Última Actualización: Enero de 2008

-Evangelización

Una cristiandad sin Cristo

Toda la historia de la humanidad se ha desarrollado bajo el engaño de Satanás para prevenir que resplandezca la luz de Cristo Jesús sobre el hombre pecador y sobre la voluntad de Dios por destruir la sutileza de Satán y salvar las almas perdidas. Repasemos el verdadero linaje de la salvación y la verdadera fe a través del testimonio de como John Wesley nació de nuevo, quien fue llevado cautivo por la mano de Dios que ha salvado una gran multitud de almas del pecado a través de todos los siglos.

En su infancia, John Wesley se consideraba a sí mismo como un cristiano. El creía que la salvación se recibía cuando uno guardaba todos los mandamientos de Dios, por esta razón así enseñaba. El basaba su teoría de ser salvo en los siguientes principios...

1. Él no era tan malo como los demás.
2. Era un hombre firme en su fe religiosa.
3. Leía la Biblia mucho, asistía regularmente a la iglesia, y oraba frecuentemente.

¡Qué triste! John Wesley reposaba su esperanza en estas ideas. ¿Y, que tal está usted? ¿Es usted mejor que él? ¿También usted se considera un poco mejor que los demás? ¿Se enorgullece usted de ser más religioso en comparación con otras personas? ¿Lee usted la Biblia frecuentemente, asiste a la iglesia regularmente, y ora como John Wesley lo hacía?

Sí, claro que todo es bueno: creer, orar, leer la Biblia, e ir a la iglesia, pero, ¿Dónde está el Cristo? ¿Dónde está su Salvador personal?

Si usted cree que usted tiene más esperanza sólo por ser mejor que los demás, es sobre sus buenas obras que su esperanza reposa. Francamente, ¿no es cierto que su Salvador sea su buena obra? Usted también está tratando recibir su salvación a través de sus buenas obras, igual que John Wesley. Todo depende de sus buenas obras.

Es cierto que John Wesley vivió una vida culta y altamente moral. A pesar que él no lo había llegado a entender en ése entonces, él no era una persona salva. También, es cierto que su fe religiosa era más profunda que la de los demás, pero aún no era un verdadero hijo de Dios. Claro, él leía la Biblia mucho más diligentemente, se congregaba más celosamente, y oraba con más sinceridad que muchos otros. Pero aún así, no conocía al Cristo personalmente. Usted puede vivir así también, pero, ¿No está usted al borde de un gran precipicio al vivir sin su salvación?

John Wesley creció. Como joven aún se proclamaba cristiano. Posteriormente negó esa declaración (tras nacer de nuevo), pero en aquel momento sí se consideraba ser un cristiano y no se avergonzaba de ello.

¿En qué tenía su esperanza, ya que estaba tan seguro? Oigámoslo del mismo John Wesley. Se llamaba a si mismo un Cristiano en el fundamento de que había vivido una vida muy piadosa y había realizado muchas buenas obras de acuerdo con su testimonio. Si fue así, ¿Cómo lo logró?

1. Leía la Biblia y se esforzaba por orar por una o dos horas diariamente.
2. Participaba de la Comunión semanalmente.
3. Siempre hablaba muy cautelosamente de manera que no cometiera ningunos errores.
4. Siempre oraba por la pureza de su hombre interior.

A pesar de todo esto, ¿no era salvo? Usted se sorprenderá. ¿Acaso hay alguno tan piadoso como él hoy en día? Estoy seguro de que aún muchos verdaderos cristianos nacidos de nuevo no podrían alcanzar el nivel de John Wesley con tanta devoción. ¿Cree usted que el pensamiento de una eterna condenación alguna vez pasara por la mente de él? Habiendo vivido de tal manera, ¿Cree usted que él pensara en sí mismo como uno que se dirigía rumbo al infierno?

Pero era una realidad para él en aquel momento. En todas las cuatro razones dadas por él como pruebas de su salvación, ¿Se mencionó a Cristo Jesús en alguna de ellas? No, sino que presentó su bondad, sus esfuerzos, sus oraciones y su pureza. Usted podría dedicar dos horas de tiempo devoción al diariamente, ir al servicio de la Comunión todas las semanas, vivir una vida sincera para llegar a ser una persona de excelente carácter, y ponerse una meta por vivir con pureza en su vida. Sin embargo, nada de esas cosas le pueden salvar. Simplemente no le podrán salvar de la eterna ira de Dios. A pesar que John Wesley hizo todas esas cosas, no pudo recibir su salvación. Sin importar cuanto usted se esfuerce, no podrá sino perecer igual que un ladrón o una prostituta.

Sin importar cuan lleno de santidad religiosa esté usted, sin tener el conocimiento de Jesucristo no puede haber salvación.

Pensemos por un momento sobre este conocimiento del Cristo. Todas las personas conocen a sus presidentes. Pero es totalmente diferente conocer al presidente siendo un ciudadano que siendo su esposa, sus hijos o su amigo. En cuanto al conocimiento de Jesucristo concierne, lo que nos lleva a la salvación es la relación posterior. El simple conocimiento de Cristo no le puede salvar. Usted necesita recibir al Cristo en su corazón. No es posible que usted reciba al Cristo sin conocer quién Él es. Sin confiar en Él, usted no lo puede recibir en su corazón. Así como usted no puede confiar en una persona antes de conocerla 100%, así tampoco puede usted recibir al Cristo sin tener un entero conocimiento de Él.

Las buenas obras no nos pueden salvar, ni siquiera las más excelentes obras. Wesley no pudo recibir su salvación a pesar de sus bondadosas obras. ¿A dónde le dejaría esto a usted?

Cuando avanzó en edad, decidió hacerse un siervo de Dios y estudió Teología Cristiana. Por favor piense en esto detenidamente. Él mismo no era una persona salva, pero se iba hacer pastor para salvar a otros. Bueno...ingresó a la prestigiosa Universidad de Oxford. Allí fue estudiante y sacó una maestría en Teología. Por supuesto, aún se creía ser un cristiano. Entonces, ¿Cómo confirmaba él su salvación?

1. Buscaba a los presos entre las cárceles, cuidaba de los pobres en los precarios, y confortaba a los enfermos. Hacía su mejor esfuerzo en cada uno de estas actividades.
2. Ayunaba cada miércoles y viernes.
3. Incansablemente velaba por no pecar.
4. Luchaba por negarse a sí mismo.

Por favor, píenselo. Su diligencia y fidelidad fácilmente son presumibles. ¿Cuantas personas tan diligentes como él habrán hoy en día? Hay muchos verdaderos cristianos renacidos que no son tan diligentes como él lo fue. ¿Alguna vez ha visitado usted una cárcel? Pero Wesley sí lo hacía regularmente. ¿Alguna vez ha buscado usted a los pobres y enfermos? Wesley sí, y hacía lo mejor posible en todo. Ayunaba dos veces a la semana. ¿Y usted? Luchaba por no pecar y trataba de practicar la negación personal de acuerdo con la Biblia. ¿Que tal usted?

Sin embargo, él no era una persona salva. ¿Puede usted encontrar a Cristo en algunas de las razones mencionadas en que él basaba su salvación? Solamente obras. Todo lo que se puede hallar son sus propias obras y méritos. ¡Es verdad! Él no podía entender que se dirigía hacia la eterna condenación a pesar de todos sus logros y méritos.

Entretanto, tras unos cuantos años, él enfermó y estaba a punto de su muerte. Aunque había realizado muchas buenas obras, Wesley no podía disfrutar de paz interior al estar ante las puertas de la muerte. Se sentía inaceptable ante Dios, y no tenía seguridad. Había trabajado arduamente y servido con todo su corazón, y aún, nada parecía ayudarle. Estando en su lecho de muerte, todo había sido en vano. En realidad nada le ofrecía ayuda alguna. No había consuelo ni algo en que pudiera reposar sus esperanzas.

Amados lectores, ¿a dónde está usted? Estoy seguro de que ninguno se podría halagar de ser tan bueno como Wesley. Muchos años después, Wesley testificó de que de ninguna manera era salvo en aquellos momentos.

Si así fue con Wesley, ¿acaso habría diferencia en cuanto a usted? Si él se había engañado a sí mismo al vivir en tal falsa esperanza, ¿acaso será usted mejor que él? Si son sus propias obras las que cuentan en su corazón o su débil bondad, usted no es diferente y no tiene nada que ver con la salvación. Si usted tuviera que dejar este mundo, lo que le espera es la eterna condenación y la ira de Dios. Usted no es un cristiano. Por fin Wesley terminó el curso entero en la Universidad de Oxford y fue ordenado un clérigo. Decidió ser misionero de manera que dejó Inglaterra y se embarcó hacia los Estados Unidos Norteamericanos para predicar el evangelio a los indígenas Americanos.

Mientras cruzaba el Océano Atlántico, en medio de un largo y tedioso viaje, Wesley no dejó descansar a su corazón en lo que a su práctica religiosa concernía. Hasta se hizo de un horario al que se apegó durante todo su viaje. Su horario era el siguiente:

Meditación y Oración

Lectura Bíblica

Reunión de la Oración

Escudriñar la Biblia

Testificar

¿Ha visto usted a alguien tan diligente como él en medio de un viaje velero? No dedicó ni siquiera un minuto en los placeres populares tales como los deportes o la recreación.

Él dedicaba todo su tiempo a cumplir con sus creencias. Ha de haber sufrido mucho de la tormenta y las olas a bordo del pequeño velero, pero él le había dedicado sus tres meses de navegación enteramente a Dios.

¿Quién no se detendría con mucha admiración ante tal vehemencia de Wesley? ¿Quién hoy en día se aproximaría por lo menos a la mitad de lo Wesley fue? Él no era salvo, a pesar de todo. Él se graduó de la prestigiosa Universidad de Oxford con un título en Teología. Pero no sólo eso, sino que tenía todo lo necesario para ir a un viaje misionero a extranjeros de otros idiomas y otras culturas. Uno no hubiera podido encontrar a otra persona tan fiel y sincera en toda la tierra de Inglaterra. Llegó a ser el clero de la Iglesia Protestante Episcopal; sin embargo, no era un cristiano nacido de nuevo. Llegó a ser el pastor de la iglesia pero él mismo no conocía al Cristo.

¿Qué tal usted? Si Wesley aún permanecía fuera de la salvación cual alma perdida, ¿Cuál es la realidad suya? Si Wesley, quién había sido tan fiel en asistir a la iglesia con tanta devoción, no pudo salir de la oscuridad, ¿cual sería la verdadera condición suya, siendo que usted no se podría comparar con el conocimiento y la conducta virtuosa de John Wesley?

La religión fue una carga muy pesada para John Wesley. Aunque él era pastor, la Cristiandad era un yugo sin escape en su pensar. Ciertamente no fue un yugo puesto sobre él con otras intenciones. Era un yugo inseparable que uno no podía evitar cuando concernía la salvación, la vida eterna. ¿Pero, cómo podría haber gozo bajo tal yugo? Ni para que mencionar la comodidad.

Pero aún testificaba y predicaba, bautizaba e impartía los cultos de Comunión. No podría haber sido más fiel. Pero no tenía seguridad de su salvación. No había de la paz que viene por la seguridad, la certeza del perdón de pecados en su corazón. ¿Qué tal ustedes, queridos amigos?

El hermano suyo, Charles Wesley, también estaba con él. Iban rumbo a predicarle el evangelio a los gentiles alegando ser misioneros con tal propósito, pero en realidad cruzaban el Océano Atlántico en un esfuerzo por trabajar para salvar sus propias almas. En otras palabras, vivían como misioneros con la intención de salvar sus propias almas por medio de su diligencia. ¡Que tragedia!

De manera que la testificación, su predicación, sus sacrificios, ardua labor, oración, y etc. -¿Para que eran todas ellas? No era sino un mero esfuerzo por salvar sus almas. Definitivamente no era para hacer volver las almas perdidas a Jesucristo para experimentar el gozo y la paz de la salvación, sino solamente para salvar sus propias almas. ¡Ambos pastores estaban predicando y testificando no por haber sido salvos, sino para salvar sus frustradas, atormentadas, y ansiosas almas!

Es posible para personas no salvas hacerse pastores o misioneros. Ellos también pueden llegar a ser estudiantes de Teología. Hay quienes no son salvos pero son pastores, misioneros y estudiantes que han estudiado teología por décadas. Estas almas aún vagan patéticamente en la oscuridad a pesar de sus doctorados, títulos y elegantes vestiduras.

Un hombre normal podría soportar una tortura que va fuera de nuestra imaginación, limpiarse de todos sus pecados, y ser alabado por muchos por su vida devoción al, religiosa, pero su alma podría no haber conocido al Cristo y por ende estar completamente ajeno del gozo y de la paz de ser salvo. Siendo así, ¿que tal usted? Sinceramente le pregunto, “¿Qué tal está su alma?”

Wesley temía la muerte. No podía negar el temor a la muerte. Si verdaderamente hubiera sido cristiano no hubiera temido la muerte. El temor a la muerte. Usted puede medir el estado de su alma por medio de esto. Exijo la atención a este mensaje de cualquiera que teme la muerte.

Entre los pasajeros a bordo de su embarcación, estaban unos miembros de la Iglesia Morava. Se trataba de un grupo Cristiano sentado alrededor del conde Zizendorf, un Moravo. Wesley se dio cuenta de que no había temor hacia la muerte en los corazones de estos Moravos. Wesley se hallaba a sí mismo en agonía e incertidumbre cada vez que la nave parecía que se partiría en medio de las violentas tormentas. Pero Wesley notaba que los moravos permanecían tranquilos y en paz.

Oigamos de parte de Wesley al respecto,

“Asistí a la reunión Morava a las 7 en punto. Los había estado observando por mucho tiempo, pero no podía negar la impregnación de inusual profundidad que tenían de santidad en sus vidas cotidianas. Eran humildes. Esta estable virtud de humildad se evidenciaba a través de su trabajo voluntario en todos los trabajos sucios a favor de los pasajeros. Ninguno de los hombres ingleses movían un dedo por tales trabajos.

Al preguntárseles por qué lo hacían, simplemente respondían, “Le hará bueno a mi orgulloso corazón. Nuestro amante Señor hizo mucho más que esto.” Ellos eran geniales. Yo me frustraba y perdía mi temperamento varias veces al día, pero ellos eran muy gentiles. Aunque otros los empujaban y los hacían caer golpeándoles, ellos no discutían sino que calladamente se levantaban y continuaban con su labor. No escuché ni una sola palabra de queja ni descontento salir de su boca. Y después de asistir a una de sus reuniones descubrí una verdad más. Ellos no tenían temor (miedo).

Ellos no se jactaban, no aparentaban, no perdían su temperamento, ni se rebelaban rigurosamente. No sólo esto sino que no tenían temor. Mientras ellos empezaron su culto y cantaban las alabanzas, las altas olas entraban rápidamente al barco en medio de las tormentas. El mástil principal del velero fue destrozado y se cayó. En un abrir y cerrar de ojos, el barco se llenó de agua, y el agua corría hacia la cubierta. La oscuridad abismal parecía habernos tragado para siempre. Todo era un caos total y agonía con los ingleses en la cabina. Pero los Cristianos Moravos continuaban cantando silenciosamente los himnos. Yo entonces tomé a uno de ellos y le pregunté, “¿No tienes miedo?” -“Para nada. Más bien estoy agradecido con Dios.”, me respondió. “¿Y qué tal las mujeres y los niños?” -“¡Por supuesto que no! ¡Aunque somos mujeres no tenemos temor!”

Esto era algo que Wesley no podía comprender y que nunca antes había escuchado. Por fin, llegó a encontrarse con verdaderos cristianos.

Era su primer encuentro con personas nacidas de nuevo, salvas y que conocían la verdad. Sus vidas y actitudes espirituales eran muy diferentes comparadas con la suya. Ellos eran humildes, gentiles, y muy Cristianos. Ni perdían sus temperamentos ni se enojaban. Y no tenían temor. No había tal cosa como el temor a la muerte. Bajo cualquier circunstancia permanecían calmados y mantenían la serenidad. La paz de Dios verdaderamente estaba en control de sus vidas. En medio de las aterrorizantes tormentas y a punto del naufragio, ellos no se turbaron sino que continuamente alababan a Dios. Para Wesley no había manera posible de entender esta realidad ante sus ojos, por cuanto nunca había experimentado algo así.

Queridos amigos, ¿Qué tal usted? ¿Está usted ajeno a este tipo de experiencia? ¿Está usted también admirado de tal evidencia? ¿O testifica usted a Cristo en su vida cotidiana como lo hacían los Cristianos Moravos? ¿Es Cristo Jesús su salvador personal?

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park