Última Actualización: Enero de 2008

-Crecimiento

Preguntas sobre el evangelio


1. QUÉ SUCEDE CUANDO PECAMOS
DESPUÉS DE HABER NACIDO DE NUEVO

Aunque sea muy común decir que “todo nuestro pecado ha sido perdonado”, las personas que no conocen el evangelio, no entienden esta idea. Sin embargo, si esta idea no es entendida correctamente, no es posible profundizar en el evangelio. De ahí la importancia de tratar este asunto con mucha seriedad. La gente sabe que todo su pecado ha sido perdonado por medio de Jesús, pero le surgen algunas preguntas, como por ejemplo: “¿Qué pasa cuando uno peca después de haber nacido de nuevo? ¿Podemos pecar libremente?” Dios es muy diferente al hombre. Para Dios, no hay tiempo ni espacio, mil años es como un día para Dios. No hay diferencia entre hoy y mañana.

Según la Biblia han pasado 6 mil años desde la creación de Adán hasta el día de hoy, pero para Dios todo es presente. Hubieron muchos pecados cometidos desde Adán hasta la muerte de Jesús, sin embargo, para cancelarlos, fue suficiente un sólo sacrificio efectuado en un sólo día.

Dios dijo: “Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin.” (Apocalipsis 1:8) Dios ve la totalidad de las cosas, no sólo una parte. Él ve el nacimiento y la muerte como dos acontecimientos en un mismo tiempo. Así es Dios. Algunos creen que Dios perdona el pecado, pero se preguntan: “¿Qué se hace con el pecado cometido después de haber nacido de nuevo? ¿Deberíamos solucionar esto por medio del esfuerzo humano?” Esa teoría es muy humana y además subestima a Dios. Dios es ilimitado.

Cuando Dios veía a Abraham, Él ya sabía que sus descendientes iban a ser tan numerosos como la arena del mar. Dios no pasó por alto los 400 años de penurias que pasaron los israelitas en Egipto. Él también estuvo allí cuando pasaron el Mar Rojo para llegar a Canaán. Para Abraham estos acontecimientos sucederían en el futuro, pero por la fe, él los veía en el presente. David glorificó al crucificado Señor Jesucristo mil años antes de que esto sucediera. Por fe él vio esto, aún sin haber Jesucristo nacido sobre esta Tierra. Ante los ojos de Dios, el pecado de David fue redimido en la cruz, aun cuando éste existió 1.000 años antes de tal acontecimiento. Dios es eterno. Dios es infinito.
Jesús ya sabía que Pedro lo negaría cuando esto aún no había sucedido. Jesús previno a Pedro pero él no le creyó. Jesús previno el asunto de su captura y muerte al decir: “... y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Por eso, no me sorprende la realidad de que Dios conozca toda mi vida, ni me es sorpresa alguna que Jesucristo haya cargado con todo mi pecado, aún el pecado cometido, después de haber nacido de nuevo.

Si Jesús no hubiera redimido el pecado que yo cometiera después de haber nacido de nuevo, su obra no habría sido completa. Hubiera sido igual que la función del macho cabrío de Levítico 16:21. Pero la ofrenda de Jesucristo fue muy diferente a la de ese macho cabrío, porque Jesucristo murió una vez y la efectividad fue para siempre.

En Levítico 4:27-31, se nos habla sobre una cabra sin defecto que cargaba el pecado de cada persona. El sacerdote debía hacer muchas cosas con la sangre de la cabra para que el pecado fuera perdonado. Jesús cargó todo nuestro pecado para siempre, entonces ya no es necesaria la muerte de una cabra, o de un macho cabrío.

Recordemos las últimas palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Consumado es”. Esa frase implica que no queda trabajo pendiente, no tenemos que hacer nada. Vemos que la solución de todo nuestro pecado se llevó acabo en la frase: “Consumado es”. Si él no hubiera redimido todo nuestro pecado, aún el que cometeríamos después de haber nacido de nuevo, no habría dicho: “Consumado es”. Si Jesús hubiera redimido solamente el pecado de la gente de las épocas previas a su crucifixión, entonces las personas que hubieran llegado a creer en Él durante estos últimos 2 mil años no hubieran tenido parte en esa Redención.

La redención del Señor es completa, la sangre derramada en la cruz redime el pecado pasado, presente y futuro. Cuando el Señor ve nuestro pecado, él lo ve en su totalidad, incluyendo el pecado cometido después de haber nacido de nuevo. Si el Señor Jesús hubiera cargado solamente con el pecado cometido hasta el día de hoy, todas las personas que nacieran de nuevo a partir de mañana quedarían excluidas. Pensar que Jesús solamente cargara nuestros pecados cometidos antes de que creyéramos es ilógico y anti-bíblico. ¿Por qué es eterno el poder de la sangre preciosa? Lo es porque Él cargó todo el pecado del hombre para siempre, sin dejar nada. Debemos creer en el Dios que es el Alfa y la Omega. Si el poder de la cruz hubiera sido limitado, habría sido necesario que “otro Jesús” muriera para redimir el resto del pecado del hombre. En Hebreos 10:18 dice: “... no hay más ofrenda por el pecado”. Esta frase revela que todos nuestros pecados ya han sido limpiados.

En la palabra de Dios dice que la justicia de Dios es eterna. Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre. Si alguien creyera hoy mismo en la justificación por medio de la cruz, se regocijaría porque todo su pecado ha sido ya perdonado. El sacrificio que Jesús hizo fue suficiente, porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:14). De manera que alabamos al Señor porque podemos entrar en su Reino.

Mucha gente dice que está muy agradecida porque Jesús murió por sus pecados, sin embargo, ellos piden perdón todos los días. Ellos no se dan cuenta del poder del Señor a través de la cruz. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1)

Si yo pecara después de haber nacido de nuevo, no por esto tiene Jesús que morir otra vez. Lo único que necesito es declarar que Jesucristo murió por mí. Jesucristo ya solucionó completamente nuestro problema del pecado. Por esta razón, algunas personas dicen que: “Después de haber cometido pecado, no es necesario arrepentirse”. Esta persona no sabe qué significa el arrepentimiento. Según la Biblia, no era necesario el arrepentimiento para ser perdonado del pecado sino que “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23)

De acuerdo a esta Ley de Dios, Jesús cargó todo nuestro pecado al morir y aunque yo cometa transgresiones después de haber nacido de nuevo, Jesús no tiene que volver a morir. Porque Él ya pagó el precio del pecado. Cuando la relación de un cristiano nacido de nuevo que entiende perfectamente la enseñanza de la cruz se ve entorpecida por un pecado, él debería confesarlo a Dios para recuperar la relación. Pero no es necesario arrepentirse para ser perdonado nuevamente. Se trata de un problema de comunión con Dios en el corazón de uno justificado y cuyo corazón es más blanco que la nieve.
En 1 Corintios capitulo 5, aparece un caso de inmoralidad donde un hermano tiene la mujer de su padre. El apóstol Pablo ordenó a la iglesia que lo expulsara, en 1 Corintios 5:5 dice: “... el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”.

La Biblia dice: “que si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres”. Esa carne será pisoteada por Dios con el castigo correspondiente. Pero el espíritu será salvo en el Día del Señor, es decir, en la segunda venida de Cristo. El propósito de la expulsión de ese hermano era para que la iglesia no se corrompiera. Así, ése hermano recibió el castigo de Dios, pero no perdió la salvación.

El poder de Dios es inmenso y solo el corazón del hombre lo puede limitar. Dios ve al mundo en su totalidad de principio a fin, él ve nuestra vida desde el nacimiento hasta la muerte. Él redimió todo nuestro pecado por medio de nuestro Señor Jesucristo. Dios es eterno. Por eso cargó todo nuestro pecado y pagó por el pecado con un sacrificio eterno. Él quiere mostrar su justicia eterna y desea vivir con nosotros eternamente. Para Dios el pecado es igual de ayer, hoy y mañana, ahora o antes de morir. Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Él perdonó mi pecado cometido antes de nacer de nuevo y después de haber nacido de nuevo.


2. ENTONCES, ¿SE PUEDEN COMETER
LOS PECADOS QUE QUERAMOS?

La gente cree que hacer cosas buenas o malas depende de su decisión. El hombre no quiere ser homicida ni adúltero, pero tampoco puede evitarlo. El pecado sale del hombre, él es sólo un instrumento. Primero, el pecado domina el corazón del hombre, después viene la tentación y finalmente al hombre no le queda más que pecar. Es imposible pecar o dejar de pecar por nuestra voluntad. Ya sea cometer o no cometer el pecado, lo que realmente importa es que Él ya nos redimió. La salvación no tiene nada que ver con nuestra obra.
En la palabra de Dios dice: “La verdad os hará libres”. Eso significa libertad absoluta del pecado.
Esa es la obra de nuestro Señor Jesucristo. Si alguien entiende el evangelio y pensara: “Ahora soy libre y puedo cometer los pecados que quiera”. Está muy equivocado. Sí, podemos decir que, aunque cometamos pecados, Dios ya nos redimió perfectamente; pero no podemos decir que no habrá ningún problema cuando cometamos pecado.

Estamos muy agradecidos con la obra redentora de Jesucristo. Por esa razón es que queremos seguirle, estar en su voluntad y ya no queremos vivir más en los deseos de nuestra carne. Aunque quisiéramos vivir bajo nuestra voluntad, Dios no nos lo permite, y nos disciplina con azote. Si yo no entendiera el evangelio simplemente iría al infierno. Dios no tendría necesidad de castigarme aquí en la tierra. Pero si la persona es hijo de Dios, Dios lo corrige y no le permite llevar una vida cristiana de libertinaje.

En 2 Samuel 7:14,15 dice: “Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti”.

El rey David, es el reflejo de un hijo de Dios por la fe en la época de la Gracia. Y Saúl es un reflejo de una persona que está bajo la ley. Cuando el hombre estaba bajo la ley, cada pecado debía ser pagado. Además, Dios daba y quitaba el Espíritu Santo. Pero, en la época de la Gracia, aunque un hijo cometa errores, Dios no le quita el Espíritu Santo ni su misericordia. Si como hijo de Dios deshonra a su Padre, Él lo castiga con vara y azote para restablecer la relación de Padre a hijo.

Entonces, ¿si él cometiera pecados deliberadamente, qué pasaría? Dios castiga a sus hijos con toda la autoridad de Padre. En Hebreos 12:6 dice: “porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”.

En Hebreos 12:9 dice: “Por otra parte tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban y los venerábamos, ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?”.

Si vivimos en libertinaje, sin duda Dios va a castigarnos a su manera. El castigo es para corregir y no para pagar por el pecado. La paga del pecado ya se saldó en la cruz. La cruz es para pasar de ser pecador a justo, el castigo es solamente para enmendar nuestro camino. El pecador, aunque viviera una vida muy íntegra, seguirá siendo pecador. Por otro lado, los justos no podemos pecar deliberadamente porque un día tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo Jesús.

En 2 de Corintios 5:10 dice: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.

En el tribunal de Cristo, cada persona salva recibirá una corona incorruptible o será avergonzada y sufrirá pérdida. Lo normal sería que un cristiano dedique su vida al Señor en agradecimiento por su amor. Pero si no fuera así y viviera por los deseos de la carne, él va a ser juzgado, pero de ninguna manera irá al infierno, porque el Señor ya perdonó todo su pecado para siempre.Si no existiera la eterna redención del pecado, no podríamos tener la certeza de la vida eterna. De otra manera tendríamos que vivir con mucha inseguridad.

En Daniel 9:24 dice: “... para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable”.

En Romanos 1:17 dice: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe”. La verdad de que nuestro pecado haya quedado blanco como la nieve, no depende de nosotros, sino de Dios. La justicia de Dios no puede ser manchada.

En Salmos 119:142 dice: “Tu justicia es justicia eterna”. La purificación del pecado dura para siempre. Si la justicia de Dios hubiera podido ser quebrantada por la obra humana, Dios no nos la hubiera dado como un regalo.

En el libro de Hebreos 10:11 dice: “ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismo sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados”; Los sacrificios del Antiguo Testamento no podían redimir perfectamente.

Y Hebreos 9:14 dice: ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios...” La purificación del pecado es inmutable.
En Juan 1:29 dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” Al decir el pecado del mundo esto no implica solamente las iniquidades cometidas hasta el día de hoy. El pecado del mundo implica todos los pecados cometidos mientras que el hombre viva. Dios trasciende el tiempo y el espacio, incluyendo así nuestro pecado en su totalidad. No hay excepción, pero algunos piensan que Jesús solamente perdonó el “pecado original”.

Deberíamos librarnos del prejuicio de que Jesucristo solamente cargó el pecado hasta hoy. El pensamiento de nuestro Señor es diferente del pensamiento humano. La pesada carga que nuestro Señor Jesucristo llevó, incluyó todos nuestros pecados, entonces verdaderamente así podemos descansar, aunque tengamos muchos defectos, y a pesar de que vivimos en este mundo, podemos decir que somos santos. Si alguien entiende el evangelio, no puede pensar en pecar deliberadamente.


3. YO ENTIENDO LA PALABRA DE DIOS,
PERO ME SIENTO INQUIETO

Cuando escuchamos el testimonio de algunos hermanos, vemos que algunos de ellos se expresan muy bien, porque después de nacer de nuevo la persona se siente tan liviana, que siente que no toca el suelo cuando camina. Esto no sucedería con una persona que no ha nacido de nuevo. Cuando una persona escucha éstos testimonios y aún no ha nacido de nuevo, cree que va a ocurrir lo mismo con él. Llega a tener más interés en poder sentir lo que escuchó de otros hermanos, que en el perdón del pecado ante Dios.

Después de escuchar el evangelio mucha gente espera una experiencia extraña, un gozo extremado, entonces, si no tiene ninguna de esas experiencias, salta la duda de si ha nacido de nuevo o no y se siente inquieto. La sangre preciosa del Señor no fue derramada solamente para darnos gozo o para poder dejar el cigarrillo u otro vicio. Es importante entender que la sangre del Señor fue derramada para perdonar el pecado, aunque no experimentemos ninguna emoción o sentimiento extraño.

Después de entender el evangelio, aunque haya experimentado tristeza o un corazón indiferente, lo más importante es haber recibido el perdón del pecado. Pero algunas personas solamente se preocupan por algún cambio o emoción sin considerar importante el hecho de que el pecado ha sido redimido. Entonces, algunos se preguntan: “¿Por qué yo no siento el mismo gozo ni me siento como si anduviera volando sobre las nubes como fulano tal?” Esto es la emoción. Si se tiene este tipo de emoción, está bien. Pero si no la hay, no importa. El nivel de la emoción no nos indica la verdad de ser salvos o no. La palabra de Dios es lo que indica si somos salvos o no.

Una persona no puede decir: “Soy salvo porque me siento gozoso”, pero sí se puede decir que aunque no desborde de alegría, se es salvo porque la sangre preciosa lo limpió perfectamente. Esa es una idea más bíblica que la anterior. Cuando oímos el evangelio y lo recibimos por fe, somos sellados con el Espíritu Santo. Nuestro único gozo proviene de la esperanza Celestial, de la verdad de haber sido justificado por el Señor, de manera que no más puedo ser condenado, y que si muriera ahora mismo, puedo ir al cielo. Otras ideas que puedan llegar son parte de la emoción.

Una persona redimida tiene esperanza y cualquier persona puede ser partícipe de este gozo. El nivel de gozo depende del carácter de cada persona. Algunas personas experimentan un gozo muy grande, pero otras no. De modo que no se debe depender de las emociones, sino simplemente de haber recibido el perdón del pecado. Ya sea expresivo o frío, no importa como sea el corazón. Lo más importante es recibir el mensaje de que su negro pecado, ha sido emblanquecido como la nieve. Cuando una persona entiende el evangelio piensa: “¡Qué fácil que era el evangelio! Yo pensaba que la salvación era muy difícil.” Satanás hace que la gente piense que el evangelio es muy complicado, para que nadie le ponga atención a ese asunto.

Un día, una hermana de la iglesia estaba esperando el bus en una parada. Ella estaba apoyada en un árbol, cuando se dio cuenta que había aplastado un gusano. Para ella fue muy asqueroso. Cuando regresó a su casa, inmediatamente se lavó muy bien las manos. Aunque se había lavado muy bien, todavía sentía la sensación de que tenía el gusano en la mano. Entonces ella pensó: “me siento sucia, aunque ya me lavé bien”. Con este ejemplo, ella se dio cuenta de que cualquiera que fuera su condición lo más importante era, que Jesús había perdonado su pecado totalmente y que había quedado tan blanco como la nieve.

Por ejemplo, si a un niño le ponemos ropa limpia, él puede volver a ensuciarse, pero cuando Jesús lava nuestro pecado, su obra es perfecta. Si alguien todavía tiene duda de estar limpio es porque menosprecia la sangre del Señor. En lo único que debemos creer es en la obra perfecta del Señor. No debemos confiar en nuestras emociones ni debemos demandar señales. Si alguna persona dice que tiene pecado pero al mismo tiempo dice que es justo, se está contradiciendo. Si una persona no tiene pecado, es justo. Si se dice lo contrario, es porque no ha entendido bien el evangelio y se cree aún pecador. La gente piensa que una persona justa, es la que nunca comete pecados. La gente no duda que Jesús era justo, pero piensa: “Yo cometo pecados, ¿cómo puedo decir que yo soy justo?”

Hay 2 tipos de justos. Primero, se puede ser justo si una persona cumple toda la Ley de Moisés. En el segundo caso, se trata de un pecador que es redimido perfectamente, y así es justo por la Gracia de Dios. En el primer caso, a pesar que alguno llegara a cumplir con todo lo que la Ley dice, esa persona no tiene nada que ver con la fe verdadera, pero en realidad, nadie puede lograr cumplir la Ley a cabalidad. En Romanos 3:10 dice: “Como está escrito: No hay justo ni aun uno”.

Sin embargo, del segundo caso (justicia por la fe) tenemos muchos ejemplos en la Biblia. En Romanos 5:19 dice: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”.
En el segundo caso de la justificación, la actitud del hombre no cuenta, porque cada día está cambiando de manera de pensar y de vivir.
Satanás ha engañado a la gente para que no crea en la palabra de Dios, haciéndole pensar que no puede ser justo a pesar de que Dios estableció que se puede ser justo por la fe. Por eso las personas que no conocen el evangelio dicen que son pecadores. La iglesia pregona que es pecadora y los pastores dicen que ellos también son pecadores. La gente cree que si sus líderes dicen eso, es porque son humildes.

En 1 Timoteo 1:13 dice: “... habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor, e injuriador, mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.”
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En 1 Timoteo 1:16, Pablo dice que por esta razón, él fue recibido a misericordia y que él fue el primero de todos los que habrían de creer.

Esto no significa que el apóstol Pablo sea pecador en el presente ante Dios. El significado de ser un justo, es ser una persona que ha sido cubierta por la sangre del Cordero. En la escritura china, la palabra “justicia” se escribe poniendo un hombre debajo de una oveja. Justo significa estar bajo un Cordero. El justo es justo no por sí mismo, sino porque está cubierto por el Cordero totalmente. Si una persona es redimida correctamente, esa persona es justa. Satanás siempre nos hace dudar para que no tengamos la seguridad de la salvación. Si alguna persona siente presión por decir la palabra “justo”, es una idea muy humana. Si el hombre no se despoja de su propio pensamiento, y no es como un niño ante Dios, no puede aprovechar el poder del evangelio.

Cuando alguna persona dice ser justo y todavía tiene codicia en su corazón, ella se pregunta, “¿Cómo es que siendo justo, todavía tengo los deseos de la carne?”. Dios nos redimió perfectamente, espiritualmente, lo cual no significa que Dios nos hiciera perfectos en la carne. Si nosotros nos hiciéramos perfectos en la carne cuando entendemos el evangelio, no nos apoyaríamos en el poder del Señor para vivir nuestra vida.

La salvación nos reconcilia con Dios para que Él ande con nosotros para siempre. Cuando nos reconciliamos con Dios, podemos vivir una vida transformada por la fe. Pero eso no significa que nos hacemos perfectos, por esa razón es que necesitamos la ayuda del Señor. Seguimos siendo débiles y tenemos la posibilidad de pecar, por eso necesitamos apoyarnos en el Señor.
Noé era un hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo. Pero él era justo por la fe, no por su obra. Después de pasar el diluvio, él mostró su debilidad cuando estaba desnudo y embriagado en su tienda. Pero, como él andaba con Dios, era un hombre de fe y perfecto. Aunque una persona nacida de nuevo tenga codicia en su interior, él no puede ser pecador. Eso es un deseo de la carne. Si una persona está reconciliada con Dios, va a llegar a tener los deseos del Espíritu Santo y va a producir los frutos de Dios.

Aún después de entender el evangelio, los deseos de la carne se quedan, pero si andamos con el Señor podemos llegar a producir los frutos de Dios. Una persona puede ser salva y tener avaricia, pero un pecador no puede tener los deseos del Espíritu Santo, por eso comete pecados. A las personas después de haber nacido de nuevo les quedan algunas inquietudes como por ejemplo: “Si hace solamente un poco de tiempo yo tenía tanto pecado, ¿Cómo es que quedé sin ni siquiera un grano de pecado? ¿Cómo se limpió todo tan fácilmente y de una sola vez?”.

El hombre es imperfecto y comete errores. Si fuera el hombre quien redimiera el pecado, esta redención sería imperfecta. Pero si una persona cree que es Dios quien redime su pecado, el pecado no puede quedar en él, ni una pizca de pecado. Dios es Perfecto. Por eso podemos decir con mucha seguridad que somos perfectamente redimidos, porque Él nos limpió. Toda carga de pecado desapareció de una sola vez para siempre. Nuestro pecado no es que ha sido redimido poco a poco.

En San Mateo 17:20 dice: “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.”

Aunque el pecado sea como el monte, y la fe sea como un grano de mostaza, la fe hace que el pecado desaparezca. Por eso podemos decir, sin problema que somos justificados.


¿ES CORRECTO DECIR QUE HAY IGLESIAS EQUIVOCADAS?

Entonces, ¿en qué es que algunas iglesias están equivocadas? Esa pregunta es muy común entre las personas que acaban de nacer de nuevo, y se debería tener una respuesta clara. Por supuesto, no tenemos que pensar en una iglesia específica o en ciertas denominaciones. Simplemente debemos fijarnos en la iglesia que describe la Biblia. Menciono esto para que la gente tenga una correcta perspectiva sobre el tema. La iglesia es una reunión de justos. Generalmente, existe la idea de que la iglesia es un templo y que los cristianos son las personas que asisten a una iglesia. Pero la Biblia no dice así.

Aunque la gente se reúna en un templo con biblias e himnarios, si no han nacido de nuevo, bíblicamente esto no puede ser una iglesia. Una iglesia no es una iglesia sólo porque reúne a mucha gente. Aunque usted haya asistido muchos años al templo, si usted no ha nacido de nuevo, usted no ha asistido a una iglesia todos estos años. Posiblemente más del 90 por ciento de las personas que han asistido con usted tampoco han nacido de nuevo, por lo tanto no han entendido el evangelio. Los frutos muestran la condición del árbol. Los frutos de nuestra vida espiritual muestran nuestra condición espiritual.

Antes de entender el evangelio, usted iba al templo pero después de haber nacido de nuevo, usted debe ir a una verdadera iglesia de acuerdo al perfil Bíblico. Lo importante no es estar yendo a un templo, sino llegar a ser miembro de una iglesia de Cristo. ¿Cuál es la diferencia entre una iglesia y un grupo religioso? En un grupo religioso se trabaja mucho, le dan culto a Dios con el propósito de recibir la salvación, o sea deben hacer cosas para obtener la salvación.

En cambio en una verdadera iglesia es diferente. Los miembros de la iglesia adoran a Dios por el agradecimiento que tienen por su salvación. Aparentemente el culto es igual pero la dirección es diferente.

El culto religioso es para obtener la salvación y el culto de los justos es para agradecer la salvación.

Aunque usted le haya dado culto a Dios, antes de nacer de nuevo es religiosidad. Religiosidad no es la vida de los hijos de Dios. Usted no debería dejarse llevar por el concepto que tienen la mayoría de lo que es una iglesia. demás Jesús dijo que entraríamos por la puerta estrecha. Muchas iglesias tienen un carácter religioso. No es fácil encontrar una iglesia que esté de acuerdo a los conceptos que la Biblia enseña. Usted debería pensar prudentemente. ¿Cómo va a seguir a nuestro Señor Jesús, por costumbre, por sentimiento, o por la palabra de Dios? Debería escoger entre 2 situaciones: la Biblia en una mano y una religión llamada cristianismo en la otra. No escoja denominaciones, escoja una iglesia que sea como la Biblia lo dice.

¡Los religiosos no van al cielo, solamente los salvos van al cielo! La palabra de Dios nos puede hacer saber cuál es la iglesia verdadera.

En San Mateo 7:21-23 dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: Nunca os conocí. Apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Cuando leemos este pasaje podemos entender que aunque ellos profetizaban, echaban fuera demonios, o hicieron muchos milagros, ellos solamente eran religiosos. Tomando en cuenta su vida espiritual, usted nunca hubiera imaginado pensar que ellos terminarían así, en el infierno, ¿verdad? Por eso tenemos que entender que el motivo de esto, es porque ellos eran personas religiosas, como lo dije anteriormente.

La iglesia es una reunión de personas que han sido justificadas, por medio de la obra del Señor Jesús, por la fe, y donde hay libertad y descanso. Cuando una persona conoce el evangelio y recibe enseñanza en la iglesia, va a tener crecimiento espiritual, va a poder anunciar valientemente el evangelio, va a hablar sobre lo que es la iglesia. Ése es el llamado de los cristianos: anunciar la verdad.
No estoy diciendo que todas las iglesias estén equivocadas pero hay algunas en las que, aunque se reúne mucha gente, no se predica el evangelio, la salvación y el nacer de nuevo. Por otra parte, aunque solamente se reúnan dos o tres personas nacidas de nuevo en el nombre del Señor, eso sí es una iglesia.

En 1 Corintios 1:2 dice: “... a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”.

La iglesia es el cuerpo de Cristo. La cabeza es Jesucristo, y Él es santo, por lo tanto su cuerpo es santo. Pero supongamos que Jesús es la cabeza y que su cuerpo fuera constituido por pecadores. Esto sería ridículo ante Dios. En esta época, si un grupo de salvos se reúne en un lugar que no tiene apariencia de templo, ni rotulación adecuada, la gente piensa que ese grupo es una secta.

Satanás engaña a la gente con el ambiente del mundo. Aunque los justificados se reunieran en una cueva, eso es una iglesia, es el cuerpo del Señor. Sin embargo, aunque mucha gente se reúna en un templo grande, lleno de coros numerosos, pero si no han nacido de nuevo, eso no es iglesia. El Señor les dirá a ellos: “nunca os conocí”.

Entonces, ¿Es incorrecto decir que hay iglesias que están equivocadas? La perspectiva de Dios y la del hombre natural en cuanto a lo que es la Iglesia son diferentes. Así es que una persona prudente que sabe qué es la iglesia de acuerdo a la palabra de Dios, busca y después de encontrarla se queda sirviendo en ella. En el tiempo de Jesucristo habían judíos fervientes que adoraban a Dios, pero a su manera. Jesús hacía notar que estaban en lo incorrecto, sin embargo, no hizo nada por cambiar su organización religiosa. Jesús estaba fuera del Judaísmo y su labor era organizar a la gente que obedecía la palabra de Dios.

La obra de la salvación cobró más fuerza después del día de Pentecostés. Fue en ese momento que se inició la historia de la iglesia. Aunque algunos, después de escuchar el evangelio, regresaron al judaísmo, otros se quedaron en la iglesia, sin embargo se esforzaban por cumplir la ley de Moisés, solamente por costumbre. Pablo edificaba las iglesias enfocando la libertad respecto a la ley de Moisés y el evangelio de la gracia, por medio de sus cartas.
En estos tiempos, las iglesias se parecen mucho a las de aquellos tiempos, porque no le dan énfasis a que la salvación se recibe por la justicia de Dios, como un regalo. Otra vez la gente se reúne por costumbre en el nombre del Señor como en el tiempo del judaísmo.

La palabra de Dios dice que la persona que ha entendido el evangelio y recibido la gracia de Dios se debería apartar de toda organización y lugar donde sólo quedan las tradiciones y costumbres.

En 2 Corintios 6:17 dice: “Por lo cual, salid de en medio de ellos y apartaos...”
En San Mateo 9:16 dice: “...nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo.”

En San Mateo 9:17 dice: “... pero echan el vino nuevo en odres nuevos ...”

El vestido viejo sigue siendo ropa pero no sirve porque está muy gastado. La iglesia de ahora sigue siendo iglesia, pero si no hay vida en su interior, ella no sirve. El Señor dice que salgan y que se aparten de ese lugar. Esto significa que hay otro lugar.

Una iglesia como la Biblia enseña, donde los santificados se reúnen en comunión. Si en la iglesia en que usted se congrega no se predica sobre la salvación, usted debería salir de ése lugar e ir donde escuchó el evangelio. No importa la denominación, la iglesia verdadera es donde se predica el evangelio. Además si usted empieza a evangelizar verdaderamente a donde no hay vida, inmediatamente va a ser rechazado.

En San Juan 9 se habla sobre un ciego de nacimiento que fue expulsado del Judaísmo. En aquel momento Jesús lo encontró. Aunque los padres del ciego vieron el poder del Señor, ellos no podían reconocerlo en público por miedo a ser expulsados del Judaísmo. El evangelio verdadero no puede andar de la mano con un evangelio falso. La luz no puede mezclarse con las tinieblas. No juzgue a las iglesias por lo que ha aprendido o por la experiencia en el mundo. Si la gente tomara como parámetro la iglesia de la que habla la Biblia, no tendrían ninguna duda sobre cuáles iglesias están en lo correcto y cuáles no.

Así como el cerdo después de bañarse vuelve al cieno y el perro vuelve a su vómito, así también, si una persona vuelve a las costumbres del viejo hombre, debería darse cuenta de que su actitud es ignorante. La palabra de Dios llega a nuestro corazón, en el momento que nos despojamos de nuestro propio pensamiento.


LA PALABRA DE DIOS LLEGA A UN CORAZÓN QUEBRANTADO

El hombre tiene su propio pensamiento, por eso los prejuicios son diferentes en cada persona. Cada persona se rige por reglas que vienen de su propia experiencia y el conocimiento de la vida. Por eso la gente cree que nada, ni nadie, podría entrar en su interior y que nadie conoce sus debilidades y sus puntos fuertes, mejor que ellos. Cuando la palabra de Dios llega a este tipo de persona, ¿cómo reaccionaría?

Cuando un hombre natural escucha que la sangre preciosa del Señor limpió el pecado de toda la gente del mundo y que él quedó tan blanco como la nieve, le cuesta creerlo y piensa que todavía tiene pecado. Aunque Jesucristo se ofreció a sí mismo ante Dios, el hombre sigue pensando que es pecador. La gente se preocupa solamente por sus debilidades.

Dios y el hombre tienen una perspectiva diferente de lo que es un pecador. La gente piensa que es un pecador porque continúa haciendo cosas malas. Pero Dios, a pesar de eso, lo considera justo porque Él lo limpió totalmente. Usted debería escoger entre negar su propio pensamiento que le dice que es pecador, o fijar su mirada en la palabra de Dios que le dice que es justo.

La salvación es cuando la gente puede lograr dejar de creer que es pecador y recibe la palabra de Dios que dice que es justo. Mucha gente piensa que Dios no nos redimió perfectamente y se preocupa por no cometer pecados. Alguna gente cree que ahora puede ser mejor cada día y por eso es atado por este pensamiento, de que podría llegar a ser buena gente. Al final el hombre niega que el Señor lo hubiera redimido y sigue esperando un cambio en su persona.
Este tipo de pensamiento rechaza el evangelio. Por eso primero se debe despojar de su propio pensamiento para recibir la palabra de Dios y que ella pueda penetrar en nuestro corazón. En el segundo libro de los Reyes, capítulo 5 aparece la historia de Naamán. Él era un general del ejército de Siria, pero era leproso. Él fue a Israel para ser sanado por Eliseo. Naamán pensaba que Eliseo saldría a su encuentro inmediatamente, y que puesto en pie invocaría el nombre de Jehová su Dios.

Pensaba que alzaría su mano, tocaría la parte enferma y le sanaría la lepra. Cuando llegó a Israel, Eliseo ni siquiera salió a recibirlo sino que envió a su criado que le dijo: “Vé, y lávate 7 veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio”. Una vez dicho esto el criado se fue. Naamán se enojó porque lo que le mandó a decir Eliseo no estaba de acuerdo con lo que él pensaba que sucedería. Por esa razón dijo, “Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?”.

Naamán estaba a punto de regresar, pero sus criados lo convencieron de que hiciera lo dicho por el criado. Cuando Naamán se despojó de sí mismo pudo ser limpio en el río Jordán. Si Naamán hubiera recibido la palabra de Dios desde el principio, se habría curado fácilmente.

Sin embargo, su propio pensamiento intervino, por eso él iba a regresar a su país aún con la lepra. Pero cuando él desechó su propio pensamiento y obedeció a la Palabra de Dios pudo experimentar la sanidad divina. Ante la palabra de Dios, debemos despojarnos de nuestra experiencia, pensamiento y conocimiento. A veces cuando un líder cristiano ora al Señor dice, “Yo soy el más pecador de los pecadores, soy hijo de maldición.”

En su propio pensamiento él cree ser muy humilde, pero en realidad está menospreciando la obra del Señor. Para él, la sangre de Jesucristo no tiene ninguna eficacia. Si alguien da mérito a la muerte de Jesucristo y a la palabra de Dios, puede confesar valientemente ser: “justo”.

En 2 Tesalonicenses 1:8 dice: “...en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo.”
Nosotros tenemos que entender que la persona que va a la perdición, es decir, el infierno, no es el delincuente ni el malhechor, sino son los desobedientes a la palabra de Dios que proclama claramente la eterna redención de todos nuestros pecados, dejándolos más blancos que la nieve. Este es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

No aceptar los méritos de Jesucristo y lo que Él hizo en la cruz es rechazar su Obra. Creer ser pecador por su manera de pensar, lo llevará a recibir la pena de destrucción.

En Números 21:8 dice: “Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre una asta, y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”
Si la palabra de Dios hubiera dicho, “... toque la serpiente y vivirá...” Entonces, cuando la gente la tocara habría sido salva, pero no fue así. Es muy extraño que la gente algunas veces no cree en la palabra de Dios. A veces la gente se pregunta: “¿Esta iglesia será una secta?”, a pesar de que la palabra que se predica es correcta y muy bien explicada en esa iglesia.

Lo que ocurre es que la enseñanza no concuerda con todo lo aprendido anteriormente. De ahí nace la duda y en estos casos es muy difícil que la palabra de Dios llegue a ellos. Aunque no crean en lo que el pastor les dice, ¡deberían creer en la Palabra de Dios! Antes de juzgar si una iglesia es verdadera y si el pastor es recto doctrinalmente, primero se debe abrir el corazón para escuchar la palabra de Dios. Para considerar si una iglesia es correcta o no, usted debe hacerlo en base a la Biblia.

En el libro de los Hechos 17:11 dice: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”.

Después de recibir la palabra de Dios, se debe meditar en ella y por consiguiente creerla.

Si un pastor predica lo que la Biblia dice, su iglesia es como dice la Biblia. Lo que es bíblico se debe aceptar. Una persona debe deshacerse de su prejuicio y de su propio pensamiento ante la palabra de Dios. Hoy en día muchas personas van tras una denominación.

Uno tiene que entender que la denominación no puede ser parámetro de la verdad.

Es importante que esa denominación tenga el evangelio. Si no tiene el evangelio ese grupo va a ser destruido por Dios. Si una persona mide su vida espiritual en base a su experiencia en la vida, solamente va a escuchar la palabra de Dios por costumbre. Ante la palabra de Dios debería caer el prejuicio denominacional, de propios pensamientos y hasta de su propia experiencia.
La palabra de Dios dice: “Lávate 7 veces en el río Jordán”, “...cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”, y en Isaías 44:22 dice: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”.

Si una persona recibe el evangelio nítidamente, el tal podrá ser sanado perfectamente de su pecado. Si mira podrá vivir, si cree podrá ser redimido totalmente. Pero, si alguna persona tiene confianza en su experiencia humana, esa persona no se puede zambullir, ni mirar, ni creer.

Si alguna persona reconoce que su iglesia tiene buena palabra de Dios y que explican bien la palabra de Dios, puede seguir su vida espiritual con un corazón dispuesto.

Por otro lado, hay algunas personas que dicen: “Ah, tienen buenas enseñanzas” pero como no calzan con su experiencia pasada y lo que había estudiado en su denominación anterior, juzgan usando su propio pensamiento.

Entonces, esas personas terminan evaluando a la iglesia de la siguiente manera: “En esta iglesia, no hay coro,” “No hay buenos asientos”, “El pastor es muy joven,” y “El templo queda en un segundo piso, ¡Qué informalidad!”.

Esta es una actitud muy ignorante, porque ¿en qué parte de la Biblia dice que se tienen que tener grupos de coros? Todos seremos un coro ante Dios. En la Biblia tampoco se puede encontrar la descripción de cómo deben ser los asientos en la iglesia. ¡En el tiempo antiguo, se reunían en casas, plazas, o cuevas!

Para poder recibir la palabra de Dios, primero hay que despojarse de sí mismo, y dejar sus propias normas. Una vez que hayamos sido despojados de nuestro propio pensamiento, podemos ser justificados al creer la palabra de Dios que dice que, “... con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:14), y así poder estar siempre gozosos por haber sido santificados para siempre.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park