El evangelio nos fortalece
PARA PODER VER LAS FLORES DEBEMOS ESPERAR LA MAÑANA
En una mañana de verano desde muy temprano, usted podrá ver una preciosa flor que brotó durante la noche. En la noche se cierra y se abre de nuevo por la mañana. Los científicos hicieron un experimento para averiguar porqué las flores se abren y se cierran. En un jardín de la vecindad dejaron la luz encendida toda la noche. Al día siguiente las flores no habían brotado. La investigación concluyó que las flores necesitan baja temperatura y oscuridad para que sus brotes se abran por la mañana.
Sin tener en cuenta cómo uno vive o qué hace; todos los días en nuestra vida pueden ser días primaverales y calurosos. Por otra parte si una persona solamente conoce ese tipo de día no esperará con ansias un día luminoso en el futuro. Para disfrutar de las bendiciones presentes es necesario haber pasado tiempos duros. Para que una flor brote por la mañana, es necesario que haya pasado la oscuridad de la noche fría.
En el Salmo 40:5 David dice: “Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados”.
David podía decir eso porque él había visto muy de cerca en su vida la obra de Dios. El Señor trabajó tanto en él que toda su vida no era suficiente para agradecerle. Sin embargo, David no siempre gozaba de perfecta paz en todo momento. Él tuvo que luchar contra Goliat, siempre fue perseguido por el rey Saúl. En aquel momento él sufría mucho, de modo que su vida llegó a ser miserable. Aunque él libró muchas batallas, la debilidad de su carne lo hizo pecar y por ello algunas veces Dios lo castigó. En medio de tales penalidades, sufrimientos, turbaciones y peligro, David le agradecía a Dios incansablemente todo lo que hacía por él.
El agradecimiento de David no derivaba de tener paz o satisfacción, sino de la presencia de Dios con él. La gratitud no venía de estar en una situación ideal. Dar testimonio del evangelio es similar a eso. Por ejemplo, cuando el corazón no está rebozando de la palabra de Dios, usted no tendrá nada que compartir a las almas. Las almas perdidas siempre estarán esperando ansiosamente que usted comparta la Palabra de Dios para ser salvas por medio del evangelio.
Solamente el apoyo financiero, o el apoyo en oración no va a ser que se extienda el evangelio de la manera que nosotros imaginamos. Debemos evangelizar activamente. Algunos creen que son demasiado jóvenes para evangelizar. Otros dicen: “acabo de recibir la salvación y yo no sé como dar testimonio del evangelio”. Eso es solamente una excusa para no hacerlo.
Para extender el evangelio uno no necesita saber la Biblia de memoria. Lo único que una persona necesita es anunciar que el evangelio salva. ¿Qué conocimiento especial debe tener una persona para explicarle a otra: ¿cómo fue lavado su pecado? La gente piensa que debe tener cierto nivel para poder compartir el evangelio, pero eso no es verdad. Cualquier persona, no importa su condición, es capaz de anunciar el evangelio de salvación.
Saulo de Tarso se encontró con el Señor Jesucristo en Damasco, él humilló su corazón y pudo recibir la salvación. No importa el tipo de persona que sea, incluso los desinteresados y ladrones pueden recibir la salvación. La razón por la que no se expande poderosamente el evangelio como quisiéramos, no es por el corazón duro de las almas que nosotros encontramos, ni porque seamos muy jóvenes para evangelizar, ni por falta de conocimiento de la Palabra de Dios, sino porque no tenemos un genuino deseo de hacerlo. No tenemos una verdadera angustia por las almas perdidas.
Es por la fe en nuestro corazón que el Señor nos ha hecho capaces de dar testimonio del evangelio. Cualquier otra razón para no predicar el evangelio es solamente una excusa. Cuando le testificamos a otras personas no podemos esperar que todo esté completamente dispuesto. Eso es trabajo del Señor.
La Iglesia primitiva no tenía muchas cosas preparadas, pero aún así ellos evangelizaron con poder. Por otra parte cuando todo ha sido cuidadosamente a la manera humana preparado, el evangelio se ha corrompido y adulterado. Esto quiere decir que las muchas preparaciones, más bien bloquean la extensión del reino de Dios. Debemos esperar con paciencia la mañana, habiendo pasado la oscuridad de la noche y sus bajas temperaturas para poder ver las flores. Igualmente con el evangelio, es necesario pasar necesidades y dificultades para que sea extendido poderosamente, superando todas las barreras. Si nosotros tenemos corazón dispuesto para dar testimonio del evangelio y un gran anhelo por salvar almas perdidas, eso es suficiente para superar cualquier obstáculo que podamos enfrentar.
UN HOMBRE CUYO CORAZÓN NO PUDO SER ENCARCELADO
Pablo fue encarcelado, pero no fue encarcelado su corazón. De no haber sido de esa manera El apóstol Pablo no habría podido evangelizar, él habría pensado: “quisiera predicar el evangelio, pero no puedo porque mis manos y mis pies están atados”.
Posiblemente si nosotros hubiéramos estado en la misma situación, nos habríamos deprimido tanto que hubiéramos pasado la mayor parte del tiempo durmiendo y la otra en desesperación. Sin embargo, el apóstol Pablo pasaba el tiempo orando y alabando a Dios. Su corazón no quedó atrapado en la cárcel, ni tampoco su pasión por predicar el evangelio quedo aprisionada. Fue por eso que una tarde el guardián de la prisión fue salvo junto con su familia.
Aunque una persona estuviera en la cárcel, pero si no permitiera que su corazón fuera encadenado sino que su corazón estuviera fijo en predicar el evangelio, sería una persona completamente libre. Así también, por más que una persona estuviera hospitalizada o en dificultades podía continuar predicando el evangelio con poder.
Por el contrario, aquellos que no tienen el corazón para predicar el evangelio, ni para pasar dificultades, dejarían de predicar el evangelio con cualquier dificultad. Por supuesto si las circunstancias mejoraran y tuvieran la oportunidad de predicar el evangelio, lo harían. El hecho que las flores no broten por la mañana, es porque la noche hubiera estado calurosa. De igual manera si a nosotros nos rodearían excelentes condiciones, el evangelio se alteraría y los santos se corromperían.
Una vez el apóstol Pablo iba en una nave como prisionero hacia Roma para comparecer ante César. La nave en que iba Pablo fue embestida por una tempestad y fueron arrastrados por la corriente hasta la isla Malta. Toda la tripulación se desplomó junto con los prisioneros, pero Pablo creyó que había sido el Señor, quien lo había guiado hasta allí para que testificare. Si Pablo no hubiera sido llevado a Malta a causa de la tormenta, las personas de Malta nunca hubieran escuchado el evangelio.
Las personas que son cautivadas por el evangelio, aprovechan cualquier situación para evangelizar. Cualquier dificultad, más bien sería una oportunidad para predicar. Como una vela usa el viento para poder mover más rápidamente al bote, así la persona que predica el evangelio es fortalecido por la persecución y la penalidad.
Esas son las cosas que purifican el evangelio y lo ayudan a florecer más bellamente. Por consiguiente, no es nada saludable ser atado por una situación, y excusarse diciendo: “yo soy una persona débil y por eso soy incapaz de dar testimonio del evangelio”, o “yo soy demasiado joven para dar testimonio del evangelio y por mi edad no tengo credibilidad”.
LAS ARTIMAÑAS DE SATANÁS
El libro de Éxodo nos narra como los israelitas fueron oprimidos por el rey de Egipto durante cuatrocientos años en esclavitud. Sin embargo entre más fueron abusados, más crecían. Aunque los israelitas fueron maltratados por los egipcios, la población no disminuyó. Los niños de los israelitas eran más grandes y más fuertes que los de los egipcios.
El Faraón empezó a temer en su corazón por los hebreos. Entonces para debilitarlos, cuando a lo hebreos les nacía un hijo lo mandaba a ahogar en el Río Nilo. El Faraón no permitía que los hebreos tuvieran niños; si nacía un varón, inmediatamente era eliminado. Nosotros podemos ver la obra de Satanás a través de esta decisión que tomó el Faraón. El diablo trata de debilitar a los santos que han sido salvos, no permitiéndoles tener hijos espirituales. Si cualquiera se salva a través de ellos, los manda a ahogar en seguida.
Lot era justo delante de Dios, pero él no predicó el evangelio en la ciudad de Sodoma. Dios no condenó a Sodoma porque era una ciudad corrupta, sino porque no había ni siquiera diez personas justas. No importa cuan mala hubiera sido la ciudad de Sodoma, si tan sólo hubiera habido una parte de sus habitantes que hubiera escuchado, Dios no la habría destruido.
La ciudad de Sodoma no fue destruida por su maldad, sino porque ni siquiera una parte de sus habitantes dio testimonio del evangelio, ni siquiera había diez justos. Lot vivía allí, pero espiritualmente él era incompetente para predicar el evangelio. ¿Quién lo privó de tener hijos espirituales?. El diablo hizo que Lot siguiera los deseos de la carne para que no predicara el evangelio. Lo hizo estéril espiritualmente.
De igual manera el Faraón trataba de debilitar a los hebreos e hizo matar a todos los niños varones en cuanto nacían, para cortar su descendencia y que los hebreos no pudieran tomar fuerza contra él. Él sabía que si se debilitaban, más adelante iban a terminar destruyéndose. El diablo tiene el mismo plan para los santos de hoy. El diablo probará algo que los debilite.
Los tiempos duros y muchos trabajos no es lo que debilitan a los santos, sino el no predicar el evangelio. Si una persona no da testimonio del evangelio, es como si la semilla del evangelio estuviera muerta, y eso lo destruirá inevitablemente. Por otra parte, si logra sobrepasar las dificultades, la persecución y predica el evangelio, más bien se fortalecerá. Recordemos que dar testimonio del evangelio es lo que les da poder a los santos.
EL VIENTO QUE IMPULSA LA VELA
Cuando Jesús estaba en este mundo, parecía muy débil. El profeta Isaías dice que Jesús era como raíz en tierra seca. En Jesús no había parecer ni hermosura, sin embargo, su espíritu era increíblemente fuerte. Mientras el Señor Jesucristo estaba en este mundo, experimentó cansancio, pero aún así cruzó el mar, y fue a la región de Getsemaní para cumplir su misión: predicar el evangelio.
Él estaba cansado cuando se sentó cerca del pozo y le predicó el evangelio a la mujer Samaritana. Aún cuando Él estaba en la cruz, le predicó el evangelio al malhechor que estaba a su lado. Podemos ver que el Señor, donde quiera que iba, tenía el corazón de predicar el evangelio. Él era fuerte en todos los sentidos, sobre todo cuando se trataba de evangelizar, Él era fuerte y lleno de poder.
Las Iglesias que no predican el evangelio han terminado destruyéndose así mismas, sin importar que tiempo tenían de haber sido fundadas y que tan fuertes y grandes parecían.
En cambio la Iglesia que predica el evangelio, puede sufrir persecución, y enfrentar grandes problemas, pero esto va a ser más bien como fuerte viento que sopla y aviva el fuego de una antorcha.
A través del evangelio no sólo muchas almas son sacadas de la oscuridad, sino que, además no nos permite debilitarnos por los problemas que nos agobian, sino que nos hacen más fuertes y ese poder vencerá todos nuestros problemas, haciéndonos victoriosos. Mientras predicamos el evangelio, la persecución es como el viento que impulsa las velas del bote que hacen que navegue con más facilidad.
Comprendiendo esto, nosotros podemos estar agradecidos con Dios por las dificultades que enfrenta la iglesia, ya que esto nos impulsa a predicar las buenas nuevas.