cosas inmundas en el corazón de los santos como, amarse a sí mismo, establecer su orgullo, amar el dinero, al mundo y los deseos de la carne.

Estas cosas son idolatría, adoración a dioses ajenos y todo esto está establecido en el corazón de los santos que es el templo de Dios, pero mucha gente aunque añada todas esas cosas en su corazón.

Las pasa desapercibidas porque piensa: “Yo soy humano por eso tengo estas cosas” Algunas personas piensan: “Tengo estas cosas porque no leo mucho la Biblia y acabo de nacer de nuevo”.

Cuando descubrimos que tenemos el corazón lleno de idolatría, tenemos varias excusas para ello. En ese momento pensamos: “Quiero cambiar, quiero mejorar mi vida espiritual, pero soy muy carnal”. “Voy a reparar el templo de mi corazón y por ende mi vida espiritual”.

Al principio creemos que podemos erradicar fácilmente esas cosas, pero entre más cava, más se sorprende de lo que hay en su interior: inmundicia, concupiscencia, suciedad, etc. Hay tantos dioses ajenos y abominables en el corazón. La gente se engaña pensando: “Soy carnal”. Piensa que su problema espiritual es que no tiene la fe, pero conforme cava en lo profundo del corazón para resolver ese problema, se da cuenta que hay idolatría en el fondo del corazón y que esto ensucia el templo.

Al principio cuando el rey Josías empezó la reparación del templo destruido, él no rasgó su vestido, ni lloró. Sino que conforme lo iba reparando, empezó a ver qué tan sucio y destruido estaba, entonces si lloró ante Dios Jehová.

Muchos cristianos no reconocen la condición de su vida espiritual. Por eso creen, que con un poquito de esfuerzo pueden lograrlo.

Pero cuando empiezan a cavar se dan cuenta qué tan corrupto, sucio y abominable son ante Dios. No podemos reparar nuestro templo de una sola vez, cuando surge el deseo de repararlo y conforme lo hacemos nos encontramos con la suciedad y la destrucción interna.

Descubrimos que en lo más profundo de nuestro ser, amamos más al mundo que a Dios. Cuando nuestro Dios nos muestra que puede reparar su templo por su misericordia, entonces podemos enternecernos y llegar ante Él.


LAS RUINAS DEL TEMPLO DE MI CORAZÓN

Cuando entré a la iglesia, el templo de Dios que acababa de ser establecido en mi corazón era puro e inocente para con el siervo de Dios.

Un día el pastor predicó Gálatas 6:6: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye”. Cuando oí la predicación sobre este pasaje pensé: “Es cierto, tengo que estar sincronizado, en la misma frecuencia con la persona que me enseñó la Palabra de Dios. Si tengo algunas cosas valiosas las tengo que compartir con él”.

Yo tenía el corazón abierto puro y limpio hacia el pastor. De ahí en adelante yo pensaba que mi corazón siempre iba ser así, pero después de 20 años cuando observo detalladamente mi corazón, aquel templo limpio y puro ya se ha corrompido.

En realidad ahora yo no hago partícipe de toda cosa buena al que me instruye. Ahora yo estoy en la posición de instruir y eso ha hecho que el corazón que yo tenía hacia el pastor, hacia el siervo de Dios haya cambiado.

Por eso quería arreglar algunas cosas arruinadas en mi corazón. Y mientras me daba a esa tarea, me di cuenta de cuál había sido la razón por la que mi corazón se corrompió.

Mi corazón estaba lleno de idolatría, hacia mí mismo y eso ensuciaba el templo de mi corazón; por eso aquel corazón inocente puro y limpio que tenía hacia el siervo de Dios cambió.

De esa manera, primero Dios nos muestra el problema y luego nos ayuda a repararlo. Antes, la palabra “Unidad” era preciosa para mí. En la corriente de la iglesia los pastores y los miembros se unen por el corazón y se animan unos a otros.

Antes, yo pensaba que nunca había divisiones y que la iglesia era una iglesia ideal. Yo me sentía muy orgulloso de que el Espíritu de Dios nos hubiera hecho así.

Un día el pastor Park nos dio una ilustración en la predicación. Esa ilustración se trataba de un país de gente prudente y un país de gente insensata.

Un día hubo una guerra entre los dos países y cuál no sería la sorpresa que el país insensato ganó la guerra. Aquello no era lógico.

Entonces el pastor Park nos explicó que el rey del país de gente insensata pensó: “Si atacamos por el frente, habría muchos muertos, entonces ataquemos por detrás”.

Mientras que en el país de gente prudente un siervo daba su opinión y otro se la debatía y nunca se pusieron de acuerdo. Por eso mientras ellos estaban debatiendo la gente del país insensato avanzaba y cuando el rey daba la orden: “no ataquen por el frente”, todos obedecían sin protestar, mientras que los prudentes estaban ocupados en decidir la mejor estrategia. La razón de la victoria del país insensato es que tenían un solo dirigente y le obedecían sin reparos.

Aunque no tengamos sabiduría, cuando el siervo de Dios nos insta, a unirnos, debemos unirnos sin preguntarnos: ‘porqué así’, entonces así podemos lograr grandes cosas. Cuando escucho la palabra de Dios, me doy cuenta que nuestra iglesia está unida por medio del Espíritu del Señor en su misericordia. Pero poco a poco esa idea va deteriorándose en mi corazón.

Tenemos que reparar la columna de la “Unidad” en el templo de nuestro corazón y en el proceso de reparación vamos a darnos cuenta que esta columna está tambaleándose.

Dios Jehová nos muestra que hay idolatría y mucha corrupción en el fondo del templo. Dios lo hace área por área. Él nos insta a que reparemos poco a poco esas ruinas.


JEHOVÁ RESTAURADOR

Cuando leí la historia de Josías, pensaba que yo también iba a reparar y limpiar el templo como él, pero estaba equivocado. El nombre Josías significa: “Jehová restaurador”. Josías es un reflejo de nuestro Jesucristo restaurador que repara y limpia las ruinas de nuestro templo por medio de la fe.

Si en el templo de mi corazón hay mucha idolatría, entonces está en ruinas.

Es por eso que necesito que Jesucristo me restaure, no sólo mi corazón sino, la iglesia en general. Hay algunas partes destruidas (espiritualmente hablando) en la iglesia.

No podemos darnos a la tarea de reparar por nuestra habilidad o esfuerzo sino que es por medio del celo de Dios que van a ser reparadas y limpiadas las cosas inmundas.

Yo le doy gracias a Dios por el misionero Sung Chul Lee. Una vez él estaba muy triste porque tuvo que salir del país en donde estaba como misionero y regresó a Corea sin permiso de la misión. En ese tiempo él estaba muy inestable y también tenía un corazón muy orgulloso.

Eso le causaba muchos problemas. Pero Dios le reparó y limpió su corazón. Después de ponerle un corazón restaurado lo envió a su misión nuevamente. El misionero Lee ha evangelizado a mucha gente en ese lugar.

Nuestro Dios lo ha usado como un instrumento precioso en sus manos. Por eso nosotros tenemos que entender ¿Quién lo tomó? ¿Quién arregló y limpió el corazón arruinado para poder seguir evangelizando?

Así Dios repara el templo de nuestro corazón. No solamente he visto el testimonio del misionero Lee, sino que también he visto la obra de Dios en otros misioneros.

Algunos siervos de Dios no pueden salir de su propio mundo. Viven por su capacidad y no por fe. Cuando llegan al límite de su esfuerzo empiezan a chocar con las personas a su alrededor. Pero cuando una vez que recurren a la misericordia de Dios, el Señor al verlos se conmueve y empieza el trabajo de reparación. Después, renovarlos totalmente pueden servir en la obra de Dios.

Hemos oído muchos testimonios así. De vez en cuando la iglesia pasa una época difícil y es muy normal que nos desanimemos porque no podemos anunciar el evangelio fuertemente a esta generación.

Pero nuestro Señor no está durmiendo, él descubre y muestra las cosas inmundas de la iglesia con el propósito de reparar y limpiar toda suciedad.

Esa es la única manera en que podemos apreciar el trabajo precioso del Señor para hermosear su iglesia. Seamos como seamos debemos tener la esperanza en el Señor.

En San Juan 2, nuestro Señor Jesucristo entró en el templo y cuando vio que se había convertido en un mercado, hizo un azote de cuerda y echó fuera a todos del templo junto con las ovejas y los bueyes y esparció las monedas de los cambistas y volcó las mesas.

Después les dijo a los que vendían palomas: “Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”.

El Señor limpió el templo de Dios, es por eso que nos damos cuenta que Él no puede ver el templo sucio y contaminado.

Hoy en día ese celo de Jesús no va a permitir que su templo se ensucie y por eso va a echar fuera, va a esparcir, va a volcar y quitar toda contaminación de su iglesia para que sea una iglesia preciosa que anuncie el evangelio fuertemente en esta generación y que podamos recibir una gran bendición.

Así como el templo de Dios fue restaurado por el rey Josías, así también nuestro Señor Jesús hoy en día limpia su templo. El Señor que mora en mi corazón va a cambiarme y va a limpiar su iglesia por eso tengo esperanza en Él.

Glorificado sea el Señor que limpia toda suciedad de su iglesia para anunciar el evangelio en el nuevo milenio.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park