Última Actualización: Enero de 2008

-Crecimiento

No sabemos nada de nosotros


HERMANO, REALMENTE NO TE CONOCES

Durante la crisis del FMI, los dueños de restaurantes invirtieron miles de dólares instalando negocios; sin embargo, muchos de ellos cayeron en banca rota o fracasaron. Hay un programa de t.v que investiga las razones por las cuales fracasa un negocio y tratan de encontrar una solución. Por ejemplo un buen cocinero con mucha experiencia, va a probar la comida en algún restaurante, revisa la implementación de la cocina y observa como el dueño trata a sus clientes, y luego es capaz de saber si va a fracasar o no. Esta persona señala los problemas que existen y después de hacer las mejoras necesarias el negocio empieza a caminar mejor. Por eso este programa de t.v es tan famoso o popular.

El error más común que señala el cocinero es que los dueños de los restaurantes confían en que su comida es buena. Además piensan que la causa de su fracaso es por la crisis del FMI o por la inflación económica. En realidad, el fracaso se debe a: la comida es mala; el servicio es terrible (sin sonrisas afectuosas para estimular el apetito); y los dueños realmente no saben lo que les está pasando debido a su propia arrogancia. Invierten miles de dólares abriendo restaurantes, y aunque ellos mismos los administran no entienden su condición. Ellos creen que la inflación es la razón del fracaso en su negocio.

Si los dueños consideraran estos factores: ‘tal vez la comida no es buena en nuestro restaurante, así que debemos pensar en como mejorar el sabor’;

‘no sonrío lo suficiente ante mis clientes; y tal vez los clientes no vienen porque el servicio es pobre’. Sin embargo no dan cabida a estos pensamientos; o no consideran estos factores como la causa de su fracaso, este tipo de personas están a punto de ir a la ruina ya que nunca se toman el tiempo para auto examinarse.

En muchos casos, las personas que tienen condiciones espirituales parecidas a la de los dueños de los restaurantes, no se conocen realmente a ellos mismos. En una ocasión, un hermano vino a nuestra casa ya avanzada la tarde sin avisarnos. Me pidió que lo aceptara en la escuela misionera. Este hermano y yo habíamos vivido una vida de fe juntos durante muchos años. De manera que yo sabía la clase de persona que era. Cuando él dijo “yo quiero ir a la escuela misionera”, le dije “no estas listo para ello”. Entonces le recomendé mejorar algunos de sus errores.

Durante algunos cultos de adoración, este hermano actuaba como una silla. Como una silla daría su testimonio o compartiría lo que él había conocido de la palabra. En este momento, a menudo sentimos que el culto se había puesto muy serio.

En algunas oportunidades cuando este hermano daba su testimonio, yo tenía que interrumpirle diciéndole “hermano no hable acerca de lo que hizo la vez pasada, reciba la guía del Señor y hable de algo refrescante”. Este hermano también es líder de las reuniones en las casas y predica la palabra durante los servicios que se llevan a cabo en las diferentes casas de los miembros. Sin embargo los hermanos y hermanas se aburren y no entienden sus sermones.

Aun en la iglesia nadie aprecia sus testimonios o la palabra que él predica, su boca sólo pronuncia palabrería repetida de conocimiento acumulado.
Un hermano suyo asiste a nuestra iglesia y opina lo mismo. Eso no significa que no lo aprecie como su hermano carnal, es solamente que espiritualmente no esta de acuerdo con él o no lo motiva.

Este hermano tampoco se socializa bien o se relaciona bien con otros hermanos. Los otros se reúnen informalmente y 5 o 6 de ellos comparten amistosamente o visitan gente, pero él siempre esta solo en alguna parte. Por eso le dije: “hermano usted no se socializa con otros; siempre anda solo en lo suyo, por ejemplo, llega a conclusiones por su propio juicio mientras que lee y estudia la Biblia solo y no compartiendo con otros, el metal es afilado contra metal, así que la iluminación no viene de usted mismo, comprenda; su arrogancia es lo que lo hace creer que usted hace todo bien, aunque su corazón está ensoberbecido, usted no se da cuenta".
Entonces el hermano respondió: “lo que usted dice puede ser cierto, pero Dios puede cambiar mi corazón, y entonces el me refrescará, por eso quiero ser entrenado en la escuela misionera” El pastor le señaló sus errores y le advertí que su actitud, no puede cambiar de la noche a la mañana parecía que había aceptado lo que le dije y con un corazón abierto. Esa situación es parecida a la de mucha gente que viviendo una vida de fe descubre que no conoce su estado espiritual como creen.


¿POR QUÉ ES USTED TAN TESTARUDO?

Mientras manejaba había un camión delante de mí que iba sumamente despacio, aunque no se podía rayar en la carretera, le adelante, de repente vi, una patrulla que venía de frente “oh no, ahora si estoy en problemas”. Como la policía me vio adelantando al camión, no pude evadir la responsabilidad. El oficial me pidió la licencia de conducir, así que se la di de inmediato, y se la llevó a su auto.
Pensé que iba a regresar con las boletas después de ponerme una multa por violar la ley, pero como no regresaba y no regresaba, decidí ir. Él estaba en su computadora haciendo una especie de investigación, creo que tenía la curiosidad de saber quien era yo.

Como no me había hecho la boleta aún, yo quería pedirle que me disculpara la falta. Así que le dije: “iba apurado y lo adelanté, ¿no podría usted darme una oportunidad?”. El oficial me dijo, “¿qué hace usted?” “¿Porqué es tan testarudo?” “Si usted hubiera tenido esta actitud desde un principio yo lo habría dejado ir” continuo regañándome”.

Todo lo que yo podía decirle era que lo sentía mucho y que me disculpara. Un rato después, yo ya venia con mi licencia de conducir y con todas aquellas palabras sonando en mi cabeza “¿qué hace usted?” “¿Por qué es tan testarudo?”. Nunca me consideré una persona testaruda, pero al oficial si le parecí testarudo y arrogante. No sabía que tan lleno de orgullo y soberbia estaba yo; necesitado sin saberlo; Que tonto no me daba cuenta que el hombre es insensato por naturaleza.

En Lucas capítulo 13 se habla de la parábola de la higuera. Antes de que Jesús nos contara esa parábola él había regañado a los judíos. Menciona a aquellos 18 que fueron aplastados cuando cayó la torre de Siloé. Mientras construían la torre 18 personas murieron. La gente de Jerusalén pensó que habían muerto porque su pecado era grande ante Dios, consecutivamente ellos creían estar limpios y rectos ante Dios.

Jesús reveló esos pensamientos “¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitaban en Jerusalén Os digo: no; antes si no os arrepentís todos perecerán igualmente”. (Lucas 13:4,5).

Después de esto, Jesús le dijo a la gente de Jerusalén lo de la parábola de la higuera y les reprendió; “cierto hombre que tenía un árbol de higuera sembrado, buscó fruto por todo el árbol durante 3 años y nunca encontró nada, así que le dijo al cuidador que lo cortara de su viñedo. Le respondió al dueño: señor, déjalo un año más para abrir una zanja a su alrededor y fertilizarlo. Si da fruto bien, y si no entonces lo cortamos”. Por eso fue que el dueño le dio un año más de vida.

La única razón por la que la higuera permaneció un año más fue porque el cuidador le pidió al dueño que lo hiciera así, no permaneció en el viñedo porque daba fruto. Las vidas de los que habitan en Jerusalén tampoco se extendieron porque sus vidas fueran perfectas y rectas; sino porque estaban lejos de la torre de Siloé. Eso significa que Dios les permitió vivir más para que tuvieran la oportunidad de arrepentirse.

En Lucas 16:15 dice: “vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres”. Los escribas y los fariseos creían que eran rectos ante los ojos de los hombres. Pensaban que nunca sus pensamientos o sus creencias podían estar erróneos. Jesús los vio como hipócritas y falsos creyentes. Nunca pensaron que ellos fueran hipócritas o hacedores del mal en contra de los mandamientos de Dios, quedando como pecadores delante de él. Podemos ver la insensatez de los escribas y fariseos porque no se conocían a ellos mismos.

En Lucas capítulo 18 se relata la historia de un dignatario. Viene a Jesús y le dice “todo esto lo he guardado desde mi juventud”; creyendo que ya no necesitaba nada más. Sin embargo, Jesús sabía lo que necesitaba desde el momento que lo vio “aun té falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres... ”
Este dignatario fue olvidado por Dios y destinado a morir, sin embargo, él no sabía la clase de persona que era. Por eso cuando fue a Jesús se presentó como un hombre correcto diciendo “todo esto lo he guardado desde mi juventud”. Realmente no se conocía a él mismo.

De manera similar, en la iglesia muchos santos tratan de vivir una vida de fe sin conocer su arrogancia, insensatez y necesidad que tienen. Cuando alguien no se da cuenta la clase de persona que es, es imposible aprender acerca de la humildad para corregir todo lo incorrecto de su manera de ser y recibir la gracia de Dios. No se puede salir adelante aún invirtiendo cientos y mies de dólares en un negocio. Si no se pregunta antes ¿por qué no funciona este restaurante? ¿Cuál es el problema?.

Aunque se busque ayuda para señalar el problema, es difícil aceptar los errores. La decisión sólo se toma cuando hay desesperación, o cuando se cree que el problema te come los huesos. Cuando se seca la sangre en una persona es cuando se mira retrospectivamente. Así es como reaccionamos en cosas de la vida secular y en crisis espirituales ¿es posible vernos a nosotros mismos y ser humildes, fácilmente como sentarnos a cenar?.


DESCUBRIENDO EL LIBRO DE LA LEY

Si pudiéramos vernos a nosotros mismos nos daría mucha amargura ver la realidad. Esto le paso al rey Josías en 2da de reyes capitulo 22. Josías se convirtió en rey a los 8 años de edad. La escritura alaba al rey por lo siguiente: “he hizo lo correcto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda”.

Cuando tenía 18 años de reinar Josías tenía el corazón para reparar la casa del señor. Recogió dinero y lo dio a los carpinteros, constructores y albañiles. Sin embargo, mientras la casa destruida del señor se reparaba, se descubrió el libro de la ley. Entonces, el sacerdote principal leyó este libro al rey Josías. Cuando el rey escuchó las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestiduras. “Porque tu corazón se enterneció y te humillaste delante de Jehová; cuando viste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores que vendrían a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová” (2 reyes 22:19).

Aun después de reinar 18 años, el rey nunca se encontró haciendo ninguna maldad; nunca tuvo que humillarse ni arrepentirse de lo vivido. Sin embargo en la casa del Señor se habían hecho utensilios para los dioses, una estatua para Asera se levanto, se celebraban rituales satánicos, y se idolatraban otros dioses en altares para todo el ejército de los cielos.

Sin embargo, Josías nunca pensó que esto era malo. Esto disgustó al Señor porque iba en contra de las leyes de Dios; sin embargo, Josías vivía su vida sin darse cuenta de esto. Entonces, cuando el libro de la ley se descubrió, se dio cuenta de que todo esto estaba mal. En este momento si lloró con amargura. Mientras Josías no ignoraba lo que hacía, adoraba al Señor con un corazón íntegro. Pero cuando se vio a él mismo y a su reino con relación a la palabra se sintió muy mal y se dio cuenta de la situación abominable. La estatua de Asera se había levantado en la casa del Señor, rituales paganos de gente pervertida se llevaban a cabo, se levantaban altares para adorar a otros dioses. Lo más ridículo de todo es que la gente de Judea no se daba cuenta de lo malo que hacían.

Hoy, los corazones de muchos cristianos están llenos de dioses falsos y de ídolos, juntamente con sus altares para adorarles. Sin embargo, ellos sí saben lo que hacen y están contentos solo con su salvación y sabiendo que Dios está con ellos, se vuelven arrogantes sin planes de cambiar. La gente lleva una vida llena de dignatario de orgullo solo porque no pueden verse a ellos mismos. Si tan solo pudieran reconocer su gran error, viéndose ellos mismos a través de la palabra de Dios, entonces se humillarían y se arrepentirían. Tantas y tantas personas están atrapadas dentro de ellas mismas y piensan que hacen lo correcto.

Sin saber o conocer sus propios problemas, vagamente piensan esto: “la gente tiene muchas fallas, la gente es insensata y está llena de debilidades”. Este tipo de gente no saben ni humillarse ni recibir la gracia de Dios. Si no nos damos cuenta de que estamos necesitados, viviremos una vida de fe “tibia”.

Pero cuando la gente se mira a si mismo a través de los ojos de la palabra, rasgan sus corazones, cuando se dan cuenta realmente de quienes son, entonces se apartan de los ídolos de sus mentes y se reforman y elevan su nivel espiritual. Es allí, cuando encontramos el gozo al señor como santos, viviendo una vida de fe de otra manera. Eliminaremos toda clase de ídolos en nuestros corazones.

 

 

 

 

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del Pastor Ock Soo Park