Última Actualización: Enero de 2008

Perdón del pecado

El camino de la expiación


EL TABERNÁCULO

Desde ahora, compartiré como se lava nuestros pecados. “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos”. (Romanos 5:19).

Según la palabra, nosotros fuimos hechos pecadores no por nuestras transgresiones sino por la transgresión de Adán. Sin embargo, muchas personas piensan que fuimos hechos pecadores por nuestras transgresiones, y eso es un pensamiento equivocado.

Nosotros estuvimos en Adán, pues, cuando Adán murió por su pecado, nosotros también hemos muerto juntamente:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. (1 Corintios 15:22).

Somos descendientes de Adán, para Dios estamos muertos. Como el pez muerto es arrastrado conforme a la corriente del agua, nuestra vida también es arrastrada pues esta conquistada por el pecado. Todos los pensamientos que tenemos son formados debajo del pecado, como igual a poner un poco de veneno en una tinaja la cual queda completamente envenenada. Todos nuestros pensamientos son malos, son dignos del juicio. De tal manera, aunque somos dignos de la ira de Dios, Él ha preparado para nosotros el camino de la salvación.

En la época del Antiguo Testamento, después de haber salido de la tierra de Egipto, el pueblo fue a la tierra de Canaán. Entre Egipto y Canaán había un desierto.

Mientras el pueblo de Israel caminaba por el desierto, a veces cometía el pecado; en aquel tiempo Dios no podía menos que apartarse de Israel, pues Dios no podía habitar con los pecadores. En el desierto no había agua, ni alimento, ni lugar donde descansar; esto significa que si Dios, quien es el protector de ellos, se apartaba del pueblo, estos deberían morir.

Así que Moisés rogaba a Dios para que Dios perdonara las transgresiones y acompañara al pueblo de Israel: “Dios, no te apartes del pueblo; aunque borres mi nombre del libro de la vida eterna, perdónalos y acompáñalos”

Moisés pensaba que de esa manera podía convencerlo. Sin embargo, Dios no podía estar con los pecadores pues Dios es Santo y no puede habitar entre pecadores. Pero como Moisés no conocía la manera de hacer la expiación, solo insistía delante de Dios, nada más. En ese tiempo Dios no había enseñado como un hombre el cual cometió el pecado puede acercarse a Dios. Ese camino era el tabernáculo.

Cuando Dios les dio la ley, también les dio el tabernáculo, porque Dios sabia que el ser humano, violando la ley, cometería el pecado. El tabernáculo es el lugar de la reconciliación entre el hombre, que ha violado la ley, y Dios. Por lo tanto, en el tabernáculo se manifiesta exactamente la manera de hacer la expiación, de la cual proviene el tabernáculo.

Durante el tiempo que el pueblo de Israel vivía en el desierto, sus carpas, por estar cubiertas del polvo, estaban sucias.
En medio de las carpas se había puesto el tabernáculo que por fuera estaba hecho de lino torcido blanco. Si no hubieran estado las cortinas de lino torcido blanco, ellos no hubieran podido entender cuan sucias eran sus carpas.

Esto es semejante a la justicia de Dios que, cuando se manifiesta, nos hace entender que la justicia humana es igual a un trapo de inmundicia.

Este tabernáculo nos sugiere la condición perfecta para que Dios pueda morar en medio del pueblo de Israel el cual cometió el pecado. En el tabernáculo hay una puerta; al entrar por la puerta, se encuentra el altar del holocausto, el cual es hecho de madera de acacia; en sus cuatro esquinas están puestos los cuernos de bronce en los cuales esta escrito el pecado de Israel.

“El pecado de Judá escrito esta con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido esta en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares”. (Jeremías 17:1)

Si nosotros comiéramos a crédito, la deuda será escrita en nuestro corazón y en el libro de la tienda. De igual manera, el pecado esta escrito en la tabla de nuestro corazón, y en los cuernos del altar del holocausto, el cual viene a ser el libro de Dios.

Al pasar el altar del holocausto se encuentra la fuente de bronce, y luego esta el Santuario, el cual es una carpa que tiene un techo. El Santuario esta dividido en dos partes: una es el lugar santo y otra el lugar santísimo.

En el lugar santo están el candelero y la mesa del pan de la proposición, luego, el altar del incienso. Si se entra al lugar santísimo, abriendo el velo, allí se verá el arca del pacto, que es una caja donde se guardan las dos tablas de piedra en las que están escritos los diez mandamientos. A la tapa del arca le llamamos ‘propiciatorio’. Si viéramos la disposición de todos los utensilios del tabernáculo, podríamos entender que están ubicados como una cruz. Por eso, el tabernáculo muestra muy bien la imagen de Jesús.

En cada rincón del tabernáculo, esta bien mostrada la imagen de Jesucristo. En el tabernáculo trabajan los sacerdotes. El sacerdote es quien solucionando el pecado del hombre, lo hace acercar a Dios.


EL SACRIFICIO DE EXPIACIÓN QUE NO TIENE FIN

Desde ahora compartiré como el pueblo de Israel recibía el perdón del pecado cuando cometía el pecado. “Si alguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere...” (Levítico 4:27). Si una persona hubiera cometido el pecado sin darse cuenta contra alguno de los mandamientos en cosas que no se han de hacer, o si una persona no hubiera llegado a entender el pecado que cometió, finalmente deberá entenderlo: “...luego que conociere su pecado ...” (Levítico 4:28).

Así como hay un estado en que se tiene el pecado, también hay un estado en que se entiende el pecado. Es semejante al estado en que se tiene una enfermedad y al estado en que se entiende la enfermedad. Aunque se tenga una enfermedad no todos reciben la sanidad; solamente aquel que se da cuenta de su enfermedad puede querer ser sanado de su enfermedad.

El ser humano es defectuoso y esta cubierto de debilidades. Sin embargo piensa que sin apoyarse en Dios puede vivir solo. Este estado todavía no es el estado de conocer el pecado. Aun esta en el estado de Levítico 4:27, nada mas. Pero hay un tiempo en que puede conocer su pecado y llegar a entender exactamente que es digno de ira. Entonces, esa persona, ¿a donde va? Como la Biblia dice, va hacia las cabras sin defecto, hacia las ovejas sin defecto.

“Luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió”. (Levítico 4:28).

En la Biblia, el cordero sin defecto es símbolo de Jesús. Cualquier persona, cuando entiende realmente su propia forma, puede ir a Jesucristo. Pero, quien sea, sin tener el encuentro con Cristo, jamás puede ser libre del pecado. Los versículos 27 y 28 de Levítico, parecen muy sencillos, pero realmente son muy importantes.

Hay un estado en que se cometió el pecado, y un estado de conocer el pecado; luego, la persona que entiende que ha cometido el pecado, busca a Jesucristo. Entonces, cuando alguno del pueblo, después de cometer el pecado, llega a conocer su pecado, lleva un cordero al tabernáculo y le imponía las dos manos sobre su cabeza.

“Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación...” (Levítico 4:29).

¿Por que tenían que imponer la mano? Porque Dios lo había mandado. “Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya”. (Levítico 1:4).

Si se mata a la cabra sin imposición de las manos, no se perdona el pecado. Para el perdón, absolutamente, se debe pasar por un proceso: es la imposición de manos. Entonces será perdonado y aceptado. Cuando Jesús estaba en la tierra, a menudo imponía sus manos a los enfermos. El significado de poner las manos a la cabeza, la imposición de las manos, es ser uno tu y yo. Explicándolo sencillamente, es: lo tuyo es mío, y lo mío es tuyo.

Cuando el hombre que cometió el pecado pone sus manos sobre la cabeza del cordero, el cordero y este hombre serán uno. Entonces, el pecado de este hombre ¿de quien será? ¡Si!, será del cordero; por eso, el cordero debe morir, pues la paga del pecado es la muerte. Para que el pecado se lave, debe ser pagado por la paga del pecado, porque el único camino de la expiación es pagando la paga del pecado. Ahora este cordero cargó con el pecado en él. Dios ha mandado que se le degüelle después de la imposición de manos.

Así, el sacerdote después degüella al cordero, y poniendo su sangre en un utensilio, pinta los cuernos del altar del holocausto.

“Porque la vida de la carne en la sangre esta, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona”. (Levítico 17:11).

La sangre y la vida son una. Por tanto, el significado de que la sangre fue derramada, es que la vida fue ofrecida. Dios había mandado que se pintara los cuernos del altar del holocausto; esto quiere decir que la paga del pecado que esta escrito en los cuernos del altar, fue pagada.

La sangre ha lavado ese pecado. Ya Dios solo ve la sangre que esta pintada en los cuernos. Su pecado fue pagado, esta lavado. Ahora este hombre puede acercarse a la presencia de Dios. La sangre es salpicada a cinco lugares: primero a los cuatro cuernos del altar del holocausto, después, el resto, debajo del altar; por eso, debajo, la sangre corría como el agua de un río.

¿Que significa esto? La sangre que estaba pintada en los cuatro cuernos ha refrescado el corazón de Dios porque ha borrado el pecado que estaba escrito en el libro de Dios. Luego, el resto de la sangre ha sido derramada a la tierra para refrescar el corazón del hombre, para lavar el pecado escrito en el libro del corazón del hombre.

Así, la sangre derramada del cordero, fue salpicada a los cuernos del altar y a la tierra, para reconciliar a Dios con el hombre. El significado de la reconciliación no es solamente desatar un corazón sino ambos corazones. Aquella manera de ofrecer el sacrificio, hacía que solamente se perdone un pecado cometido.

Una vez, le pregunte a un anciano: “Anciano, ¿qué haría para poder expiar el pecado de esa manera?” El me respondió: “Si fuera así, yo debería tener una ganadería”.

Si debiéramos ofrecer el sacrificio de expiación cada vez que se cometiera el pecado, esa manera de sacrificio de expiación no tendría fin. Por eso, el pueblo de Israel ha ofrecido sin cesar, el sacrificio de expiación, porque Dios ha ordenado que así se lavaran sus pecados. Pero, este sacrificio no era la imagen misma del verdadero sacrificio de expiación. Dios, haciendo sacrificar de esta manera al pueblo de Israel, quería conducir sus corazones en una dirección. Por eso, Dios dio un segundo sacrificio de expiación: es el sacrificio de expiación por todo el pueblo que se ofrecía el día de la expiación, lo cual esta escrito en Levítico, capitulo 16.

EL SONIDO DE LAS CAMPANILLAS

Dios había dicho al pueblo de Israel, que se reuniera delante del tabernáculo y lavara aquel día el pecado que había cometido durante un año. Durante ese tiempo el sumo sacerdote servia en el sacrificio como el representante de todo el pueblo. Donde estaba reunido todo el pueblo, el sumo sacerdote ponía las manos sobre dos cabrios que habían sido preparados con anticipación. Este es el sacrificio con el cual se quiere expiar el pecado de todo el pueblo, realmente todo el pueblo debería poner sus manos en el cabrio, pero eso no se podía, por ese motivo es que el sumo sacerdote quien representando a todo el pueblo, pasa el pecado a los cabrios poniendo sus manos sobre ellos.

Primeramente, el sumo sacerdote ha ofrecido un becerro por su propio pecado; después, para todo el pueblo de Israel, ponía sus manos sobre las cabezas de los dos cabrios por medio de lo cual ha pasado el pecado de toda la congregación a los cabrios.

Uno de los dos cabrios era llamado ‘Azazel’, el cual era enviado a un lugar deshabitado. ¿Por que motivo se hacia esto? Porque, a la vista de los hombres, este cabrio llevaba sus pecados. ¿Qué sentirían cuando este cabrio desaparecía a los lejos? Sí, sentirían como si sus pecados se fueran lejos de ellos. Sí, se fueron lejos.

Luego, ese cabrio, en aquel lugar deshabitado, muere. El otro cabrio es matado por el sumo sacerdote, quien, luego, con su sangre, entra en el lugar santísimo, donde el sumo sacerdote puede entrar solamente una vez al año, en el día de la expiación.

En el lugar santísimo esta el arca del pacto donde se guarda la ley.

La ley pide dos cosas al hombre:

1. Cumplir toda la ley perfectamente.

2. Si no cumpliera toda la ley debe ofrecer su propia vida.

Nosotros debemos escoger una entre las dos cosas: Cumplir la ley u ofrecer la vida como la paga del pecado, pues Dios jamás puede aceptar el pecado y una de las características de su deidad es la santidad. En la ley, esta característica de la santidad de Dios esta incluida.

El ser humano no puede cumplir la ley por que ha nacido contaminado por el pecado; no puede menos que violar la ley. Así que el hombre debe pagar con su vida, lo cual es la paga del pecado. Por ese motivo, el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo con la sangre, la cual salpicaba siete veces sobre la tapa del arca del pacto, donde se guardaba la ley.

Este salpicar con la sangre por el sumo sacerdote es para pagar la paga del pecado del pueblo de Israel. Por lo tanto, si el sumo sacerdote, por algún yerro, no pudiera salpicar la sangre hasta la última vez, y muriera, no seria lavado el pecado del pueblo de Israel. Por eso, el pueblo de Israel, tenia gran curiosidad de que el sumo sacerdote salpicara bien la sangre, pero no podía saberlo porque fuera del lugar santísimo no se podía ver nada.

Y lo interesante es que en el vestido del sumo sacerdote estaban colocadas unas campanillas.

Cada vez que el sumo sacerdote se movía, las campanillas sonaban. Así, el pueblo fuera del tabernáculo, dependía de este sonido de las campanillas para saber lo que el sumo sacerdote estaba haciendo.

El sumo sacerdote salpicaba la sangre al propiciatorio y entonces sonaban las campanillas: “Tiririn...” Entonces el pueblo contaba: ‘una vez’, y si sonaba otra vez: “Tiririn...” volvía a contar diciendo: ‘segunda vez’ y después: ‘tercera vez’, etc. Así, si sonaba hasta siete veces, el pueblo se regocijaba en gran manera, porque por la sangre salpicada completamente, sus pecados fueron borrados.

El pueblo no podía ver con sus propios ojos como el sumo sacerdote salpicaba la sangre sobre el propiciatorio para lavar sus pecados. Sin embargo, por el sonido de las campanillas, podían escucharlo. Este sonido de las campanillas significa la palabra de Dios.

Nosotros, con nuestros ojos, no podemos ver la cruz; tampoco podemos subir al cielo directamente para confirmar como Jesús ha borrado nuestros pecados, pero hay una manera por la cual podemos saberlo: por la palabra de Dios, la cual, igual que el sonido de las campanillas, colocadas en el borde del vestido del sumo sacerdote, exactamente, testifica como Jesucristo había hecho el sacrificio.

Cuando el sumo sacerdote salía, después de haber acabado el sacrificio de la expiación, tocaba dos trompetas de plata; entonces, el pueblo de Israel se expresaba con una gran ovación pues había sido borrado el pecado que había cometido durante un año.

Sin embargo, había un problema: este sacrificio de expiación tampoco era una manera de expiación completa; no podía reconciliar al hombre con Dios, aun no podía tener la perfecta reconciliación porque el hombre volvía a cometer, otra vez, el pecado.

El motivo por el cual Dios nos había dado esta manera de expiación fue para mostrar los bienes venideros.

“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas...” (Hebreos 10:1).

La ley es una sombra que muestra una imagen de lo verdadero. Los niños, antes de ver un león en vivo, primeramente los ven en un libro de dibujos. Así, después de haberlo visto por medio de dibujos, cuando lo ven en vivo, en el momento de ver al león verdadero, fácilmente pueden identificarlo: “¡Es un león!”.

Así, como el libro de dibujos explica la verdadera imagen, Dios, en su corazón, tenia la verdadera expiación que borraba nuestros pecados. Para poder enseñar a los hombres, con ese propósito, Dios ha dado un modelo.

Los hombres por medio de ese modelo, ofreciendo el sacrificio, tenían este corazón: “Dios, el cabrio y la oveja no pueden lavarnos de nuestro pecado perfectamente, pero si viniera una mejor expiación, una mejor ofrenda, entonces nuestro pecado será lavado para siempre”.

Hasta la próxima.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park