Última Actualización: Enero de 2008

Sermones

El Espíritu Santo nos cuida como nosotros cuidamos a los niños


LA MADERA DE LA VID CONSUMIDA POR EL FUEGO

Una vez un niño estaba comiendo calamar, de repente el niño quedó muy mal de su estómago. La persona que le había dado el calamar seco, era su tía. Cuando la madre supo que había sido su hermana quién le dio calamar seco a su hijo de 5 años, la regañó fuertemente. Lo que pasó no sería mayor problema si el niño hubiera podido digerir bien, pero como el niño aún no tenía tal capacidad, toda la responsabilidad cayó sobre su tía.

A veces, cuando los niños juegan con bolígrafos, utensilios de cocina, u objetos puntiagudos, ellos hieren su cara o se lastiman los ojos. Aparentemente la culpa
es del niño por imprevisto, pero realmente
no es así.

La responsabilidad cae sobre el encargado por permitir a una criatura inocente y débil estar solo cerca de objetos peligrosos. Por eso, el encargado es quien debe ser castigado.

Una vez también un niño se tragó un dulce muy duro, desafortunadamente, el dulce era muy grande para él y se atragantó. Cuando su madre lo miró, se asustó, y, tomándolo, lo puso boca abajo y empezó a golpearle la espalda para hacerle expulsar el dulce, al final el niño vomitó el dulce.

En estos casos, no se le regaña al niño, sino a la persona que le dio el dulce. Eso es porque un niño es débil y aún no posee la capacidad de digerir comidas muy sólidas. Además, ellos no conocen el peligro de jugar con materiales punza cortantes. Por eso, toda represión la recibe el guardián del niño y no el niño por descuidado.

Dios nos ve como bebés espirituales. Para Él, nosotros somos personas débiles y necesitadas. Y no es porque no crezcamos, puesto que aunque creciéramos, mientras estemos en esta carne, estamos en necesidad. Como nuestra carne en sí es débil, no podemos obedecer las leyes de Dios ni hacer su voluntad.

En el capítulo 15 de Ezequiel, Dios compara al pueblo de Israel con la madera de la vid. Pero ¿por qué fue que habiendo tantos tipos de maderas en el mundo, Dios nos compara a nosotros con la madera de la vid?

“¿Tomarán de ella madera para hacer alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella alguna cosa?” (Ezequiel 15:3).

La razón por la que Dios dijo esto, es porque la madera de la vid es inútil. Dios dijo que tal madera solo merece ser echada al fuego para ser consumida.
Aún estando en su mejor condición, la madera de la vid es echada al fuego para ser consumida, la Biblia dice: “sus dos extremos consumió el fuego, y la parte de en medio se quemó, ¿servirá para obra alguna?”

Dios también nos dice: “He aquí que cuando estaba entera no servía para obra alguna; ¿cuánto menos después que el fuego la hubiere consumido?” Esta es la manera en que Dios nos compara con la madera de la vid, solamente leña para el fuego.


ELÍAS Y LOS CIEN PROFETAS

En hebreos capítulo 5 dice: “Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados.”

Como el sacerdote era el mayor de entre todo el pueblo, nosotros podemos imaginarnos que era una persona perfecta, pero realmente no es así. La Biblia dice que como fue tomado de entre los hombres, también es débil igual que los demás.

Por eso, en la Escritura dice: “Para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad”.

Aunque el sacerdote tenía a su cargo la labor de llevar los pecados ante Dios, fue tomado de entre los hombres y está rodeado de debilidad. Por eso es que puede aceptar a los ignorantes y extraviados. Para Dios, nadie puede llegar a ser perfecto ni correcto. Nosotros somos como la madera de la vid quemada. Como estamos rodeados de debilidades, esto permite también a nosotros aceptar a los ignorantes y extraviados.

En el libro primera de Reyes capítulo 18, habla acerca de que cuando Jezabel (la esposa del rey Acab) mataba a los profetas de Jehová, el mayordomo Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas y los sustentó con pan y agua. (1Reyes 18:12,13).

Leyendo esta palabra pensé, “¿Cómo es que los profetas de Dios no lucharon contra Jezabel con fe, sino que se escondieron en una cueva apenas sobreviviendo de pan y agua?”

Al esconderse en la oscura cueva, los dejó vulnerables y dignos de lástima, menospreciando su dignidad cual profetas de Dios. Siendo así, ¿cómo era Elías?. Al principio, Elías parece confiar en Dios al luchar contra los profetas de Baal y de Asera.

Elías demostró al pueblo por medio del holocausto que Jehová era el Dios verdadero y no Baal, y luego también degolló a los profetas de Baal y de Asera en el arroyo de Cisón. Orando a Dios, también hizo descender una gran lluvia después de tres años y medio de sequía.

Elías no solamente demostró ser un hombre de fe sino también un profeta honorable. Pero esa imagen no era real, lo pudo hacer solamente porque recibió ese poder de Dios. Esto lo podemos ver muy claramente en 1 Reyes 19, cuando Elías escuchó que Jezabel planeaba matarlo, él viendo su situación se levantó y huyó para salvar su vida. Se escondió dentro de una cueva en el Monte Horeb.
Cuando Abdías escondió a cien profetas en la cueva, significaba que ellos querían proteger sus vidas. ¿Y cuál es la diferencia entre dichos profetas y Elías quien era un gran profeta de Dios, que se esconde para salvar su vida en la cueva del monte Horeb? Por medio de los profetas que recibieron la ayuda de Abdías para salvar sus vidas, y de Elías, quien buscó salvarse por su propia cuenta, podemos ver que todos tenían la misma naturaleza humana y la misma debilidad.


La única razón por la que Elías pudo realizar las obras de Dios era porque fue tomado por la mano de Dios. Es solamente por medio de la fe que una persona puede vencer sus limitaciones, ya que los seres humanos somos débiles por naturaleza.

Pero, ¿cómo estamos nosotros? Algunos de los pastores y hermanos parecieran tener fe, mientras que otros se parecen más a los cien profetas: débiles, sin fe, dignos de lástima y miserables. Sin embargo, no pensemos así.

Como todos somos débiles, dignos de lástima, infieles y malvados ante Dios, es por eso que necesitamos ser tomados por la mano de Dios, sólo de esa podremos hacer la obra de Dios. Por eso debemos reconocer lo débil y dignos de lástima que somos.


¡JEHOVÁ TE REPRENDA OH, SATANÁS!

Si es el caso, ¿significa que esto de ser débil, miserable, e inútil, llega a ser problema para Dios? No, no lo es. ¡De ninguna manera! El ser débil, miserable, e inútil no es problema.

Hay algo muy interesante en Zacarías capítulo 3:1. Dice que
el sacerdote Josué, estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás también estaba ahí, él estaba a su mano derecha para acusarle. Satanás,
¿Acaso no lo acusó de sus debilidades, defectos e inutilidades de Josué? En ese momento, Josué estaba vestido de vestiduras viles, y Satanás abiertamente acusaba a Josué que andaba con ropas viles.
Si usted está delante de Dios con ropas sucias, y Satanás le estuviera acusando de sus debilidades y defectos, ¿podría usted ir ante Dios en tal situación?, seguro que no, pero podemos leer en Zacarías 3:2 algo asombroso: “y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás...”

Fácilmente nos podríamos imaginar a nuestro Dios reprendiendo a Josué por sus vestiduras viles, pero Dios no reprendió a Josué sino a Satanás. Josué aunque vestía vestiduras viles, Dios reprendió a Satanás por acusar a Josué.

Pensando en lo que Dios hizo, mi corazón dice: “¡Ah, es así! Aunque Satanás nos acusa por nuestras debilidades, fallas y faltas, no es la voluntad de Dios que nos desanimemos por nuestras debilidades, ya que fuimos creados débiles y necesitados desde el principio”. Dios nos ve como a un niño porque aún estamos en la carne. Cuando el niño comete errores, nosotros reprendemos al guardián del niño. De igual manera, Dios no nos reprende por nuestras debilidades. Él no dice que nosotros seamos débiles, sino que es la ley la que es débil.
“Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia.” (Hebreos 7:18).

Nosotros, debemos descubrir la realidad de que Dios no nos castiga por nuestras debilidades y necesidades. Lo único que necesitamos es apoyarnos en Dios por medio de esas debilidades. Por eso, las debilidades y defectos nuestros no son un problema. El problema es que no dependemos de Dios.

Nosotros, que aún estamos vestidos de la carne, tenemos que descubrir nuestras debilidades y depender únicamente de Dios. Aunque tratáramos de cambiar esas debilidades para ser perfectos, por nosotros mismos, no es posible. No es llegando a ser perfectos que llegamos a poder servirle a Dios.

Ya sea que practiquemos o diligentemente intentemos cambiar nuestras debilidades, todavía no podríamos hacer la obra de Dios. Podremos ser débiles, mas si dependemos de Dios, Dios nos da la potestad. Josué vestía vestiduras viles, pero Dios no le reprendió a él. Cuando Josué se presentó ante Dios, las ropas viles le fueron quitadas y Dios mandó ponerle nuevas ropas.
Dios vistió a Josué con ropas de gala, no fue Josué mismo quien se vistió. También le puso una mitra limpia sobre su cabeza para que sirviera a Jehová.
Ya sea que tengamos muchas debilidades o defectos, si estamos ante Dios, Él nos vestirá de gracia.

Además, por medio de la gracia que recibimos, nuestras debilidades y defectos son tapados, y mediante ella también podemos servirle a Dios.


DOS TIPOS DE GUARDIANES

Si un niño padece de una indigestión o se ahoga con un dulce, o si se lastimara con algún objeto filoso, nosotros no reprendemos al niño por lo sucedido, sino al adulto que le cuidaba.

Nosotros somos como un niño ante nuestro Dios, necesitados y sujetos a la debilidad. Pero Dios no nos castiga por ello. Nosotros somos como los niños, por eso es que debemos vivir bajo la gracia de Dios. Solamente podremos vivir según la protección y la guía de Dios.

Nosotros tenemos dos guardianes en nuestras vidas. El primer guardián es la Ley, y el otro el Espíritu Santo. La Ley no nos ayuda, nos trata como adultos y nos exige una vida perfecta. En cambio, el Espíritu Santo nos cuida como lo hacen nuestros padres.


NOS PROTEGE Y NOS BRINDA SU GRACIA

La Ley nos trata como personas perfectas y continuamente nos condena haciéndonos pensar que podemos llevar una vida perfecta.
Pero el Espíritu Santo no nos pide llevar una vida de perfección.

Nosotros no podemos obedecer todas las leyes por causa de nuestra debilidad. Por eso, el Espíritu Santo nos ayuda a conocer el corazón de Dios para guiarnos a la voluntad de Dios.

Por eso, si practicando pudiéramos llevar una vida perfecta, no necesitaríamos la ayuda del Espíritu Santo y pensaríamos, “Ya soy perfecto. Todo lo que intento lo puedo hacer”. Pero la ayuda del Espíritu Santo en nuestras vidas es indispensable porque somos débiles y siempre seremos personas necesitadas.

Si nosotros nos desanimamos por nuestras debilidades, estamos siendo engañados por Satanás. Viendo la manera en que Dios reprendió a Satanás, pienso: “Ah, no debo desanimarme por mis defectos ni debilidades, o por las acusaciones de Satanás. Sólo debo recibir la gracia de Dios”.

Debemos levantar las rodillas paralizadas y presentarnos ante Dios. Nuestro Señor Jesucristo experimentó todas nuestras debilidades de manera que no nos rechazará. Definitivamente Él siempre nos recibirá y guiará de manera que le podamos servir.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park